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Tani Batlló – “Las sinsombrero”

“Las sinsombrero”

Autora: Tania Batlló

Editorial: Espasa. Año: 2016

Tania Balló es una productora y directora de cine catalana que ha dedicado buena parte de su tiempo a la realización de un reportaje sobre Las Sinsombrero, documental publicado en TVE dentro de su programación ordinaria. La presente publicación viene a complementar dicho esfuerzo. https://www.rtve.es/play/videos/las-sinsombrero/exilio/5812547/

La investigación realizada ha conducido hacia una serie escrita de biografías de escritoras que tienen muchos lazos en común y que afloraron, simultáneamente en el tiempo en torno al primer tercio del siglo pasado. Esos años configuraron un período de modernización de España. Fue el arranque de una época en que la mujer alcanzó el máximo nivel de eclosión personal y social respecto a los años anteriores. Podemos citar una larga lista de conquistas entre las cuales podemos citar su salida del entorno familiar, el acceso a los estudios universitarios, la mutación de las costumbres, la equiparación de los derechos entre personas de diferente sexo, el acceso a la coeducación en las escuelas, la emancipación del sexo, la libertad de amar a personas del mismo. o diferente sexo, la aprobación del divorcio y el derecho al aborto. El acceso al voto femenino en las elecciones, y su emancipación económica fueron decisivos.

Todo ese compendio de cambios que acabaron con todo lo anterior fue visto, con la perspectiva del tiempo, como un proceso revolucionario. La sociedad que hasta entonces era ajena a todos estos movimientos, comenzó a contemplar la sociedad desde otras perspectivas. Hasta entonces los parámetros eran los de una sociedad agraria y pobre con abundantes diferencias sociales, que arrastraba un alto nivel de analfabetismo, no solo entre las mujeres, sino también entre los varones.

Este proceso evolutivo ya había tenido algunos antecedentes en países más industrializados, sobre todo en UK y en USA, donde la influencia emancipadora de la mujer acabó empujando a sus respectivas sociedades a alumbrar procesos no conocidos hasta el momento. Todo ese flujo de influencias llegó al continente europeo constituyendo un potente movimiento globalizador que fue amplificándose por las consecuencias derivadas de la I Gran Guerra y a caballo de todos los progresos sociales de los años posteriores.

Ya había habido algunos signos que se hicieron presentes en España antes, como fue que la creación en 1903 del Instituto de Reformas Sociales y en 1907 de la Junta de Ampliación de Estudios. Ambas entidades propiciaron un contexto reformador imprescindible para modernizar el país. Por otro lado, la Real Orden de 8 de marzo 1910 marcó un hito fundamental, autorizar el acceso libre de las mujeres a la educación secundaria y universitaria, garantizando la matrícula oficial y validez de sus títulos.

Hasta ese momento casi todo proceso modernizador era un tema vedado para la mitad de la población. Las que lo intentaron tuvieron que disfrazarse de hombres o pedir una dispensa especial a las autoridades académicas. Es conveniente conocer las limitaciones sufridas en el siglo XIX, hecho reconocido por varias escritoras como Fernán Caballero, Carolina Coronado o, Concepción Arenal. Algunas como en este último caso, Concepción Arenal consiguió llegar a ocupar cargos públicos en el ámbito de la tutela de menores, y en la tarea de reformar las prisiones españolas.

En el mundo del periodismo y de las artes y las letras cabe citar las penalidades de algunas autoras que nos han dejado como reflexión sus dificultades para publicar sus columnas periodísticas, o sus textos, teniendo que hacerlos a través de pseudónimos, sin contar sus carencias para llegar al mundo editorial del momento. Son los casos de los testimonios recogidos de Carmen de Burgos (Colombine), María Cambrils, o Emilia Pardo Bazán. Fue un deshielo lento, difícil y doloroso al que tuvieron que asomarse las jóvenes generaciones nacidas al calor del nuevo siglo.

Muchas de estas perspectivas individuales, generacionales y sociales quedaron mutiladas por la guerra civil y sus consecuencias. A partir de ese momento desaparecieron prácticamente todos los logros conseguidos siendo sepultados todos ellos a partir de 1939 por la victoria del general Franco. Las consecuencias de la guerra civil fueron tan disruptivas, y de tal magnitud, que la mujer quedó arrumbada socialmente al entorno familiar como si fuera un mueble, destinándose su futuro vital al matrimonio y a la crianza de los hijos, constituyendo poco más que un apéndice del varón. A partir de ahí todo devino para ella en una prisión social que duró muchos años.

Este texto de Tania Batlló viene a recoger las vicisitudes vitales, sociales y artísticas de 10 mujeres de la generación del 1927, a las que dedica un breve recordatorio de sus biografías. Es una obra de otros tantos capítulos, con un epílogo final con el que cierra la obra. La prosa es concisa y escueta. En ella la autora decide resaltar los hechos más significativos de cada biografía, recogiendo en algunos casos los datos sobre sus aportaciones de sus obras y del entorno social y generacional que le tocó vivir y en el que fueron creadas.

Acabada la guerra civil, muchas de ellas fueron a parar al exilio del que volvieron muy tarde, unas en el periodo anterior a las primeras elecciones democráticas y otras más tarde. En cualquier caso, comprobaron que el olvido había constituido un manto de silencio que se había extendido por igual a sus vidas y a su producción intelectual. Así lo cuenta Maruja Mallo en su retorno a España. Sus recuerdos son los mismos que quedaron recogidos en La Gallina ciega, obra de memorias de Max Aub, dónde relata cómo encontró España cuando volvió. Era una sociedad desconocida, que le ignoraba tanto a él, como a sus libros

El exilio, tanto interior como exterior, había producido un borrado social e intelectual de las biografías y de las obras de todo aquel tipo de sujetos, varones y mujeres, que no estuvieran en el entorno de la Dictadura. Este borrado persistió en el entorno del sistema democrático durante un tiempo. La labor de restitución ha durado años y no siempre ha sido completa

La reflexión en el epílogo de la autora es muy significativo: No sé cuántas hojas se necesitan para recoger la vida de todas aquellas mujeres que formaron parte de una época que cambió el rumbo de una época. Las Sinsombrero fueron muchas, todas ellas eran conscientes que el proceso no era fácil, pero en su descargo hay que decir que las circunstancias sociales y políticas no les acompañaron.

Sus sueños están vigentes en el tiempo. No se rindieron y lograron ser ellas mismas a pesar del medio hostil en el que se desarrollaron sus actividades vitales e intelectuales en medio de una sociedad que no se lo puso fácil. Incluso después. Siguieron reivindicándose a pesar del tiempo transcurrido, del paréntesis de la Dictadura, y del borrado de su imagen y de su obra.

Conocerlas no nos puede dejar indiferentes, nos permite mirar hacia atrás con fortaleza y con admiración, e incluso, con una sonrisa. El libro relata ciertas anécdotas que alimentan el pensamiento y aportan una gran cantidad de matices olvidados, que constituyen un arqueo de la riqueza de nuestro país y de sus gentes. La lectura de este relato constituye también un espacio de remanso reconfortante y un reencuentro con sus protagonistas y con nuestro propio pasado.

Las Sinsombrero simboliza un conjunto de escritoras de la generación del 27, por tanto, nacidas a finales del XIX o principios del XX. Acuñaron su denominación con motivo de un cambio en las costumbres femeninas. Ninguna mujer era bien vista en ese tiempo de los años 20 si al salir a la calle no iba ocultando sus cabellos bajo la presencia de un tocado. El evento quedó acuñado según las crónicas, cuando Maruja Mallo, Margarita Manso y alguna acompañante más hicieron acto de presencia en la Puerta del Sol sin llevarlo sobre sus cabezas. Fueron vituperadas con acritud y con todo tipo de insultos. Ellas disfrutaron con gran regocijo de la transgresión y del momento. Ese afán rompedor fue una constante en esa generación. Así quedó como constancia para la historia de toda una generación.

Pedro Liébana Collado

 

 

 

 

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