Ignacio Martínez de Pisón – “Castillos de fuego”
Libro: “Castillos de fuego”.
Autor: Ignacio Martínez de Pisón
Editorial: Seix/Barral. Año 2023
Ignacio Martínez de Pisón es un autor español cuyas novelas nos introducen a través de la literatura, en hechos y crónicas históricas. Tiene esa extraña habilidad para recrear atmósferas y dibujar unos personajes significativos con las claves suficientes para entender los acontecimientos.
Su prosa es pedagógica y su atención se ha dirigido en la mayoría de los casos a desentrañar conocimientos históricos de la guerra civil y la dictadura franquista. Ya lo hizo de una manera brillante sobre la vida del becario y traductor José Robles en “Enterrar a los muertos”. Se inspiró para ello en muchos datos historiográficos, y no pocas incursiones en el conocimiento de los archivos.
En este caso su trabajo previo ha sido considerable. Estamos ante una obra coral con muchos protagonistas representativos de la oscura atmósfera del franquismo más sangriento y despiadado. Son los años de 1939 a 1945, años de revancha y exilio, de fusilamientos y detenciones, de cárceles y campos de concentración, de torturas y miserias, en suma, de abusos de los vencedores sobre los vencidos. Pocos se escaparon cuando menos a una sanción incluso en las formas más leves, de multas, de pérdidas de empleos, o de incautación de sus bienes, propios, o de sus familiares. Y no digamos ya de la pérdida de sus derechos civiles, sociales y políticos. Muchos de los españoles descubrieron incluso que su matrimonio no era válido, o que sus hijos, descendientes de esas parejas, desaparecieron de los registros, cuando no fueron despojados de sus padres. En la nueva sociedad la mujer quedó socialmente relegada a la reproducción previo matrimonio eclesiástico con la pena accesoria de la pérdida de sus derechos civiles, sociales y políticos. Llegó a ser poco más que un adorno social dependiente del varón.
El escritor sitúa la acción en Madrid. Son los tiempos del hambre, el estraperlo y las penurias. Por el escenario descrito deambulan personajes como Eloy, un joven tullido que solo desea evitar la muerte y sacar de la prisión a su hermano, Basilio un profesor de Universidad depurado y apartado de la docencia que acaba en un convento, el falangista Matías, aspirante a que el nuevo régimen le reconozca una medalla por sus oscuros méritos. En realidad, es un delator y especulador de bienes. Valentín, miembro de la policía política, capaz de llevar a cabo las mayores vilezas con tal de ocultar su pasado comunista. Luego, andando el tiempo, sus felonías son propias ya de un sádico. Este último recuerda a conocido comisario que llegó a la democracia como un personaje honesto y eficaz, con la categoría máxima por su lucha contra ETA.
Todos estos personajes se entrecruzan en el relato junto con las vidas de los dirigentes comunistas Heriberto Quiñones, pareja de Aurora Picornell, León Trilla y Jesús Monzón pareja de Pilar Soler, su secretaria durante algún tiempo.
Quiñones y Picornell murieron en esos años asesinados por el régimen. Quiñones, de origen moldavo, era un activista de la III Internacional que vino a España en los años 30 para organizar el PCE y que vivió aquí los años de la República y la guerra civil. Su vida cargada de riesgos y prisiones tropezó en los años de la postguerra con la cúpula del propio partido al que pertenecía, que le consideró un agente británico. Su tesis es que el PCE debería organizarse en la postguerra de abajo a arriba y desde el interior. Probablemente también fue de los activistas que asimilaron mal el pacto germano/soviético de 1939, hecho que muchos comunistas no entendieron y que contribuyó todavía más a distanciarse de los socialistas. Finalmente, fue denunciado, detenido siendo miserablemente torturado antes de ser fusilado en una silla con la espalda rota.
Gabriel León Trilla, convertido también sin quererlo en disidente del PCE: Fue objeto de una encerrona provocada por militantes comunistas que recibieron órdenes de apuñalarlo. Monzón fue detenido en Barcelona por la policía política y se salvó de las represalias de su propio partido después del fracaso de la invasión del Valle de Arán, suceso que le atribuyeron desde la dirección. Acabó en el exilio. Pilar Soler consiguió pasar la frontera francesa, sobrevivió a la Dictadura y volvió a España muchos años después. Poco antes de la llegada de la democracia volvió a Valencia donde militó en el movimiento vecinal y en el colectivo de mujeres antifascistas, volviendo a ser la activista que siempre fue. Aurora Picornell después de pasar por las prisiones franquistas, tuvo un final tremendo, murió fusilada.
Algunas personas, no todas, fueron rehabilitadas en los años 80 por su propio partido. Las mujeres que aparecen en el relato Alicia, Gloria y Cristina que acompañan a los personajes en sus vicisitudes están muy bien recogidas en la narración y aproximan al lector a sus vivencias. Para ellas fue una vida difícil y llena de angustias sobresaltos y sacrificios. Y sobre el fondo, un retablo de personajes anónimos, costureras, estudiantes, policías y confidentes en el Madrid de la época, donde discurre la acción. Es un escenario impresionante en las manos del autor. Son casi 700 páginas distribuidas en capítulos que constituyen un paisaje representativo del momento.
Carros de fuego una obra densa y prolija que se convierte en un lienzo hipnótico de imprescindible lectura sobre la recreación de los años más duros del franquismo.
Pedro Liébana Collado



