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«Chorreo» histórico al concejal Marí Olano

El concejal José Marí Olano, en la bancada / Germán Caballero

«Las asociaciones de vecinos son unos señores que se han reunido y han decidido que son asociaciones de vecinos, pero no representan a los vecinos. Yo soy vecino de una calle de València, no tengo ni puñetera idea de cuál es la asociación de vecinos, a mí nunca ha venido la asociación de vecinos. Mi madre es del barrio y nadie fue a preguntarle qué le parece esta moción». Estas manifestaciones, en el pasado pleno, del concejal José Marí Olano fue el abono para que la oposición municipal presentara una moción para reprobarle. Obviamente, no se votó y no se ganó, sino una moción alternativa, más genérica, sobre el valor del movimiento ciudadano y que no deja de ser, de forma suave, una desautorización en toda regla a sus manifestaciones.

Pero no evitó el «chorreo» que le cayó al edil en forma de intervenciones de asociaciones vecinales que, ofendidas por la manifestación, acudieron a la llamada de Compromís y el PSOE, a quienes les cayó llovida del cielo una situación que le vino que ni pintada para suscribir la moción y dar la voz a unos colectivos que, aun reiterando argumentos y reclamando puntualmente determinadas reivindicaciones locales, alzaron la voz con dos peticiones: la dimisión del concejal y su retirada como miembro municipal de la Comisión Mixta de Reconstrucción de la dana, atendiendo a que poco puede interlocutar con los vecinos quien no cree en el movimiento vecinal.

El gobierno municipal se tragó el sapo sin mancharse, con esa moción alternativa en la que las seis letras (Olano) no aparecen por ningún sitio, sino un reconocimiento general que podría considerarse una desautorización suave al pensamiento del Concejal de Grandes Proyectos: «reiterar el reconocimiento institucional al trabajo histórico y actual del movimiento vecinal en favor del conjunto de los barrios y pedanías de la ciudad», reafirmando, ahí viene la desautorización implícita, «su papel como interlocutor legítimo y parte esencial de la participación ciudadana», a la vez que acordaban continuar «con la relación de permanente diálogo, atención y colaboración con el tejido asociativo de la ciudad» y «seguir impulsando y garantizando los cauces e instrumentos de participación ciudadana».

Compromís se quejó de que «no corrige el desprecio explícito» y que el texto es «una operación de maquillaje» para «diluir el conflicto», que incluye «la forma de gobernar, basada en reducir la participación ciudadana a la mínima expresión» porque «lo que dijo Olano no es una salida de tono, sino decir en voz alta lo que este gobierno practica en silencio», mientras «se evita deliberadamene a condenar las palabras del concejal Olano» sin «incorporar ninguna medida concreta para reforzar el papel de las asociaciones vecinales». A buenas horas iba el PP a reprobar explícitamente a su edil. Eso no lo hace ni este partido ni ningún otro, sea del color que sea, pero el texto sí que es una forma de rectificarle aunque sea a base de genéricos.

Pero antes llegó el orfeón de críticas. La primera asociación en hablar, hasta quince, fue Campanar. «Repudiamos las declaraciones del señor Olano sobre la representatividad del movimiento vecinal, inconcebibles en un ayuntamiento democrático y plural. Sin el movimiento ciudadano, València no tendría Jardín del Turia, El Saler, sería menos verde y menos habitable. Ustedes continúan pensando que tienen la mejor solución, pero desde el barrios lucharemos por la dignidad».

Desde Malilla, el reproche fue en el sentido de que «debe ser incómodo que unas asociaciones planteen cosas o aleguen hacia las élites. El señor Olano no es ignorante y sabe que en el Derecho, la participación ciudadana es legal, y que pueden dar un vuelco a unas elecciones. El partido del señor Olano lo ha sufrido en primera persona». Y mostró su decepción absoluta porque el edil haga «chistes sobre la labor de unas personas que sí que nos importa la vida» para sentenciar que «el comportamiento del gobierno municipal es autoritario». Siguendo sus palabras metió en el saco a Pérez Llorca Mazón, sin que por allí pasaran, «su partido son unos señoros que se han reunido para hacer de la política su cortijo, que contratan a sus parejas y que desatienden sus obligaciones en comidas interminables».

San Marcelino le pidió, directamente, la dimisión. «El veredicto de las acciones lo darán las urnas. Tenemos el derecho a manifestar nuestra opinión y usted, el deber de escucharnos. Pero nunca vilipendiarnos, como hizo el 24 de febrero. Dimita. Las asociaciones vecinales son democracia y convivencia. Son centinelas de que los servicios públicos funcionen. Si no hay control del poder, no hay democracia. La democracia es proporcional al control que se puede tener sobre sus representantes»

Desde Sant Antoni-Saïdía, le replicó que «frente a sus palabras, en el sentido de que no representamos a los vecinos, está el trabajo desarrollado diariamente y a pie de calle. Escuchando las necesidades de los vecinos para que los barrios sean mejores». Y recordó la presión vecinal para evitar el hotel en las naves de Guatla. «Quizá, como usted es concejal de grandes proyectos, no conozca el trabajo que hacemos en nuestras horas libres. No queremos que se nos tome en cuenta cada cuatro años, cuando votamos. Creemos en la participación ciudadana». Y hasta se solidarizaron la Junta de Distrito de Abastos «que usted preside y le sufren. Cambie o pregunte a sus compañeros que presiden otros consejos»

Hacer «lo que les sale de las webs… de vino»

La presidenta del Palmar afeó que, mientras hablaban «unos se han marchado y otros están mirando el móvil haciendo la compra on line». Y pasó a la crítica directa: «El PP son unos señoros. Le quiero tanto que ya le llamo señoro Olano» y aprovechó antecedentes de su actitud en el pleno: «cuando ustedes hacen lo que les sale de las webs de vino, se pierde nivel de democracia» (en alusión a cuando fue cazado en un pleno consultando una página para adquisición de bebida9. Y le advirtió que «mientras ustedes reclaman el poder, nosotros lo ejercemos. De buen rollito».

El Distrito 26 (Castellar-l’Oliveral) recordó cómo el propio barrio «se sacrificó para garantizar la seguridad de València, con el Plan Sur, perdiendo terrenos y casas, pero no perdimos ni la dignidad ni el sentimiento. Y por eso ahora exigimos respeto y atención».

La Confederacón no lo entiende

«Esto no debería haber pasado, porque no debían haberse pronunciado esas palabras«. Así empezó el representante de la Confederación de Asociaciones Vecinales, Juan Antonio Caballero, severo, pero con un tono más conciliador. «Porque la participación vecinal está en la historia. La lista de logros sería infinita. No hemos entendido su intervención. El respeto al movimiento vecinal es un santo y seña, sea quien sea el que gobierne. Y no queremos que eso cambie. Es para estar orgulloso que haya unas asociaciones, federación y confederación. Es muy importante que lo entiendan todo el mundo. En esta ciudad se han celebrado tres asambleas estatales del movimiento vecinal, encuentros de grandes ciudades, medioambientales. Valencia es acogimiento porque sus asociaciones saben organizar las cosas y porque hay casi siempre un apoyo municipal. Y en mayo, más del 90 por ciento del Congreso, todos menos Vox, suscribieron una Proposición no de Ley de reconocimiento del movimiento vecinal. Y eso, en medio de una polarización política. En este ayuntamiento siempre ha habido respeto en este Ayuntamiento. Y llegamos a acuerdos que cambian los barrios. Si algún concejal tiene dudas, estamos dispuestos a reunirnos con él».

Hablan las víctimas de la dana

Intersindical Valenciana dio opción a las asociaciones de víctimas de la Dana. «Expresamos nuestra preocupación por el nombramiento del señor Olano como miembro municipal de la comisión mixta de reconstrucción. No es una cuestión técnica o administrativa. Es una cuestión de confianza. No se puede poner de intrlocutor a quien cuestiona la legitimidad de las asociaciones vecinales y le reprochó a Catalá que «no fue una alcaldesa de la dana» y que «es una burla» que «nombre a esa persona como representante municial en la Comisión Mixta». Porque «exigimos repersentantes que crean en la interlocución».

Los representantes vecinales se convirtieron en un coro de reproches hacia el concejal de Grandes Proyectos

Los representantes vecinales se convirtieron en un coro de reproches hacia el concejal de Grandes Proyectos / RLV

La representante de Torrefiel se sumó al coro de lo que es una asociación. «No son solo personas que se reúnen. Son la primera línea de particpación democrática. Unos van en coche oficial y otros ven una acera rota. Somos un contrapeso necesario para que se cumplan las promesas» y le pidieron a Olano que hiciera las maletas. «Que presente la dimisión porque no inspira la confianza como interlocutor.

«Enorme soberbia»

Y la representante de La Torre le dijo que «no sabe que usted demuestra una enorme soberbia. Gobernar de espaldas a las asociaciones no es gobernar. Es soledad institucional. Ignorarnos es ignorar la realidad de València. La política que solo utiliza el «aquí mando yo» es una política rancia y desconectada. Las asociaciones seguiremos reuniéndonos y seguiremos llamando a la puerta de su gobierno».

Y fue especialmente dura («es una burla») que «esté en la comisión mixta de la dana. Con sus palabras no se puede estar en una comisión de reconstrucción. Y como no es el único que gobierna «porque su gestión general es bastante criticable, especialmente en las zonas de València afectadas por la dana» y «buscando un adjetivo», habló de «palabras vacías. En la letra pequeña aparece la trampa: mentiras, largas y promesas que son humo. Y no, no hay adjetivo adecuado, pero sí que he encontrado una comparación ad hoc, cuando Jesús, refiriéndose a los fariseos, los calificó de «sepulcros blanqueados, que parecen hermosos pero están llenos de huesos de muertos e inmundicia.

El representante de La Roqueta habló de «indignación«. Para relatar que «nos reunimos en un local prestado un martes por la tarde para plantear soluciones, que gestionamos lo que el Ayuntamiento no resuelve, vemos calidad del aire, movilidad, urbanismo… porque si no lo hacemos nosotros, no lo presenta nadie. Lo hacemos de noche, sin despacho, sueldo, recursos ni agradecimiento, porque nadie más aparece».

«Nos respondió con una carta de cuatro páginas sin ninguna disculpa por el daño que nos hizo con sus palabras. No, no necesitamos su validación, pero esperamos por lo menos un respeto como ciudadanos que emplean su timepo libre en el bien común. Nos duele el desprecio de alguien que no demuestra transparencia. No somos un obstáculo para gobernar. Si le resulta incómodo, quizá el problema no somos nosotros».

Otra entidad global, la Federació de Associación de Veïns i Veïnes habló en nombre de Toni Pla, quien desveló que habían recibido apoyos y solidaridad «desde miembros del propio PP» tras unas manifestaciones «que nos inspiran profunda preocupación, que no es medible como discrepancia o calentón. Es cuestionar la legitimidad de la sociedad civil organizada. Y cuando no hay rectificación es para analizarlo». Y analizar es recordar que «preside una junta de Distrito de la que los vecinos salen espantados y que ahora lo nombran además comisario de reconstrucción».

Enumeró concejales «con los que hemos tenido relaciones muy fluidas» de todos los partidos del arco, incluyendo los actuales populares María José Ferrer San Segundo y Julia Climent. «Ahora mismo la federación deja de mantener la interlocución con el concjeal Olano porque sus manifestaciones de desligitimación es claro. Y le pedimos una declaración de respeto a la participación ciudadana».

Palo también desde Cuidem La Raiosa. «Sus manifestaciones no son compatibles con la democracia. Con ellas se rompe la confianza institucional y se vacía la democracia local. No queremos que sea interlocutor quien niega el valor vecinal».

O desde Abastos: «No somos muy reivindicativos y tenemos cada vez menos confianza en vosotros. La ciudad es cada vez más caótica, menos verde, más turística, menos amable. Pero sus declaraciones son rotundas y despóticas. Lo que tene es miedo a la ciudadanía organizada. Preferimos que esta persona, nada democrática, no forme parte del Ayuntamiento de la ciudad».

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