«El Cabanyal es el barrio de València que ha pasado de 0 a 100 en menos tiempo en saturación turística»
Los residentes del Cabanyal lamentan que la masificación turística haya diluido la identidad del barrio y que los nuevos vecinos, con altos ingresos, desplacen a la población local
«Antes, en el Cabanyal – Canyamelar no quería vivir nadie y ahora solo se construyen edificios de apartamentos para turistas, ni rastro de promociones para gente local. Los hijos del Cabanyal no van a poder vivir aquí a no ser que hereden una casa», lamenta Daniel Adell, presidente de la Asociación de Vecinos del Cabanyal-Canyamelar, uno de los barrios más tensionados en dos aspectos que van de la mano: la turistificación y la falta de vivienda.
“Estamos viviendo un tsunami capitalista que no tiene parangón en el barrio”, sentencia y es que las grúas en el Cabanyal – Canyamelar no cesan en su actividad, pero para construir bloques destinados completamente a viviendas turísticas y residencias de estudiantes vetadas a los vecinos de la ciudad. En su opinión la deriva del distrito “tiene su origen en la gestión de la alcaldesa Rita Barberá”, quien fue primera edil de València entre los años 1991 y 2015. “La jugada está clara -explica- se depauperó la zona hasta límites insospechados para hacerla golosa a ojos de los grandes inversores que compraron pisos a precios ridículos y ahora, después de que la presión vecinal lograse salvar el barrio, se venden y alquilan a precios que una persona trabajadora no puede afrontar”.
El problema es que pese a la reciente normativa municipal que pretende topar y controlar las viviendas de temporada, “no sabemos cómo van a controlar desde el Ayuntamiento de València que se cumpla este reglamento”, una duda que “ya le planteamos al anterior gobierno, al del Botànic” pero que, según Adell “sigue sin una respuesta clara”.
Maletas rodando sin parar
El enfado y la quemazón del presidente de los vecinos del Cabanyal es más que evidente. “Somos el barrio de València que en menos tiempo ha pasado de 0 a 100 en saturación turística, más que Russafa”, se duele.
La presencia constante de maletas rodando por las aceras del barrio ha tenido su impacto, como era de esperar, en el comercio tradicional. La calle Justo Vilar “una artería principal” tiene bajos convertidos en taquillas en las que dejar el equipaje “para que mientras puedan visitar València pero es que también hay tiendas de alquiler de bicicletas”, por no mencionar la conversión de las tascas y bares tan típicamente ‘cabanyaleras’ transformadas en “bares cuquis o cafeterías de especialidad en con precios desorbitados” que pueden permitirse los nuevos vecinos, esos que “vienen del norte de Europa o de Estados Unidos y que trabajan en remoto” con sueldos que triplican o cuadruplican a los de la población local.
Con respecto a la ausencia de tasa turística en València, esa que ha quedado descartada tanto por el ayuntamiento como por el Consell, los vecinos del Cabanyal son tajantes: “es lo que acaba de demostrar que nos toman por tontos” porque para Adell el dinero que se recaudaría con ese impuesto tendría un destino claro: reforzar las líneas del transporte público “como las líneas 31, 32 y 19 de la EMT” y el servicio de limpieza porque “con las reformas de los bajos turísticos y los cambios de inquilinos las calles están llenas de trastos abandonados”, denuncia.
Marina Falcó
Publicado en Levante.emv



