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Colaboración versus Cambio Climático

Aunque la Tierra no entienda de gases de efecto invernadero, su creciente acumulación la calentará de tal modo que terminarán por desaparecer todos los seres vivos. Solo mediante la colaboración entre humanos de todo el planeta existe una mínima posibilidad de evitar dicha coyuntura.

El primer paso debería consistir en iniciar una transición energética equilibrada para satisfacer las necesidades básicas. En ese sentido, los países ricos cuentan con sectores expertos en transición energética y ofrecen incentivos interesantes, pero los países en vías de desarrollo no cuentan con ellos y los obstáculos a los que se enfrentan son casi insalvables. Desafortunadamente, son los que más emiten y los que más sufren y sufrirán los efectos del cambio climático. Las naciones ricas deberían financiar infraestructuras que no favoreciesen la acumulación de gases de efecto invernadero en dichos países. Se lo deben, porque los han esquilmado durante siglos. No obstante, el principal problema es el capitalismo, cuyas ansias de desarrollo económico han terminado por imponerse en todo el planeta.

En cuanto a la colaboración internacional, los sectores más necesitados son nuestros descendientes y los ciudadanos desfavorecidos de países ricos y pobres. Las políticas a seguir deberían ser las que resolviesen con rapidez los compromisos más acuciantes, pues todo retraso exasperará los problemas de los más perjudicados y entorpecerá otras obligaciones.

Dicha cooperación debería partir de deliberaciones en las que participasen políticos representativos para establecer negociaciones en las que todo el mundo se sintiese incluido y elaborar exigencias justas y razonables que pudiesen aplicarse en todos los países. Única forma, posiblemente, de frenar la oposición de los poderosos.

Las negociaciones deberían establecerse en un foro global, donde participasen representantes de todas las naciones, culturas, futuros habitantes del planeta y desfavorecidos del mundo rico y pobre, y se deberían llevar a cabo  en fases sucesivas.

En un primer momento, tendrían que participar expertos en clima y energía, representantes de países en vías de desarrollo y economistas. Su objetivo sería limitar el calentamiento del planeta y plantearse el decrecimiento como opción al capitalismo.

A continuación, cada país estudiaría las opciones elaboradas y se incorporaría gente en situación precaria y con opiniones opuestas y expertos en reducción energética, presupuestos y programas sociales. Tendría que quedar muy claro cómo mejorar la situación de los desfavorecidos, controlar las ayudas de los países ricos y qué sacrificios cabría hacer.

Finalmente, se tendría que establecer una opción global satisfactoria. Indudablemente, no habría consenso al principio, pero podría llegar articulando una opción aceptable para la mayoría e intentar convencer mediante el diálogo a quienes se opusiesen. Incluso los fracasos anteriores podrían servir de experiencia positiva.

Se trataría de tender un puente entre el ideal ético y la compleja realidad para favorecer debates reales y negociaciones exitosas evitando infringir las normas ya convenidas.

Para amortiguar la incomprensión mutua, debería invitarse a hablar a quienes considerasen intolerables las cargas, defender posturas que destacasen lo prioritario para la vida humana, respetar las demandas de todos los representantes y apoyarse conjuntamente para asumir las dificultades.

Las reuniones deberían tener lugar regularmente y cada acuerdo servir de base para reuniones posteriores, así como reconsiderar planteamientos y ajustes, porque los científicos seguirán haciendo descubrimientos climáticos y los ingenieros avances tecnológicos, las catástrofes globales acelerarán la transición, las innovaciones agrícolas reducirán las emisiones, los métodos de captura y almacenamiento de carbono serán más viables, los experimentos sociales conllevarán modificaciones políticas y se abordarán los problemas mejor, las economías de países en desarrollo aprenderán de las energías renovables y se reflexionará acerca de a qué renunciar sin asumir costes elevados.

En resumen, solo podríamos avanzar combinando ideal con pragmatismo mediante buena voluntad, sabiduría y justicia mundial, afrontando las responsabilidades morales, reconociendo las peticiones de ayuda, explicando las dificultades y atendiendo a los problemas urgentes. Sin olvidar el valor de la honestidad en tiempos en que esconderse ya no es respuesta.

Pepa Úbeda

 

 

  1. Aurelio Duque Valencia Says:

    Totalmente de acuerdo en lo que dices Pepa; ahora en lo práctico , del aquí y ahora, pediría conocer la situación climática y de hechos (no palabras) a favor del medio ambiente y las personas… en los Ayuntamientos, en los programas políticos de las elecciones municipales y autonómicas….y en las entidades vecinales y tejido asociativo de los barrios– todo lo que queda por hacer — a favor del planeta, desde cada barrio, cada pueblo y cada ciudad…Los ODS son un paso….pero hay más alternativas locales, solidarias y ecológicas.

  2. Fina Oliver Says:

    Sí, ok! Por tanto debemor de votar a los Partidos políticos que reconozcan el problema del calentamiento global y ver las propuestas que dan para solucionar-lo.

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