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Un cuento nacido en un pueblo valenciano sin niños para revertir la despoblación

Ana Arnal, en una de las sesiones del programa en pueblos del interior Habilinatura

‘Un deseo y cinco guardianes’ es la obra infantil que Ana Arnal ideó desde su pueblo, Torralba del Pinar, donde ha arrancado un programa de identidad generacional en colaboración con la Generalitat Valenciana

“Arraigo”, “familia”, “emociones”, “pertenencia” son palabras que la dinamizadora cultural Ana Arnal utiliza para explicar de dónde nace, y sobre todo, a dónde quiere llegar con el relato de su cuento infantil, Un deseo y cinco guardianes: El origen de los Verdegales (Habilinatura, 2026), que usa para tejer una actividad intergeneracional en pueblos valencianos de interior que se están vaciando. “Explico el cuento para que la gente sienta su pueblo como un lugar privilegiado, que valoren el colegio al que van… Hablamos de la importancia de las personas mayores, de nuestros abuelos, de la importancia de cuidarlos, de nuestras emociones…”, explica Arnal.

Lleva unas semanas recorriendo pueblos valencianos pequeñitos como el suyo, Torralba del Pinar, donde solo hay 65 personas censadas y donde la escuela tuvo que cerrar, al igual que la tienda y donde tampoco hay consultorio médico. El lunes de Pascua contó el cuento a la chiquillada que pasaba allí las vacaciones, “y les pregunté a los niños ‘¿cuántos de vosotros, si hubiese un colegio, viviríais aquí?’. Todos los niños con la mano levantada”, recuerda. Sin embargo, la falta de dotaciones y de servicios aleja a la población. Pasa aquí y pasa en otras localidades en riesgo de despoblación, como son Vall de Almonacid, Calles o Planes, donde próximamente se sentará en sus plazas para contarle a mayores y jóvenes el relato donde su protagonista, Vea, se encuentra a los guardianes, seres mágicos a los que su autora sitúa en la Sierra de Espadán y que protegen la naturaleza, los pueblos y la infancia.

Su propuesta es la herramienta en la que la Generalitat Valenciana ha confiado recientemente dentro de su proyecto contra la despoblación de la Comunidad Valenciana. Un programa de identidad intergeneracional para municipios en riesgo de despoblamiento que el director general de Administración Local, José Antonio Redorat, presentó el viernes en Calles, donde la población ha subido de 355 habitantes en 2020 a 465 en 2025, un incremento del 25% en cinco años. Valora que el aumento ha sido posible “gracias al liderazgo y buen hacer de los ayuntamientos, a las iniciativas empresariales y a las políticas demográficas impulsadas desde las distintas administraciones como la Generalitat, en las que se discrimina positivamente a los municipios que luchan contra la despoblación”.

Porque la subvención pública es clave para estos territorios. Lo explica Arnal, cuya empresa, Habilinatura, suele trabajar en localidades de poca población gracias a iniciativas de este tipo porque es “donde más me motiva, a pesar de que hay muy pocos recursos”. Este año el gobierno valenciano destinará un total de 45 millones para garantizar la financiación de los 542 municipios y entidades locales menores, pero también articulará líneas específicas, algunas heredadas del Botànic, que han funcionado especialmente bien. Es el caso de las ayudas para puntos limpios, actualmente en fase de resolución, para potenciar y mejorar la Red de Puntos Limpios Avant dotado con 550.000 euros y que hace las delicias de los cada vez más autocaravanistas que recorren la Comunidad Valenciana. Desde el gobierno valenciano destacan que la dirección general de Administración Local se ha reforzado en esta legislatura y que tiene ya cinco funcionarios, además de haber doblado su presupuesto, pasando de los 8 a los 16 millones de euros. Apuntan que se ha aumentado “la sensibilidad” de forma transversal en todas las Consellerias hacia las políticas de discriminación positiva en favor de los municipios incluidos en este reto demográfico. Como ejemplo, los préstamos del IVF a interés cero para proyectos empresariales en zonas de riesgo de despoblación.

Fijar población es una de las prioridades para el Consell, que celebra como la comarca de Els Serrans ha pasado de 16.131 habitantes en 2020 a los 18.088 habitantes en 2025; pero la falta de servicios sigue siendo la piedra en el talón. Esta semana las cámaras de À Punt recorrían Les Useres porque, desde el 1 de abril, sus vecinos dependen de la oficina bancaria móvil -en un autobús- para sacar dinero.

Y no es una situación anecdótica: ya pasa en otras localidades cercanas a València, generando una problemática doméstica que, en poblaciones con escaso censo, se convierte en un obstáculo más. En los municipios sin servicio bancario hay 135 cajeros automáticos instalados por Caixabank, un servicio que beneficia a cerca de 73.000 personas en el ámbito rural a través de un contrato que venció en enero y al que las diferentes administraciones han buscado dar solución. La exclusión financiera es otra de las losas que cargan pueblos como el de Ana Arnal, donde los niños no dudan en levantar la mano cuando les preguntan si ellos vivirían allí.

Neus Navarro
Publicado en La Vanguardia

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