Es indecente e inhumano la utilización del poder de Trump y Netanyahu como indecente e inhumano es el régimen de terror de Irán.
Pero lo nunca visto es la justificación religiosa que ampara a estos señores de la guerra, alimentados de un fanatismo bárbaro, pretendiendo además ser amparados por “su Dios”.
Tres líderes ultraconservadores, arcaicos, retrógrados, sin formación, sin ética, pretendidamente avalados cada uno por su religión. Trump el evangelista cristiano, Netanyahu el judío, y Jameneí el fundamentalismo islámico. Tres dioses como estandarte de la guerra. Si a ellos le sumamos Putin el ortodoxo, ya hemos hecho el cuadrilátero religioso, ultraconservador y fanático al completo. Espero que surjan las voces de los verdaderos creyentes denunciando a la tramposa telepredicadora Paula White, su directora de la Oficina de la Fe de la Casa Blanca, que une a Dios con el dinero y el éxito en la guerra contra Irán.
Mientras los ojos están puestos en Irán, Ucrania sigue sufriendo la invasión de Putin durante cuatro largos años. Y Gaza se desangra llegando al exterminio de su población bajo la crueldad del gobierno de Israel.
Ante ello, la pregunta que debemos hacerle a von der Leyen es cuál es el viejo orden que ha muerto. ¿El construido después de la II Guerra Mundial, que ha sido el orden de la paz, la seguridad y la estabilidad internacional? Y si ya damos por finiquitados los Derechos Humanos, el Derecho internacional, los organismos como la ONU, el papel ético y diplomático de la Unión Europea, ¿este es el nuevo desorden por el que apuesta la presidenta de la Unión Europea?
La apuesta de von der Leyen abre la puerta a la guerra mundial, a la destrucción de Europa, a la desintegración de las democracias occidentales.
Sin embargo, no nos quedemos solo en la superficie de lo que vemos: unos fanáticos y locos que nos han metido en una guerra, dispuestos a masacrar a quien haga falta porque quieren repartirse el mundo, sus riquezas y conquistar más territorios.
Porque a la mayoría de las personas, estemos donde estemos, la guerra nos reportará perjuicios. A quienes les están bombardeando, sea en Ucrania, en Gaza o en Irán, o en los países colindantes que se han visto agredidos por esta última guerra, sus daños son inimaginables y sus pérdidas humanas irrecuperables y dolorosas.
El resto del mundo comenzamos a ver las consecuencias con subidas de precio de combustible y petróleo, de alimentos, de suministros, … en general, un encarecimiento que lo pagaremos de nuestros bolsillos o con ayudas de nuestro gobierno que, al final, son también recursos de la ciudadanía.
Pero no a todo el mundo le va mal. En primer lugar, los tres señores de la guerra, fanáticos fundamentalistas de golpe en el pecho tienen sus bolsillos bien llenos con fortunas extraordinarias, como la que ahora se sabe del nuevo líder de Irán. En segundo lugar, Trump y Netanyahu esperan hacer caja durante la guerra y después de ella, porque es mucho dinero el que se mueve en armamento y posteriormente en reconstrucción. En tercer lugar, y una vez más, los “amigos” serán los que aumenten sus dividendos, como siempre ocurre en las crisis, las guerras y las hambrunas.
Me preguntaba el otro día cómo es posible que la gasolina aumente de precio en EEUU, cuándo es el mayor productor de petróleo y su propio suministrador. Claro, el precio del petróleo se fija en una balanza internacional, y si se ha bloqueado el paso del estrecho de Ormuz, al tiempo que se están bombardeando puntos petrolíferos (que luego pasará mucho tiempo hasta que se recuperen esas instalaciones), aumenta el precio global y, por tanto, los beneficios de quienes venden este producto también en EEUU. Con el mismo coste de extracción y producción, hay un precio mayor de venta. Las petrolíferas americanas se están poniendo las botas a costa de los bolsillos de los propios americanos y del resto del mundo.
A Trump no le preocupa tanto cómo sorteen la crisis sus compatriotas, sino cuánto beneficio obtendrán sus principales amigos.
La reconstrucción de Ucrania será un negocio para las empresas que opten a ella. Y Trump tiene el ojo puesto en una negociación con Putin. En Gaza, Netanyahu y Trump ya sueñan con un paraíso de hoteles, clubs y playas selectas. Y en Irán, de momento, el dinero en armamento que EEUU está gastando es alarmante, lo que supone nuevas inversiones para las empresas armamentísticas. En una entrevista reciente, la NBC News le pregunta directamente a Trump si piensa incautar el petróleo iraní, y en su respuesta no descartó la idea.
La factura de EE.UU. en munición subió a 5.600 millones en los dos primeros días de guerra. Esta guerra es un enorme añadido en beneficios para las empresas bélicas americanas. Qué más dan unas cuántas muertes o la destrucción de ciudades. A eso se le llama “daños colaterales”.
Sin duda, esa era la finalidad con la que Trump pretendía que los países de la OTAN alcanzáramos el 5% de inversión en armas: para financiar sus empresas y emprender nuevas guerras con el fin de hacerse el “amo del mundo”.
Los fanáticos, con la bendición de los fundamentalistas recen al dios que recen, pretenden conquistar el poder y llenarse los bolsillos a costa de la vida de miles de inocentes.

Nunca hubiéramos imaginado un retroceso tan enorme en el nuevo orden mundial. Cada día que pasa desciende el nivel de raciocinio y caemos en picado en un túnel de irracionalidad y fanatismo.

