BLOG | Artículos de Opinión

¿Alguien se acuerda de los Derechos Humanos?

Cuando hago un alto sobre la actualidad nacional que cada vez me aburre más y me resulta empobrecida para sobrevolar la mirada sobre nuestro mundo, tengo dos sensaciones contradictorias: por una parte, pienso que la mayoría de la gente que espera que escriba sobre la actualidad de “aquí y de hoy” pensará que estoy fuera de la realidad; por otra parte, al observar lo que ocurre más allá  de mis fronteras nacionales, me doy cuenta de que el juego de nuestra política nacional es el que está alejado de lo verdaderamente importante.

Un año más, hay que recordar que los Derechos Humanos existen. Sí existen, aunque no lo parezca y aunque estén en retroceso en su aplicación y respeto. Los DDHH son una guía moral hacia dónde conducir las actuaciones de los gobiernos; sin embargo, nuestro mundo es hoy, en 2025, más inseguro que lo fue ayer, y mucha peligrosidad y falta de valores democráticos provienen del primer país del mundo: EEUU.

En 2025 se cumplen 80 años del final de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto. Las Naciones Unidas han intentado que lo recordáramos y que no olvidáramos las atrocidades de la guerra y el Holocausto. Por eso mismo, el lema principal para 2025 por parte de la ONU ha sido: “La memoria del Holocausto y la educación para la dignidad y los derechos humanos”. Porque el holocausto supuso la deshumanización, la barbarie y el infierno en la Tierra. La mayor brutalidad a la que el ser humano puede descender.

Pero mientras la ONU intenta que la memoria no falle, se repiten conflictos bélicos, masacres, violaciones, torturas, asesinatos, atentados contra los derechos y la vida. Miles y miles de muertos, víctimas inocentes, la pérdida de generaciones y el hundimiento de países destruidos hasta la aniquilación. Vivimos tiempos de honda preocupación con el crecimiento vertiginoso de la desigualdad económica y social, el aumento de la pobreza, la migración como recurso de supervivencia, la sobreexplotación de los recursos naturales y el deterioro de nuestro planeta con un preocupante cambio climático, y la pérdida de confianza en la democracia como sistema político y de desarrollo de la convivencia social.

No es una buena noticia saber que el 72% de la población mundial, es decir, casi tres de cada cuatro personas, viven actualmente bajo regímenes autocráticos, ya sean electorales o cerrados. Este es el mayor nivel de concentración poblacional bajo regímenes autoritarios desde 1978. Es lamentable saber que existen 56 conflictos armados activos en el mundo, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Todos tenemos presentes Ucrania, Gaza, Sudán, Afganistán, o el conflicto en el Sahel, una zona donde en 2024 se produjo el 51% de todos los ataques terroristas realizados en el mundo: el mayor infierno en la Tierra.

El conflicto en Ucrania sigue desangrando a su población, y la solución que Trump propone parece más un negocio inmobiliario que un acuerdo de justicia y paz. Saber cuántas han sido las víctimas de ambos bandos, tanto soldados como civiles, resulta imposible. Pero todas las semanas hay pérdidas de vidas. El conflicto extiende el miedo al resto del continente europeo que habla continuamente de “militarización”, “ejércitos”, “gasto militar”, y vuelta a la mili voluntaria y obligatoria. Porque los países cercanos a la URSS no se sienten seguros. La paz europea pende de un hilo.

El genocidio de Gaza es la gran burla a la historia de los horrores. Hay quien todavía le cuesta pronunciar la palabra “genocidio” o abrir debates ridículos sobre la participación o no en Eurovisión (magnífica la decisión tomada por RTVE). Cada debate sobre qué hacer con el gobierno de Israel y Netanyahu, sin que haya un acuerdo europeo, supone una respiración asistida para este brutal dictador. Hemos visto lo inimaginable: no solamente se deja morir de hambre a una población, a miles de niños que están desnutridos y mutilados, sino que además se les dispara en las malditas “colas del hambre”.

Con todo ello, nos encontramos que el primer país del mundo, la que hasta hace poco era la mayor sociedad democrática (hoy no lo es), vulnera continuamente los DDHH con su presidente Trump a la cabeza.

Acciones como la burla y el rechazo a la prensa libre; las presiones internacionales a países; la retirada de organismos internacionales; el ataque indiscriminado a lanchas en aguas internacionales; la amenaza a países como Venezuela (independientemente del enloquecido de Maduro) con el fin de negociar con el petróleo; el chantaje sobre elecciones democráticas presionando abiertamente para que salga su candidato favorito; el centro de detención de Guantánamo o ahora el controvertido centro de detención migratoria en Florida, apodado “Alcatraz de los Caimanes“; la detención ilegal de migrantes con o sin documentación; las políticas de asilo que no son respetadas por el presidente; el desembarco de militares en ciudades gobernadas por demócratas como la propia Washington; la pena de muerte que sigue activa en EEUU; la retirada de miles de libros y la prohibición de autores por considerarlos revolucionarios (desde Stephen King, Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Margaret Atwood, o George Orwell entre otros); el uso de la fuerza y las operaciones militares en el extranjero; y la cada vez mayor violencia policial, racismo sistémico, altas tasas de tiroteos masivos, discriminación contra personas LGTB, limitaciones en el acceso al aborto, deshumanización de las personas sin hogar o enfermos mentales, …

No, Trump no es un demócrata ni cree en los DDHH. Su actitud es cruel, dictatorial y déspota. Y su política internacional nos conduce hacia un mundo más inseguro.

Frente a ello hay dos actitudes: dejar caer los brazos y pensar que los DDHH son solo papel mojado y un bonito sueño que ha dejado de existir; o coger fuerte la bandera de los DDHH y recuperar así la humanidad en la que la gran mayoría de personas creemos.

Existen sobrados motivos para seguir defendiendo un mundo mejor, más democrático y más justo. Los DDHH nos obligan a mantenernos de pie y no vivir arrodillados.

Ana Noguera

  1. Desamparados Bellver Cebria Says:

    Estoy con Ana Noquera y agradezco su reflexión tan realista que cuesta de asumir en toda su magnitud.
    Leyéndolo hay que tragar saliva y abrazar resquicio de esperanza.
    No todo está perdido hay muchas sinergias que podemos activar trabajando por esos DDHH, y militante en la pedagogía.
    Por el bien del mundo que no será regalado será peleado espacio a espacio y momento amomento.
    ,

  2. Miguel Álvarez Lozano Says:

    Totalmente de acuerdo. Es triste y duro, pero realista y valiente, reconocer que la Humanidad está inmersa en una deriva más que peligrosa. Creo que hacen falta más artículos y reflexiones de este tipo debido a la peligrosa tendencia de los humanos a esconder las cabezas para no ver el peligro, como dicen que hacen los avestruces.

¿Quieres dejarnos algún comentario?

Tu email no será publicado, únicamente tu nombre y comentario.