Culpa y penitencia bajo la lluvia negra
Es ya historia antigua, pero hace cosa de 2 meses, en tiempos de Xabi Alonso; el Cholo Simeone le gritó en pleno partido a Vinicius: “¡Florentino te va a echar!” Aquello se entendió como una falta grave de deportividad: un entrenador gritando a un rival en pleno partido, y más aun mentando al Dios del Fútbol – o de España – Florentino Pérez. No es aceptable. Y el Cholo, se vio obligado, o le obligaron, a pedir perdón públicamente. Culpa y penitencia, principios religiosos aplicado al fútbol, que es religión moderna. Mientras tanto en el mundo real, en una de esas décadas en las que caben siglos, el orden internacional se resquebraja a golpe de guerras ilegales y genocidios televisados, a veces también con barniz religioso. Los culpables están más o menos claros, y los penitentes como casi siempre son otros. Por desgracia, falta todavía un tiempo para que Trump, Netanyahu y sus cheerleadres tengan, como el Cholo, que pedir perdón en rueda de prensa, justo antes de ser encerrados por sus crímenes.
Bombardeos y asesinatos en alta mar, en Latinoamérica, en África, en Europa y en Asia. Un genocidio a orillas del mediterráneo. Efectos potencialmente catastróficos sobre la economía mundial, afectando al suministro de energía y fertilizantes del mundo. Implicación directa o indirecta de las dos principales potencias. Que esto sea Guerra Mundial 3, Guerra Fría 2 o pequeñas escaramuzas de Israel apoyado por papá USA, les corresponderá a los guionistas del pasado ponerle nombre en unas décadas. Pero a dos de esas cosas se le empieza a parecer. Lo más preocupante es que el comportamiento de líderes seniles y/o genocidas beneficia al mundo que tratan de imponer personas con mucho poder (dinero).
Desde que gobierna Trump se ha acelerado un proceso que lleva tiempo gestándose. Unos billonarios han tomado abiertamente el poder político de la primera potencia mundial para acabar de modelar el mundo a su imagen y semejanza: una sociedad-empresa, sin democracia ni igualdad de género o clase. Asesores y financiadores de Trump, como los fundadores de Palantir, dicen abiertamente que para ellos democracia y libertad no pueden ir juntos. Y, de hecho, que las mujeres son un obstáculo para conseguir su objetivo.[1] Para entender a qué se refieren conviene saber que Palantir es una empresa con contratos con gobiernos que pone la IA al servicio de operaciones militares y señalamiento de ciudadanos. Interesante tipo de libertad el que promueven.
Israel es uno de los usuarios de Palantir, y con su tecnología o sin ella está en el centro del reordenamiento actual. En cierta forma Israel es el vivo ejemplo de que ese orden que rápidamente desaparece era más una aceptación de cookies que un contrato entre iguales. Y si cometer un genocidio absolutamente retransmitido no tuvo consecuencias, ¿cómo las iba a tener atacar a otro país soberano? Encima un régimen mal visto en la opinión pública occidental, que ejecuta disidentes y somete a mujeres. Qué más da que, en el proceso de liberación, bombas americanas maten a más de 100 niñas.[2] O se intoxique el aire de una ciudad de 9 millones de personas bombardeando refinerías. Todo vale, si lo hacemos nosotros en nombre de la libertad.
Algunas personas creo que no acaban de interiorizar la gravedad del momento. Unos porque en cierta forma esto lo veían venir. Otras porque ven lo que se destapa ante nuestros ojos, con una lejanía que abriga cuando uno piensa que aquello ni le afecta directamente, ni nada puede hacer. Pero ni nos pilla tan lejos, ni no podemos hacer nada. Menos cuando vemos a líderes europeos o candidatos a la presidencia salir raudos a decir, básicamente, que las normas internacionales aplican para otros. Líderes políticos, económicos y mediáticos que justifican así asesinatos y el empeoramiento de las condiciones de vida en nuestros países.
La responsabilidad de esta situación no es (solo) de Trump, ni del genocida Netanyahu. Por más que sean personas que produzcan repulsión, lo cierto es que son personas que, a diferencia del Ayatola, han sido elegidas en sus respectivos países en elecciones más o menos democráticas. 80 millones de personas han votado por Trump. Israel presume de ser la única democracia de oriente medio. Cuentan además con el apoyo de la UE que ha permitido, cuando no directamente se ha beneficiado de, los crímenes de estos dos países en las últimas décadas. Porque supuestamente defienden nuestros valores: la libertad del occidente democrático.
Poco favor le hacen a la democracia, a la libertad y a la igualdad esos que por culpa u omisión ven un colegio de niñas reducido a cenizas y piensan que ahí hay algo de cruzada por la libertad y la democracia. Que ven las imágenes difícilmente descriptibles que acompañan a este artículo, lluvia negra[3], y piensan, “la libertad requiere sacrificios”. Ya no sólo es que cada día que pasa el objetivo de liberar al pueblo iraní no se vaya a conseguir. Como de hecho no se ha conseguido nunca. La pregunta es, aunque funcionase, ¿cuánto machismo institucional justifica un bombardeo? ¿Lo merecen Arabia Saudí o Qatar? ¿Lo merece Japón? ¿Deberíamos bombardear Móstoles? Con estos paladines de la libertad, más pronto que tarde alguien empezará un conteo de “muertes causadas por la libertad”, y sólo por USA ya van unos 38 millones.[4]
Estos eventos no son hechos aislados. Aunque parezcan las acciones de lideres locos o psicópatas, llegamos aquí por una serie de acciones, de decisiones, que han tomado muchas personas. Incluidas tú, aunque tengas menos poder. Desenmarañar el hilo de qué nos trajo hasta aquí sería absurdo para este artículo ya demasiado largo. Pero, aunque pensemos que nada podemos hacer, que nosotros no influimos esa es una posición un tanto cómoda. La información que buscas, las conversaciones que tienes, el consumo que realizas, el voto que emites, las manifestaciones a las que vas o las huelgas que secundas, tienen que ver con lo que vivimos. Y son cosas pesadas, complicadas o aburridas. Pero ese es el verdadero precio de la libertad, no que se cometan crímenes contra la humanidad en su nombre.
Quizá lo que pasa en Oriente Medio parece que te queda lejos. Bastantes problemas tenemos al cruzar la puerta de casa. Cierto. Pero cómo nos implicamos en las cosas que pasan, también se refleja en cómo se gestionan las crisis. No podemos parar a Trump o Netanyahu. Pero sí podemos decidir si el aumento de precios de alimentos lo sufrimos los que tenemos que trabajar cada día para vivir, o lo absorbe el dueño de Mercadona, que presume de récord de ingresos milmillonarios. Porque la misma lógica que permite el beneficio en guerras, es la que fomenta que sólo unos pocos fondos puedan comprar casas a tocateja o empresarios de la alimentación o salud sean multimuchimillonarios.
Y sí, hay gente con mucho más poder que tú o que yo. Milmillonarios que compran campañas electorales o directamente ocupan el gobierno de Estados Unidos. Que con su poder económico pueden amenazar a países con chantajes o susurran a oídos de gobiernos e instituciones europeas. Que a través de las redes sociales que usamos influyen como pensamos. Gente y sus corporaciones que, si no lo están ya, pretenden quedar por encima del sistema democrático, del gobierno de la mayoría. En eso ha fallado nuestro sistema, porque en algún momento lo permitimos.
Cuando* esta situación pase tendremos que darle una vuelta a eso. A permitir que unas pocas personas acumulen tanto poder. El poder económico, que es el más fuerte, tiene que quedar bajo control democrático. Pero el estado de las cosas mañana dependerá de nuestras decisiones hoy. Porque el futuro no está escrito, y de la misma forma que nuestras acciones u omisiones nos han traído aquí, lo que hagamos desde hoy definirá la vida a la que podemos aspirar.
Por supuesto que los ciudadanos y ciudadanas tenemos poca culpa en lo que se destapa en estos últimos años. Pero tampoco somos mera comparsa, simple rebaño. Tenemos capacidad y agencia. Podemos influir – y con la correcta organización decidir – sobre cómo se reparte el dinero en nuestros países, y qué bombas se lanzan en nuestro nombre. Y, si no queremos seguir pagando por los crímenes de otros, de ser sus penitentes, debemos reconocerlo y ejercerlo. De lo contrario estaremos renunciando a una (floja) democracia que muchos nos quieren arrebatar. Y si eso pasa, quién sabe, quizá en unos años bombardeen el colegio de tu hija en nombre de la libertad.
Pablo V. Chirinos
[1] https://www.youtube.com/shorts/B0Tn1MpHYCQ
[2] https://www.reuters.com/investigations/bombed-iranian-girls-school-had-vivid-website-yearslong-online-presence-2026-03-12/
[3] https://edition.cnn.com/2026/03/08/world/video/cnn-reports-blackened-rain-in-iran-tehran-airstrikes-digvid-hnk
[4] https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/vide-us-sanctions-murdered-38-million-people-political-scientist-says por si alguien quiere ver a un profesor americano decirlo.



