En los años 50 del siglo pasado, cuando China era el segundo país más pobre del mundo, el tablero global estaba dividido en dos partes muy definidas: Occidente y el capitalismo, representados por EEUU como líder y la Unión Europea que, en su reconstrucción después de la II GM, se convertía en la referencia mundial en los Derechos Humanos y en el pacto político-económico en torno a una economía keynesiana. Enfrente, el comunismo representado por la URSS.

En el año 2000, esta situación ya había cambiado de forma significativa. Desaparecido el bloque soviético, la división es bien distinta. Sigue Occidente representando la economía capitalista con los mismos países que lo representan. Sin embargo, enfrente, como un modelo alternativo, ya se encuentra China con un potencial en desarrollo extraordinario.

El nuevo siglo se caracteriza por dos fenómenos imparables: China como gran país que ya se ha convertido en la segunda potencia del mundo. Y la tecnología representada fundamentalmente por las redes sociales y la Inteligencia Artificial. Los nuevos conflictos mundiales se dirimen en torno al potencial tecnológico, a la propiedad de las tierras raras, a la capacidad de innovación, al uso de la IA.

En la actualidad, cuando ha pasado un cuarto de siglo, el tablero geopolítico vuelve a moverse sin que sepamos ahora mismo cómo se configurará de nuevo.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha generado una alteración preocupante de lo que pueda ocurrir. Occidente ya no es un bloque sólido de aliados y países socios que comparten una política democrática común, una economía capitalista de mercado y unos derechos humanos. EEUU y la Unión Europea se enfrentan por primera vez desde la II GM. La invasión de Rusia a Ucrania y el conflicto Israel-Palestina son dos graves escollos que obtienen una respuesta diferente desde el gobierno Trump y desde los países europeos.

La alianza occidental se ha roto. Ya no hay socios amigos que compartan una visión común sobre la construcción política-económica del mundo. Trump deshace su alianza en las instituciones internacionales, incluso pone en riesgo la defensa común en torno a la OTAN. Incomprensiblemente, sus nuevos socios son sus antagonistas: Rusia y Corea del Norte, entre otros. Aquellos que representan un gobierno alternativo al democrático. Las razones hay que buscarlas en los intereses personales y ambiciones de Trump así como su falta de convicción en la democracia y los derechos.

Europa busca reforzarse en solitario, encontrar un hueco entre dos grandes gigantes que hoy compiten entre ellos por el reparto mundial: EEUU y China.

Si la política amenazante de Trump, con aranceles, amenazas, pérdida de relaciones diplomáticas con el resto de los países del mundo sigue en alza, ¿cuál será el papel de China en este nuevo orden mundial? Una vez más, la prudencia china contrasta con la bravuconería que llega del oeste americano. El mundo ya no ve a China como una amenaza porque ha surgido otra más fuerte, EEUU.

Lo que sí veremos en breve es la relevancia de China, ya no solo como líder de los países en desarrollo, sino como posible socio económico de los países europeos. Cuál sea su influencia mundial dependerá de su capacidad estratégica y de que sepa erigirse como una influencia, no solamente económica-tecnológica, sino también de bienestar para la ciudadanía perdedora de la globalización.

Tan importante es el fondo amenazante de Trump como sus formas agresivas y maleducadas. El nuevo mundo que debe surgir no puede construirse sobre amenazas, fanatismos, egoísmos y gente enloquecida sin ningún tipo de empatía. Eso solo conducirá a la guerra.

Europa está en estos momentos en crisis. Pero no está vencida. Me alegra ver que muestra resistencia, que se moviliza rápidamente, que hay capacidad de mostrar una posición, que todavía hay gobiernos implicados en la defensa de los derechos humanos. Y que la ultraderecha europea, en auge electoralmente, se encuentra entre las cuerdas por las posiciones trumpistas que le obligan a elegir entre la barbarie del oeste americano o la defensa de su propio egoísmo. Es lo que ocurre cuando lo único que te une es el odio.

El mensaje más certero lo ha resumido bien el presidente Pedro Sánchez: “si queremos que Europa proteja es la hora de proteger a Europa”. Solo de las crisis surgen nuevas oportunidades.

Pese a las grandes amenazas de la mala gente, hay resistencia y ganas de no bajar los brazos, de no permanecer en silencio. El futuro está hoy más abierto que nunca: ¡escribámoslo!