Lo de Zapatero
Los expertos dicen que el auto del juez es contundente, pero hemos visto demasiada contundencia en Cataluña o Euskadi, con la financiación de Podemos y Mónica Oltra, y al ocultar el nombre de M. Rajoy en un juicio
Lo de Zapatero es extraño. Lo de Zapatero ha pillado por sorpresa a todo el mundo excepto a quienes gritan que viva el rey emérito. Estos ya sabían que el tipo era un delincuente. Zapatero, me refiero. Dicen los expertos que el auto del juez es contundente, pero hemos visto demasiada contundencia de un tiempo a esta parte como para que la contundencia aclare qué está pasando. Hemos visto condenas contundentes en Cataluña o Euskadi. Delito de secesión se llamó a subirse a un capó para pedir tranquilidad, y terrorismo a una pelea de bar. Hemos visto imputaciones y portadas de prensa muy contundentes. Pablo Iglesias tenía más dinero en paraísos fiscales que pelos en la coleta y Podemos se financiaba ilegalmente cada vez que asomaban por la esquina unas nuevas elecciones. ¿Recuerdan? Cuando no pagaba Maduro, pagaba la cocaína que los miembros de Podemos llevaban bajo el brazo como si nada, según contundentes investigaciones policiales. Era burdo, pero también contundente. Hemos visto a un comisario decir en sede judicial que se le ordenó quitar el nombre de Mariano Rajoy de una investigación y al juez cortarle la palabra con la misma contundencia con la que otros jueces imputaban a Mónica Oltra por delitos horribles sin pruebas en su contra. Hablando de falta de pruebas, hemos visto hace poco la contundente condena contra el fiscal general del Estado porque en España, por primera vez, alguien había filtrado algo. La palabra contundencia no aclara demasiado.
Sin saber si Bambi era en realidad el Walter White de Breaking Bad o si se trata de otra bromita más del Estado profundo, Rufián proponía dos soluciones en medio de la encrucijada. Si esto es verdad, es una mierda; si esto es mentira, es una mierda aún mayor. Propongo una tercera opción: que no sea ni verdad ni mentira, sino todo lo contrario. Con todos ustedes la estrategia del semáforo sobre la que la derecha política, judicial y mediática está construyendo su asalto a La Moncloa. Imaginen que hay 15 personas cruzando un semáforo en rojo porque no vienen coches y, en mitad del paso de cebra, dos policías se abalanzan sobre un tipo al que llaman por su nombre: Juan Pérez, acaba de cometer usted un posible atentado contra la seguridad vial. Mientras Juan Pérez entrega su DNI y pregunta cómo saben su nombre, la policía levanta acta al tiempo que otra y otra y otra marea de peatones sigue cruzando en rojo. ¿Es Juan Pérez un delincuente? Sí y no.
¿Es delito que la secretaria de Begoña Gómez, pagada con dinero público, enviase mails personales? Sí, porque el uso incorrecto de dinero público –en este caso el sueldo que paga las labores de una secretaria– puede considerarse –y se considerará en este caso– malversación. ¿Es algo que sólo ha sucedido con Begoña Gómez? No, sucede a diario sin que pase nada. Incluso el PP se empeña en ayudar a que esto se entienda a la perfección: el asistente de la mujer de Rajoy que le llevaba las bolsas de la compra durante los años de gobierno del gallego es hoy un diputado que se indigna tremendamente en el Congreso: menudo escándalo lo de Begoña, dice aguantándose la risa. ¿Es delito filtrar informaciones bajo secreto? Lo es. ¿Sucede cada día? No es que suceda cada día, es que esto conforma el día a día. Que le pregunten a Feijóo, que la semana pasada adelantó lo que sucedería con Zapatero en un proceso secreto. ¿Alguna vez han condenado a alguien por esto? Nunca, excepto al fiscal general del Estado.
¿Es lo de Zapatero una nueva invención para atacar al actual Gobierno? ¿Es la pura verdad que Bambi llega a reuniones internacionales en paraísos fiscales con un sombrero negro de ala corta diciendo “el peligro soy yo”? ¿Hablamos de nuevo de la estrategia del semáforo? A falta de más datos, me inclino por esto último. Cuando Aznar pactaba comisiones del 1 % con Abengoa para conseguir adjudicaciones en la Libia de Gadafi, el expresidente popular tiraba de contactos, de agenda, de su legítima capacidad de influencia internacional. Hoy se investiga si ZP, en lugar de tirar de su influencia, cometió un delito de tráfico de influencias. Si en lugar de ser un líder internacional, lideraba una trama internacional. Si en lugar de comisiones, cobraba mordidas. Lo mismo, dicho de manera más fea y pidiendo la documentación de Zapatero en medio del semáforo mientras el resto sigue cruzando. Sea verdad, mentira o mitad y mitad, la idea de un ex servidor público beneficiándose de la agenda de contactos conseguida durante su ejercicio es fea. Al menos para quienes no gritamos vivas al rey Juan Carlos cuando llega de regatas. Ojalá toda esta fealdad se acabe aclarando y ojalá nos pudiéramos fiar de quienes deben aclararla.
Gerardo Tecé
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