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Antonio Amat – “La primavera de Munich”

“La primavera de Munich”

Autor: Antonio Amat

Editorial: Tusquets – Año: 2016

Antonio Amat es un filólogo que estudió en la Universidad de Barcelona lugar donde empezó a investigar las huellas y los rastros historiográficos de muchos intelectuales catalanes y españoles de la mano de Anna Caballé, brillante profesora, biógrafa y ensayista, lo que le llevó a conocer sus obras.

Una de las obras de Amat, fue el “El hijo del chofer”. Este libro constituye uno de sus trabajos más relevantes para conocer muchos datos de la vida y de la narrativa de Josep Pla y su influencia en la cultura y política catalana.

En este caso de La primavera de Munich, el autor bucea en los encuentros de la oposición política al franquismo de 1962. La inmensa mayoría de los grupos de oposición a Franco estuvieron allí representados El único grupo que no fue invitado en ese encuentro fue el PCE, asunto que envenenó las relaciones entre este y el resto de los partidos políticos clandestinos.

En la introducción de esta obra el autor nos aproxima en primer lugar a sus prolegómenos de este evento. El arranque fue a partir de la huelga estudiantil de 1956, y de la puesta en libertad vigilada de Dionisio Ridruejo. Este dirigente falangista había proclamado su disidencia pocos años después de acabada la guerra civil, cuando determinó separarse del sistema político triunfante, lo que le condujo después a formar un partido clandestino de cierta influencia socialdemócrata entre los disidentes del régimen.

Uno de los organizadores de evento de Munich, fue Pablo Martí Zaro como responsable de la entidad convocante, la denominada Asociación del Congreso por la Libertad de la Cultura. Esta Institución se constituyó en París con fondos remitidos por fundaciones americanas, y con la sombra de sospecha de haber sido impulsada por la CIA. El objetivo era emprender una fórmula para propiciar la alternativa democrática al sistema político del general Franco, e instrumentar en el ámbito cultural una visión diferente a la propiciada por los comunistas.

Andando el tiempo, con poca o nula financiación de la central de París, y en las postrimerías del franquismo, y durante los primeros años de la democracia, Pablo Martí Zaro acabó perdiendo los apoyos necesarios para dar continuidad a su tarea, quedando ésta, finalmente, como una entidad residual.

Desde 1962 y durante algo más que una década, Pablo Martí siguió impulsando la promoción de publicaciones y conferencias contra la Dictadura. La resultante fue tan negativa económicamente, que al final el promotor tuvo que cargarse personalmente con el resultado de ese fracaso, sumando a su patrimonio préstamos y favores, que nadie le reconoció. Al final pese a ser repuesto como funcionario, todo se fue al traste, y con ello, su salud y su vida. Murió arruinado, sin reconocimiento y sin apoyos en el año 2000.

En cuanto al encuentro en Munich de 1962, el evento fue aprovechado por todos los dirigentes e intelectuales del momento para hacer una puesta en común con varios fines. Establecer una alternativa democrática que abriera el paso a unas elecciones libres en España, y también para proponer la conexión de la oposición política española al Movimiento Europeo, cuyo fin tenía por objeto difundir los valores del Tratado de Constitución de la UE. Establecer una alianza cultural y política contra el régimen de Franco, era en ese orden, lo primordial. El régimen quedó sorprendido por la magnitud y número de los asistentes, que los medios afines al Régimen obviaron. A tal evento los medios afines la Dictadura despacharon el asunto con el silencio, o con algún suelto en la prensa calificándolo como el Contubernio de Munich.

Al final de este encuentro, las autoridades españolas del momento actuaron enérgicamente contra sus participantes, reprimiendo de diversas formas a todos lo que pudieron localizar. Unos fueron detenidos a su llegada a Barajas, otros fueron, además, desterrados, y no pocos se quedaron en Francia, en el exilio, ante el temor de ir a la cárcel, o ser sometidos a torturas. El propio Pablo Martí, fue expulsado de la carrera como funcionario. Tuvo que ganarse después la vida como pudo. Hay que recordar que el régimen de Franco, en 1963 aun ajustició al dirigente comunista Julián Grimau, después de ser torturado en la DGS y ser sometido a instancias de un tribunal militar. La causa se formuló a partir de los antecedentes de su vida como policía durante la II República. Idéntico final tuvieron en esas fechas dos anarquistas, Delgado y Granado, ajusticiados en Madrid a garrote vil.

No obstante, en ese encuentro en Munich, asistieron por primera vez aquellos miembros de diversos partidos de derechas e izquierdas, con el compromiso y el tono de una cierta reconciliación, a pesar de que se habían enfrentado durante la II República, e incluso, durante la guerra civil, de una manera sangrienta, e inmisericorde, tomaron entonces partido en bandos diferentes.

Allí estuvieron Gil Robles, y otros dirigentes destacados de la derecha católica de la CEDA, junto con otros monárquicos, liberales, socialistas y una amplia gama de sensibilidades políticas diferentes.

Antonio Amat en este largo trabajo incluye todo tipo de datos para que el lector contemple la magnitud e importancia del momento frente al desprecio de los medios de comunicación y del propio régimen franquista. Allí se tejió el embrión de una fórmula política de alianzas que en la Transición política alcanzó su mayor éxito con la constitución de la Plata-Junta, un acrónimo de dos entidades diferentes que acabaron convergiendo al final de los años 70. Una, La Junta Democrática, encabezada por el PCE, y otra, la Plataforma de Convergencia Democrática, formada por varios partidos también, con el PSOE a la cabeza.

A Antonio Amat todo este asunto comenzó a interesarle a partir de 2006. Había localizado unas referencias sobre ese evento a cargo de Josep María Castellet dentro de la nómina de intelectuales catalanes, y de José Luis López Aranguren, otro de los testigos en aquel evento. Otra de las fuentes fue la documentación aportada por el padre de Mariá Manent, amigo de Carles Riba, ambos poetas. El padre del poeta Manent, resultó ser miembro destacado del comité organizador (Actas, conclusiones, notas etc..). Con ayuda de Jordi Gracia y los archivos de Dionisio Ridruejo en Salamanca, se pudo abordar el grueso de toda esta investigación. El autor relata todo ese conjunto de contactos de aproximación hacia los contenidos que alberga este libro.

Uno de los conceptos barajados en este congreso y en sus consecuencias, fue la valoración de en qué modo la guerra fría había incidido sobre los intelectuales, disidentes, del régimen franquista, no solo en su pensamiento, sino en su obra. Y como este asunto del comunismo del bloque del Este, que estaba sujeto a controversia entre los intelectuales españoles tuvo la intensidad y profundidad de sus homólogos franceses.

Otro de los animadores entre otros muchos del Contubernio de Munich fue el valenciano Julián Gorkín, un intelectual y activista de ideología troskista (Antiestalinista y discípulo de Andrés Nin) que sobrevivió a la Guerra Civil y que ha dejado bastantes materiales en la Fundación Pablo Iglesias. Algunos de sus flecos y aportaciones afloran en la obra de Martínez de Pisón “Enterrar a los muertos”.

Todo este estudio con sus pormenores y detalles, ha compuesto un collage imprescindible para entender la lucha contra el régimen de Franco en los años 60 y posteriores, no solo en las implicaciones ideológicas y políticas sino en la influencia entre la cultura y la visión de los intelectuales desafectos al Régimen político, cuyo caldo de cultivo fue consolidándose desde entonces hasta la llegada de la democracia, y desde esos años, a la Transición política del Régimen.

Antonio Amat reconstruye lo que 118 personas debatieron en Munich, en los primeros días de Junio de 1962, en el Hotel Regina. Allí se inició el camino que aún tardó 15 años en aflorar y abrirse paso en el panorama político español. Este movimiento pluripartidista y heterogéneo, con vencedores y vencidos, culminó su andadura en la convocatoria de las primeras elecciones democráticas. Fue a la vez un fracaso y una esperanza para poner punto final a una larga Dictadura.

Pedro Liébana Collado

 

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