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Ningún demócrata debería justificar el ataque de Netanyahu y Trump a Irán

Una escuela primaria de niñas en Minab (Irán) fue bombardeada el 28 de febrero. Más de 150 personas fueron asesinadas. / Redes sociales

Los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán se han cobrado ya centenares de muertos. El horror de cualquier guerra y sus matanzas vienen en esta ocasión acompañados por algo que causa estupor. La alegría y el entusiasmo futbolero con el que los políticos de la derecha y la extrema derecha global aplauden cada nueva explosión con todo su aparato de sangre y dolor. Es difícil saber si lo que les alegra tanto es la muerte en sí o la demolición del derecho internacional. La excusa de que la operación ilegal trata de liberar a las mujeres iraníes de la tiranía teocrática suena bien, si no fuera porque en el primer día de bombardeos fueron asesinadas más de 150 niñas que asistían a clase en el colegio Shajare Tayebé de la localidad de Minab, al sur de Irán.

La II Guerra Mundial, con más de 50 millones de muertos, los horrores del nazismo y la brutalidad de las bombas nucleares sobre Japón, terminó de convencer a muchos países de la necesidad de someterse a unas normas comunes basadas en una idea universal y compartida de lo que es justo. El orden mundial creado entonces se sostiene en dos patas; el reconocimiento de los derechos humanos y la renuncia de los Estados al uso unilateral de la fuerza. Se trata, en esencia, de crear unas condiciones de vida que no estén sometidas al capricho y el interés del más fuerte o el más bruto. La estabilidad, la seguridad y el progreso de nuestras sociedades se han basado desde entonces en tales premisas.

El respeto al derecho internacional supone que ningún país –ni siquiera arrogándose el supuesto papel de defensor de la democracia– puede lanzar operaciones militares en el territorio de otro. Desde esta premisa, el ataque contra Irán es jurídica y moralmente inaceptable y pone las bases de un orden mundial que solo puede traer inestabilidad y, acto seguido, sufrimiento universal.

Poco importa que no compartamos el sistema político iraní. La dictadura de la república islámica es alienante y miserable. Nadie que defienda los derechos humanos puede justificarla. Pero tampoco hay justificación para el genocidio palestino que está desarrollando Israel en Gaza, ni para secuestrar al presidente Maduro, ni para las redadas contra extranjeros ordenadas por el gobierno Trump. No estamos ante un conflicto entre defensores de los derechos humanos y tiranos que los vulneran, sino ante un movimiento imperialista y neocolonial destinado a defender los intereses económicos y estratégicos norteamericanos y, por ende, israelíes. O viceversa.

Detrás de esta agresión se vislumbran, además, impulsos poco meditados de un imperio en decadencia necesitado de buscar legitimación; incluso intereses personales de un Donald Trump acosado por su abrumadora presencia en los papeles de Epstein y por el fracaso de sus promesas económicas.

Por eso es difícil de entender en términos políticos la alegría belicosa de la derecha española y europea. Parece que anteponen el instinto de tener contento al imprevisible e irascible presidente estadounidense sobre la estrategia política a medio plazo. Porque dinamitar el orden internacional solo puede traer una inestabilidad en la que Europa tiene todas las de perder. Se empieza por aplaudir al caudillo cuando lanza sus bombarderos sobre las ciudades persas y se le acaba permitiendo que ocupe Groenlandia, que se quede con los minerales ucranianos o que nos obligue a comprar las armas que le sobran a su industria. Los conservadores europeos, pusilánimes, están legitimando el uso de la fuerza, y ya ni sorprende ver que Francia, Alemania y Reino Unido se suben al carro renunciando no solo al derecho internacional, sino también a los derechos humanos como base de nuestro sistema político. Peleándose por ser el más servil pueden estar abriendo la caja de pandora de un mundo sin reglas ni humanidad, y por tanto mucho menos seguro.

Moralmente, da auténtico asco ver a los vasallos de Netanyahu y Trump justificar el asesinato de niños. Y que Alemania haya dado refugio a Netanyahu en vez de detenerlo solo indica que, en su depravada escala de valores, las matanzas parecen más fácil de justificar si las niñas y niños son musulmanes. Europa no ha tardado nada en renunciar a esos mismos valores europeos de la ilustración que dicen querer imponer a los inmigrantes. Ha bastado la aparición de un patán caprichoso e imprevisible para que toda esta gente de orden renuncie a los valores y a la humanidad para contentarlo.

En estos tiempos, quienes denunciamos las masacres, los bombardeos indiscriminados y las iniciativas bélicas arbitrarias somos los únicos defensores del derecho internacional. Celebramos que España sea el único país occidental que ha osado rechazar la nueva aventura criminal del eje sionista-colonialista. Nos toca defender un sistema democrático que a menudo consideramos injusto e incapaz de repartir el bienestar, pero cuyas bases al menos garantizan un mínimo de humanidad. Ningún demócrata debería apoyar ni justificar el ataque a Irán, igual que ninguna persona decente puede alegrarse por estas masacres.

Publicado por la Editorial de Ctxt

 

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