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Carmen Romero, exdiputada y exeuroparlamentaria socialista: «Pese al gran avance, la mujer siempre debe demostrar el doble su valía»

Romero confía el legado del partido a unas jóvenes que aún afrontan resistencias históricas, y tacha de «barbaridad» criminalizar la inmigración

Carmen Romero López (Sevilla, 1946) visita Gijón con la lucidez de quien ha vivido la política desde la primera línea, como diputada y eurodiputada, y desde el interior del palacio de la Moncloa, durante su matrimonio con el expresidente del Gobierno Felipe González.

Romero, analiza con firmeza los desafíos actuales del partido, advirtiendo que en las organizaciones políticas «la lucha por el poder es la que es» y que las mujeres aún deben combatir fuertes resistencias para demostrar su valía, que parece que siempre debe ser de una forma «doble» a la del varón. Romero hace un llamamiento a la paciencia y al esfuerzo constante, recordando que, en la transformación social, «nada se resuelve en una sola generación».

Fue diputada y eurodiputada. ¿Cómo ve el relevo generacional de las mujeres en el partido?

Creo que estamos viviendo momentos de mucha transición. Las mujeres se enfrentan hoy a nuevos desafíos, pero siguen encontrándose con muchas dificultades, como entonces nos encontramos nosotras. Hay que tener la idea de que hay que seguir trabajando, porque nada se resuelve en una sola generación. Hablamos de una nueva relación entre hombres y mujeres, un contexto que es difícil abordar.

¿Qué opina del contexto actual del PSOE y de los recientes temas de corrupción?

Son problemas que están socialmente ahí. Hay que saber afrontarlos y solucionarlos. El partido siempre ha sabido hacerlo. Estoy convencida de que las mujeres del partido sabrán enfocarlo bien y encontrar soluciones adecuadas.

¿Esto ayudará a que la mujer gane aún más relevancia interna?

Si miramos hacia atrás, las mujeres han tenido un avance inmenso. Nunca hubiéramos imaginado llegar al punto en el que estamos. Pero eso no significa que no siga habiendo resistencia dentro de los partidos, porque al final la lucha por el poder es la que es. La mujer va a tener siempre que estar peleando mucho por demostrar doblemente lo que vale. Eso va a seguir siendo así, es como una ley de vida. Lo importante es que ese legado de entrega personal de tantas mujeres lo sepamos transmitir.

Usted decidió romper techos y convertirse en diputada cuando era esposa de Felipe González. ¿Cómo recuerda esa decisión?

Fue difícil, aunque yo sabía que no era tampoco un caso único, porque, por ejemplo, la mujer de Mario Soares, en Portugal, también había sido diputada. Por otra parte, me consideraba una ciudadana más y no había ningún impedimento legal para que lo hiciera, y, por lo tanto, me parecía que era bueno luchar por los derechos de las personas. Cada uno tiene que luchar por sus propios derechos, y yo tenía la propuesta de muchas mujeres. Me pareció que era importante entonces dar ese paso y así lo hice.

¿Le costó dejar la enseñanza por la política?

Pensaba que era una etapa transitoria y que volvería a mi profesión, pero duró mucho tiempo. Siempre he echado de menos la enseñanza; de hecho, yo me considero, sobre todo, profesora.

Su discreción en la Moncloa llamó la atención en su momento. ¿Hoy se valoraría más esa actitud?

Es un papel difícil, pero intenté hacerlo lo mejor que pude. Hoy las parejas de los políticos se ven sometidas a un escrutinio bastante grande y es una situación difícil porque todas las relaciones familiares se ven perjudicadas, no solo la del cónyuge, sino también los hijos. Toda la familia se ve implicada y más cuando uno toma decisiones. La profesión política es muy complicada.

Trabajó mucho en temas migratorios. ¿Cómo ve la situación actual en Europa?

Muy mala. El problema de la migración es que ha contribuido a nuestra riqueza actual. La integración es una inversión. No se puede decir que no se van a pagar impuestos y, al mismo tiempo, decir que el problema de la inmigración no tiene solución. No es verdad, tiene solución, pero hay que invertir en ellos.

Hay una ola reaccionaria muy fuerte contra el inmigrante…

Ese discurso tiene muchas contradicciones. Todo el que tiene una pequeña empresa sabe que necesita trabajadores y que hay oficios que los españoles ya no quieren hacer. Es una barbaridad decir que todo el que viene es delincuente. Los que delincan deben tener su sanción o expulsión, pero debemos apoyar a quienes necesitan ayuda, igual que otros países nos apoyaron cuando los españoles fuimos inmigrantes en Suiza, Bélgica o Latinoamérica.

¿Qué opina de la posición actual de España respecto a Israel y el Magreb?

España siempre ha intentado ser un puente entre culturas. Efectivamente, hoy todo eso se ha roto por la extrema derecha que está gobernando Israel en estos momentos.

¿Qué momento de su carrera política recuerda con mayor impacto?

Recuerdo especialmente el atentado de Atocha en Madrid. Celebramos entonces un «Tren de la Amistad» para que alumnos marroquíes nos trajeran un mensaje de convivencia. Lo hicimos porque sufríamos también el terrorismo vasco, pero ante el terrorismo no reaccionábamos como ahora ha reaccionado Israel, que es una barbaridad. Reaccionábamos de distinta manera: el que haya algunos terroristas no quiere decir que todo el mundo sea terrorista. Ese es el problema.

¿Le quedaron en el tintero cosas por hacer en la política?

Muchas, pero ya no soy joven. Uno conoce sus limitaciones y ahora todo este campo le pertenece a la gente joven. Ojalá se lo pudiéramos transmitir así a ellos.

Para cerrar, ¿qué deseo de Año Nuevo tiene para el PSOE y para usted misma para 2026?

Para mis compañeras y compañeros, que sigan trabajando con fuerza y que cuiden mucho la organización. Y en términos personales, tener salud, que es lo más importante. Poder vivir estos años bien, tranquila.

Oriol López
Publicado en El Dia

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