BLOG | Artículos de Opinión

“Y siempre gana el dinero”

“El fútbol es un deporte de 11 contra 11 y siempre gana Alemania” es una frase clásica del mundo del futbol, conocida probablemente hasta por los menos futboleros. Frase que, además, es particularmente repetida por estas fechas. En realidad estas fechas no, ya que es la primera vez q se juega un Mundial de fútbol en invierno europeo. Quizá este podría ser el dato más llamativo de esta celebración, si no fuese porque el Mundial en Catar supone la última estocada al fútbol.

A estas alturas, más con el mundial ya llegando a su fin, todos más o menos sabemos en qué condiciones el Mundial fue entregado a Catar. Con acusaciones de corrupción mediante pago de altas cantidades de dinero a miembros del jurado que tomó la decisión, y una incapacidad aparente para desarrollar el mundial allí. No sólo no se cumplían condiciones sanitarias para hacer deporte a más de 50º, si no que no había ni espacio físico para poner unos estadios en su totalidad inexistentes. Se solución, a golpe de talonario, cambiando de fecha el Mundial (afectando a las competiciones habituales) y construyendo una nueva ciudad.

La construcción de todas esas infraestructuras, pagadas con dinero sacado de combustibles fósiles, se llevó a cabo por mano de obra extranjera. Se habla de más de 6.500 trabajadores extranjeros muertos, todos ellos, y los que han conseguido sobrevivir; en condiciones de esclavitud, con prohibición de cambiar de trabajo y hasta el pasaporte retirado para no poder huir. Porque para jugar al fútbol no había condiciones mínimas, pero para construir estadios al aire libre, si eres pobre, sí. A nadie le puede sorprender que instituciones occidentales respeten esto pues en materia de derechos laborales es dónde menos se esconde la hipocresía de las mismas. Lo único que le importa al sistema es el crecimiento económico en abstracto. Da lo mismo si este se alcanza con explotación infantil en talleres que trabajan para grandes multinacionales textiles o en minas de las que se extraen los raros minerales que componen nuestros teléfonos.

Por supuesto que tampoco se respetan los grandes logros de la sociedad liberal: las libertades individuales. Los Derechos de las mujeres o personas lgtbi que tanto luchan aquí por liberarse del sometimiento, ven como se quedan en un último plano en un país que no sólo no los respeta, sino que abiertamente condena y amenaza. Y aunque no sufran represión los visitantes extranjeros, es duro mirar hacia otro lado y olvidar que el día que el mundial se acabe volverán a ser sometidos los residentes en Catar.

Las Federaciones, futbolistas y entrenadores miran a otro lado. Sienten “Incomodidad” en el mejor de los casos. Pero no se oponen, no se plantan. Así que la rueda gira y todo siguió hacia delante. Difícil culparles por ello cuando viven un mundo cegado por el brillo artificial de una sociedad desigual y basada en el consumo. Y como pase lo q pase, millones encenderán la televisión, se emocionarán por los partidos y olvidarán que lo que menos hay en juego es quién gana ese trofeo.

Por eso, incluso aun siendo muy futbolero, decidí no ver este Mundial. Un gesto ridículo e inútil, pero que al menos es sostenido por unos principios. No querer enterarse es imposible. Al menos para mí. Como no voy a sufrir por no ver el último mundial del mejor jugador del mundo (y de la Historia), que tanto me ha hecho disfrutar. Así que entiendo a los que deciden verlo, a sabiendas o no de lo que hay detrás. No es cuestión de ser consecuente siempre. Las contradicciones sin normales e inevitables. Pero sienta bien saber que, llegado el momento, sabrás dejar ir estos placeres del mundo actual en pos de uno mejor.

El fútbol como deporte es una pasión increíble y social. Es la industria la que lo destroza y lo quiere convertir en un producto más que “compita” con cualquier otro espectáculo. Lo convierte en mercancía y le arranca su espíritu de comunidad y su capacidad de integración. El dinero, al final, destroza el deporte que queremos seguir disfrutando pese a todo.

En definitiva es Mundial es a mi juicio un punto de inflexión en la deriva autodestructiva del futbol, que ya lleva años en decadencia por mucho que nos ciegue el gran espectáculo que es. Hasta que no se desmercantilice no habrá opción de salvarlo y acabará convertido en un producto de consumo rápido. Sirve además como buen ejemplo de la realidad que vivimos. Y es que la hipocresía que denota la celebración del Mundial en Catar demuestra que sólo sociedades realmente emancipadas en lo económico pueden garantizar los valores de los derechos humanos. Ya sea laborales, de género, raza, lugar de nacimiento u orientación sexual.

Pablo Vila Chirinos

 

¿Quieres dejarnos algún comentario?

Tu email no será publicado, únicamente tu nombre y comentario.