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¿Hay algo peor que Trump? ¡Sí!

La medida de la demencia que posee el mundo político es que uno piensa con nostalgia en antiguas caricaturas de la extrema derecha como el expresidente norteamericano George W. Bush y su vicepresidente, Dick Darth Vader Cheney, ambos hoy implacables detractores de Donald Trump.

Lo que me pregunto es si llegará el día en el que también recordemos a Trump como un ejemplo de moderación, buen gusto y sensatez. Digo, pensando en la congresista republicana Marjorie Taylor Greene. ¿No saben quién es Marjorie Taylor Greene? Pues ya es hora, porque Trump ha reconocido que la tiene en su “lista” de posibles candidatos a la vicepresidencia para las elecciones generales de noviembre.

O sea, en un día no muy lejano este personaje se podría convertir en la primera mujer en ocupar la presidencia del que sigue siendo de lejos el país más influyente de la Tierra. ¿Quién es? La definiremos primero en términos generales.

Piensen en todo lo peor de la política, de aquello que ha llevado a un tipo tan curtido como Pedro Sánchez a sentir tal asco que dice que está pensando en dejarla. Piensen en la ignorancia, la vulgaridad, el cinismo, las mentiras, la desfachatez y la irresponsa­bilidad que definen el discurso político de la derecha de Estados Unidos y que cada día contagia a más países. Piensen en el principio de ganar por ganar que define tanto a la izquierda como la derecha en todos lados, como si de un deporte se tratara, solo que un deporte sin reglas en el que todo vale. Piensen en todo esto, agreguen al cóctel una botella de vodka, salpíquenlo con cocaína y esteroides, pongan heavy metal como música de fondo (Paranoid de Black Sabbath, quizá) y el resultado, señoras y señores: Marjorie Taylor Greene.

Antes de entrar en detalles, salgo al paso de los o las que me podrían acusar de machista. Es precisamente porque creo en el principio de la igualdad de género que le doy hoy la oportunidad a una mujer de colocarse junto a los hombres, siempre hombres, que tengo la costumbre de identificar como los idiotas y malvados de la tierra. Confieso que he pecado de sexismo al no haberlo hecho antes.

Y aunque soy de los que intuyen que si las mujeres mandasen viviríamos en un mundo en el que la empatía, la finura y la paz se impondrían a la barbarie que ha definido a gran parte de nuestra especie durante el largo reino del patriarcado, creo que por responsabilidad y espíritu crítico debo cuestionar mis instintos y al menos contemplar la posibilidad de que existan excepciones a la regla.

Taylor Greene, de 49 años, sería una de ellas. Más trumpista que Trump, casi igual de adorada por las masas MAGA (“Make America Great Again”), Taylor Greene fue elegida para la Cámara de Representantes en el 2021 tras una campaña en la que las pancartas llenaban su estado de Georgia con fotos de ella posando a lo Rambo con un fusil semiautomático AR-15. Como parte de su llamado a los votantes colocó vídeos en las redes sociales en los que se la veía persiguiendo e insultando a un sobreviviente antiarmas de la masacre del colegio de Parkland en el 2019 (sí, con un AR-15­), en la que murieron 17 personas.

Taylor Greene no solo está favor de acabar con todas las leyes que restringen la venta de armas de fuego, sino de prohibir el aborto en todas las circunstancias y abandonar todas las medidas destinadas a frenar el cambio climático. Ofrece arengas a diario contra los inmigrantes ilegales “violadores”, activistas negros que define como “terroristas” y contra todos sus rivales políticos, empezando por el presidente Joseph Biden, que según ella son comunistas y pedófilos. Poco coherente, que digamos, apoya las masacres israelíes en Gaza, pero declaró durante un incendio forestal en California que había sido provocado por láseres espaciales judíos.

Conocida últimamente como Moscow Marjorie, defiende la guerra de Putin en Ucrania, repitiendo dentro del Congreso la propaganda rusa de que el Gobierno ucraniano es nazi. Defensora de la tesis de que la OTAN fue la causa de la guerra, la “enviada especial de Vladímir Putin al Congreso de Estados Unidos”, según un rival demócrata, declara que “el Gobierno de Ucrania está atacando a cristianos. El Gobierno de Ucrania está ejecutando a curas. Rusia no hace eso”.

Cuando David Cameron, ex primer ministro y actual canciller británico, criticó la postura prorrusa de la congresista, su respuesta, muy fiel a su estilo, fue: “Cameron me puede besar el culo”.

No es ninguna sorpresa que se haya convertido en ídolo de la televisión estatal rusa, donde se la describe entre otras cosas como “una belleza de mujer”. Hace un par de semanas se dirigió en Florida a un público de fieles que coreaban “¡Putin! ¡Putin!” mientras ella denunciaba los intentos del Congreso en el que sirve de aprobar ayuda militar a Ucrania. Tras el éxito de la moción esta semana, Taylor Greene ha pedido la cabeza del líder de su partido, el presidente republicano de la Cámara de Representantes y ferviente trumpista, Mike Johnson.

¿Realmente hay posibilidad de que semejante personaje llegue a ser vicepresidenta de Estados Unidos? Bueno, el mismo Trump siempre habla maravillas de ella, ya que no tiene seguidora o seguidor más incondicional, y no ha negado que piensa seriamente en ella como candidata. El principal argumento en contra no es que Taylor Greene esté para atar, sino que la devoción que inspira en el mundo MAGA es tal que amenazaría con quitarle todo el foco de atención a Trump, cuyo narcisismo no admite rivales.

Si tuviese que apostar, diría que Trump no elegirá a Taylor Greene. Pero si hubiese tenido que apostar en el 2016, no hubiera arriesgado ni un céntimo a que Trump fuese el candidato presidencial republicano, o que luego vencería a Hillary Clinton. Ni tampoco me hubiera imaginado, tras su derrota electoral en el 2020 y la invasión del Congreso del 6 de enero del 2021, que volvería no solo a presentarse a las elecciones presidenciales, sino que hoy sería el favorito para ganarlas.

Con lo cual no es descartable que el ­disparate más grande de la historia de la democracia en Estados Unidos, o en ­cualquier lado, se supere. Escribí en mi primera columna del 2024 que mi principal deseo para el bien del mundo era que Trump se muriese. Ya no estoy tan ­seguro.

John Carlin
Publicado en La Vanguardia

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