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Los EUA1 : El gran valedor de Israel

Tras el Mandato británico sobre Palestina, la ONU asumió el «proceso de paz» entre israelíes y palestinos, aunque nada consiguió.

La falta de soluciones desembocó en la Naksa (para los palestinos) o Guerra de los Seis Días, entre el 5 y el 10 de junio de 1967. Tras un ataque aéreo, Israel derrotó a una coalición formada por Egipto, Siria y Jordania, y ocupó Cisjordania, la Franja de Gaza, Jerusalén Este, el Sinaí y los Altos del Golán (en territorio sirio). Fue un corte brutal al débil «proceso de paz» y toda la Palestina histórica y más de un millón y medio de personas quedaron bajo control israelí.

Entonces, aparecieron los EUA…

Tras el ataque israelí, el Gobierno exigió el control del área ocupada sin ampliar los derechos civiles de los palestinos ni concederles la ciudadanía plena. A continuación, instauraron un régimen militar sobre los palestinos mientras se construían más asentamientos judíos.

El Gobierno estadounidense entró en el «proceso de paz» cuando Israel se retiró de los territorios ocupados porque quería conseguir acuerdos con Jordania, Egipto y, desde 1990, la OLP. Sin embargo, su actuación fue desastrosa a causa del fuerte control ejercido sobre el Congreso estadounidense por los lobbies sionistas i del contexto de «Guerra Fría» que vivía el mundo.

Cada vez que se reiniciaba el «proceso de paz», se partía de cero, lo que favorecía a Israel, porque mantenía el territorio ocupado, se apoderaba de más, expulsaba a los palestinos y practicaba brutales limpiezas étnicas.

En cuanto a las conversaciones, Israel se negaba a aceptar todo lo que significase igualdad de derechos, retorno de palestinos a sus tierras o acuerdos de la ONU. Solo Jimmy Carter, George Bush padre y Barak Obama se atrevieron a imponer restricciones a Israel, pero nada consiguieron.

Peor aún: a medida que los asentamientos de colonos judíos aumentaban, el Gobierno sionista afirmaba que eran ampliaciones de los anteriores y el Congreso estadounidense era demasiado proisraelí para oponerse, ya que recibía importantes aportaciones económicas de los lobbies sionistas.

El «proceso de paz» nunca fue tal y solo sirvió para impedir una guerra abierta y total, mientras los israelíes iban extendiéndose cada vez más y jamás estuvieron dispuestos a ceder nada de lo conquistado.

La «receta» estadounidense para la paz consistía en concederle un grado de autonomía mínimo a una pequeña parte de la Palestina histórica —ni siquiera soberanía—, pero sus fronteras serían las impuestas por Israel. Si Palestina no lo aceptaba, se la castigaría con una oferta peor en la siguiente reunión. La mediación estadounidense, por tanto, jamás presionó a Israel y las aspiraciones mínimas de la inmensa mayoría de palestinos jamás fueron consideradas dignas de debatir.

Los Acuerdos de Oslo (1993 – 2000)

En 1987, la desesperación palestina llevó a un levantamiento que culminó en dichos Acuerdos, que fueron una auténtica farsa, pues Israel los utilizó para normalizar su ocupación y construir más asentamientos.

La Segunda Intifada (2000)

Fue consecuencia de la farsa. Israel respondió con brutalidad asesinando a más de 3000 personas. Ante la falta de progresos, la población palestina buscó estrategias alternativas que condujeron a la creación de grupos armados islamistas.

Causas del debilitamiento del «proceso de paz» a principios del siglo XXI

Los EUA perdió interés por Palestina cuando tuvieron lugar los atentados del 11 de septiembre de 2001; para los estadounidenses fue muy traumático comprobar que ya no eran «invencibles» y los sucesivos Gobiernos se centraron en una «guerra contra el terror» en Irak y Afganistán que tuvo un coste devastador.

Otros factores de dicho debilitamiento fueron la recesión de 2008, que sembró el caos entre la ciudadanía estadounidense y provocó su polarización, la primera elección de Donald Trump (2016) y la pandemia del covid-19 en 2020.

Israel aprovechó estas crisis extremando la judaización de Cisjordania y la Gran Jerusalén, sin molestarse en disimular sus objetivos. La sociedad israelí no se resistió y hubo un fuerte viraje hacia la derecha política que afectó a palestinos y judíos. Sobre todo, a los primeros, violentamente reprimidos. Mientras tanto, aumentaban los asentamientos de colonos judíos en Palestina, ocupando Cisjordania y aislando la Franja de Gaza del resto de Palestina. Hay 700.000 israelíes viviendo ilegalmente en Cisjordania e Israel pretende duplicar la población colonial en los Altos del Golán de Siria.

En 2005, Israel se retiró de la Franja de Gaza unilateralmente para reducir el coste militar y financiero de mantener la ocupación, frenar las crecientes bajas por los constantes enfrentamientos con grupos palestinos y hacer frente a la presión demográfica árabe. Esta decisión causó una pobreza generalizada en ambos grupos poblacionales.

En las elecciones de enero de 2006, Hamás se impuso en el Consejo Legislativo Palestino e Israel respondió con un asedio sobre la Franja bloqueándola por tierra, mar y aire y convirtiéndola en una cárcel al aire libre.

Situación actual

Casi toda la Palestina histórica está bajo dominio israelí y la población palestina sufre una segregación de facto. En los territorios ocupados ilegalmente, ya hay varias generaciones de colonizadores y ha aumentado la población israelí.

Los asentamientos judíos se construyen con violencia y expropiando grandes propiedades palestinas. Utilizan patrullas armadas civiles —Juventud sobre la Colina («Noar Havat» en hebreo)— que intimidan, incendian, talan olivos, agreden a los labradores palestinos y los expulsan de su territorio.

Son la vanguardia del Movimiento Religioso Sionista, fuerza política muy importante en Israel que quiere colonizar Cisjordania y convertirlo en una teocracia judía.

A medida que Israel se derechiza, la situación de los palestinos empeora. Incluso muchos políticos del Departamento de Estado estadounidense y la misma Casa Blanca han expresado su frustración ante la intransigencia israelí.

La ceguera de los Estados ante el conflicto

Para los estadounidenses «la paz está a la vuelta de la esquina». De hecho, si Hamás no hubiese atacado el 7 de octubre de 2023, los EUA no habría salido de su creciente indiferencia hacia la región. Sus Gobiernos no solo no han conseguido la paz, sino que también han destruido activamente cualquier solución viable.

En cuanto al resto del mundo, muchos gobiernos ya habían claudicado en búsqueda de una solución y se quedaron en compromisos retóricos. Los mismos Estados árabes empezaron a normalizar relaciones con Israel.

Ante el fracaso de la diplomacia mundial, han aparecido y crecido grupos de resistencia armada (considerados como terroristas por Occidente) que, ante la indiferencia mundial, ya no ven sentido en la existencia de dos Estados en Palestina.

La ceguera israelí ante su crisis generalizada

La sociedad israelí considera que el statu quo es el mejor trato encima de la mesa para Israel. Creen que es mucho mejor que hacer cualquier movimiento, lo cual no impide que esté cada vez más dividida y atrincherada. Antes del 7 de octubre, para la mayoría de la población judía el «conflicto» había terminado, si bien, de vez en cuando, recibían una bofetada de realidad: Segunda Intifada, manifestaciones masivas, invasiones frente al statu quo…

Pero Israel es mucho más vulnerable de lo que aparenta y cree que esos desafíos a su autoridad no son síntomas de una crisis profunda, sino amenazas aisladas a su seguridad; y su actitud victimista es entendida como un síntoma de unidad, cuando, en realidad, es una sociedad más dividida que nunca entre sionistas y liberales.

Antes del 7 de octubre, Israel vivía una aguda crisis política, ya que había pasado por cinco convocatorias electorales en tres años y decenas de miles de israelíes salían a protestar semanalmente contra unas reformas judiciales de gran envergadura. El 7 de octubre «salvó» a Israel de una más que probable guerra civil.

Movimientos activistas propalestinos

En cuanto al resto del mundo, hasta octubre de 2023, sus élites no mostraron ninguna preocupación, aunque aumentaban sus movilizaciones los movimientos propalestinos mundiales para protestar mediante iniciativas como la del colectivo BDS (Boicot, Desinversiones, Sanciones), si bien su impacto era muy limitado entonces.

Tras octubre de 2023, Palestina se encuentra en el centro de la atención global, porque no solo está en juego su futuro y el del pueblo palestino, sino también porque han aumentado las grietas en el Estado de Israel.

Veremos qué ocurre los próximos años2

Pepa Úbeda Iranzo

1 Estados Unidos de América.

2 La fuente principal de este artículo ha sido la obra del experto Ilán Pappé.

 

 

 

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