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La última clase de Julián Casanova, el profesor que deja huella: «La base de la enseñanza es mirar a los ojos y ver cómo reaccionan»

El profesor de Historia de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, durante su última clase.

El catedrático Julián Casanova ha cumplido 70 años con su jubilación de la Universidad de Zaragoza donde esta semana ha impartido su última clase de la asignatura ‘Historia de los movimientos sociales contemporáneos’. En su última lección estuvo acompañado por sus compañeros de departamento.

«Es una decisión que tomé hace tiempo porque es el momento de cambiar de registro, pero la verdad es que me fastidia, porque me gusta dar clases». Así valora el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, el paso a la jubilación de la docencia emprendido esta semana. Abandona las aulas tras más de cuarenta años como referente moral e intelectual de cientos de estudiantes que han conocido a través de su labor de enseñanza la transformación social de las últimas décadas de vida académica.

En la última lección impartida por Casanova estuvo arropado, además de por los estudiantes que la cursan, por un buen número de sus compañeros de departamento, como Alberto Sabio o José Luis Corral. Deja los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras un profesor que siempre ha apostado por desarrollar su labor de investigación desde Zaragoza, tratando de devolver al centro lo que recibió cuando él mismo era estudiante. «Una de las decisiones más importantes de mi vida fue abandonar la universidad en Estados Unidos, que sabía que Estados Unidos era otro mundo y que me daría una gran riqueza, para volver a mi ciudad, pero lo cierto es que quería dejar huella aquí», explica.

La última clase de la asignatura Historia de los movimientos sociales contemporáneos (creada por él mismo) cierra una etapa académica que le ha llevado por universidades de todo el mundo. Casanova, que cumple 70 años, ha impartido sus lecciones como profesor visitante en prestigiosas universidades británicas, estadounidenses y latinoamericanas, entre ellas Queen Mary College (Londres), Harvard, Notre Dame, New School for Social Research (en Estados Unidos) y Central European University (Budapest y Viena). Además, ha dirigido 37 tesis doctorales, y ha sido autor de numerosos artículos e investigaciones.

En este momento Casanova se encuentra promocionando la edición en cómic de su prestigiosa obra España partida en dos y en su cabeza bulle la idea de escribir sobre cómo se forjó el mundo a partir del siglo XVIII. «Ahora me quito de la burocracia académica, pero voy a seguir con mis actividades, en la medida en que la salud me respete: escribiendo, publicando libros y dando conferencias. Pero todo será diferente, porque el mundo de la universidad es absorbente», señala.

Al volver la vista atrás reconoce que la institución que ahora abandona ha cambiado muchísimo y a mejor, a pesar de las carencias estructurales con las que siempre tiene que lidiar. «Entre en la universidad en 1974 y me encontré mucha mediocridad en términos de historiografía y de profesorado, pues había mucho Opus Dei, mucha vieja guardia y poca gente que hubiera salido fuera», afirma.

Con el paso de los años el cambio ha sido abismal aunque desde «las elites políticas», muchas de ellas formadas en el propio campus público aragonés, nunca se haya apostado de forma decidida por su desarrollo. «Sé que en la universidad tendríamos que haber mejorado mucho más, tendríamos que tener mejores alumnos, más financiación y, por supuesto, muchísimos mejores profesores. Pero bueno, esta es una universidad potente en una ciudad que a veces no la ha reconocido, pero que es una de las señas de identidad», manifiesta.

Además de catedrático de Historia Contemporánea, Casanova (nacido en Valdealgorfa en 1956) ejerce como conferenciante, especialmente en centros de enseñanza secundaria, algo que le permite mantener viva su pasión por la educación. «La enseñanza consiste mucho en lo que hace un actor de teatro: tiene que comprender ante qué público está. No es lo mismo interpretar a Shakespeare que a Brecht. Los contextos cambian y tú tienes que saber qué público tienes. Esa es la base de la enseñanza: hay que mirar a los ojos, a las caras y ver cómo reaccionan. Y sobre todo, estimular el debate y que hagan preguntas», expresa.

Coincide en el tiempo la despedida de la universidad de Casanova, infatigable defensor de las políticas de memoria democrática, con el regreso al Ejecutivo autonómico de un partido negacionista y de ultraderecha como es Vox. «No puede ser que un partido democrático, en una España que fue de emigrantes esté usando la llegada de gente de fuera para conseguir votos en masa y que los partidos de la derecha lo acepten. He vivido siete cuatrimestres consecutivos en la Hungría de Orbán y sé lo que significa», destaca.

David Chic
Publicado en El Periodico de Aragon

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