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Ana. R. Cañil – “Si a los tres años no he vuelto”

Libro: “Si a los tres años no he vuelto”.

Autora: Ana. R. Cañil

Editorial: Espasa 2011 

Ana R. Cañil es una joven periodista y escritora española. Ha sido subdirectora de El periódico de Cataluña. Ha nacido en Rascafría (Madrid). Muchas de sus obras han servido para recrear episodios históricos y emotivos de la postguerra española.

En el caso de esta narración la autora recoge los momentos vividos por muchas mujeres en la cárcel de Ventas. Son los años siguientes al final de la guerra civil española.

Para situar al lector en la escena, la autora construye una historia de amor entre dos jóvenes Jimena y Luis, ambos procedentes de familias diferentes. Jimena, es hija de una familia humilde que vivía con su familia en la sierra madrileña, cerca del monasterio del Paular, y Luis es un joven cuyo padre colaboró con la Institución Libre de Enseñanza antes de la guerra. Ambos se conocen a través de los viajes de los miembros de la Institución por los itinerarios y caminos que llevaban en el entorno de Miraflores, el Paular, y Peñalara. Los alumnos a través de actividades de campo recalan en la casa de Jimena dado que su padre los conoce. Luis es uno de ellos. Así es cómo conoce a Jimena, casi una adolescente.

Poco antes del inicio de la guerra, Luis convence a la muchacha para casarse por lo civil y vivir en Madrid, lugar donde les sorprende el alzamiento militar. Sorprendidos por los acontecimientos y visto el desenlace de la guerra en un Madrid sitiado. Luis abandona la capital antes del final de la contienda para pasar a Francia. Su militancia en el partido comunista le empuja a tomar esta decisión antes de correr el riesgo de ser detenido. Dña Elvira, la madre de Luis y de su hermano, Ramón, acaba por denunciar a su nuera adjudicándole la responsabilidad de todo ello. Es una mujer de fuertes convicciones católicas y de ideología muy conservadora. En la huida, Luis deja encargado a Ramón la labor de proteger a Jimena, dada las buenas relaciones de este con las autoridades del nuevo régimen político.

A partir de ahí, los acontecimientos se precipitan hasta el punto que Jimena acaba en la prisión de Ventas, lugar de detención habitual de las presas republicanas en el Madrid de postguerra.

Desfilan por el relato la figura de la directora de la prisión María Topete y algunas de las presas que acompañaron esos años en las celdas de la prisión.  María procede de una familia aristocrática venida a menos. Había pasado la guerra civil primero en las prisiones republicanas y luego bajo la supervisión del cónsul de Noruega, en cuya delegación pasó los peores momentos del comienzo del conflicto civil. Es una mujer de convicciones fuertemente religiosas, que alimentaba una ideología muy reaccionaria. Acabado el conflicto las nuevas autoridades franquistas le encomiendan la dirección de la moderna prisión de Ventas.

La autora del texto ha estudiado la personalidad de María Topete. Es una figura real que dirigió la cárcel de mujeres de Ventas hasta su jubilación en 1964. Por la narración desfilan muchas de las presas que ocuparon las celdas de la prisión, unas políticas, otras comunes, y con ellas, los niños que se les acompañaban hasta los tres o cuatro años.  En ese tiempo muchas serían fusiladas, entre ellas Las Trece Rosas referencia que puede verse en el cementerio de la Almudena en Madrid y que es con frecuencia vandalizado. Llegada la democracia los relatos han quedado recogidos en algunos libros de memoria histórica confeccionado por un pequeño colectivo del PCE. Esa nómina y ese trabajo es el fruto de aportaciones de algunas supervivientes, como Tomasa Cuevas y Juana Doña, que han dejado sus testimonios por escrito.

El texto relata las infrahumanas condiciones en que vivieron durante años. Destaca el relato y el testimonio atesorado por el colectivo de presas supervivientes en la obra “Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas”, un relato sobrecogedor de la memoria histórica recabado a partir de las narraciones de algunas supervivientes.

Muchos de los niños fueron derivados a Instituciones religiosas, a Auxilio Social, o separados de sus madres en contra de su voluntad para entregarlos a familias pudientes, constituyendo el colectivo de niños robados.

La historia discurre entre los malos tratos, el hambre, y las carencias. Eran frecuentes las enfermedades de las madres y de los hijos a su cargo. La tuberculosis, las diarreas, el cólera y la meningitis eran enfermedades comunes, en medio de la presencia de parásitos. Algunas personas y con ellos algunos niños a pesar de ello lograron sobrevivir. El testimonio de las supervivientes ha sido estudiado por la autora con bastante detalle.

En medio de este escenario, Jimena que quedó embarazada de Luis, su pareja, antes de partir al exilio sufriendo el mismo itinerario de las demás. Tan solo su cuñado Ramón hizo lo posible por visitarla y enviarle paquetes de comida y recursos para salvar su supervivencia, resultando infructuoso sus esfuerzos en sacarla de la celda.

La presencia de María Topete, la directora, acaba siendo una sombra sobre ella y su hijo Luisito. Incluso su inquina acaba dando como resultado el envío de Jimena primero a un chalet habilitado de prisión a orillas del rio Manzanares, en la pradera de S.Isidro, y luego a un convento-manicomio en Calzada de Oropesa, a donde fue a parar, finalmente, como resultado de su especial inquina.

La finalización de la II Guerra Mundial, con la victoria de los aliados, fue un momento clave para el Régimen de Franco. Su interés por congraciarse con ellos, y dada la falta de mano de obra, se liberaron muchos presos, pero otros tuvieron que hacer trabajos forzados bajo la supervisión del Patronato de Redención de Penas, organismo que dispersó presos por toda España. En ese tiempo los protagonistas del relato fueron puestos en libertad marchando al exilio mexicano, vía Gibraltar, gracias a los buenos oficios y la intermediación de D. Juan March y de Mr. Hoare, el embajador británico acreditado en Madrid.

El relato recoge incluso muchos momentos de la memoria histórica de este país desfilando en la narración figuras como Matilde Landa, Trinidad Gallego, la comadrona de la prisión, también presa en Ventas, Tomasa Cuevas, Anna Azzati, Juana Doña, por citar algunas de las figuras que compusieron la nómina de las presas de aquellos años. Matilde Landa murió después de innumerables humillaciones, pero otras sobrevivieron a las pésimas condiciones de aquellos años. Se han podido acreditar algunas de las personas que pasaron por allí.

Es singularmente señalado en esos años, la existencia del Patronato de Redención de Penas, organismo inspirado por un sacerdote, el Padre José A. Pérez del Pulgar. Su director, el general auditor, Máxímo Cuervo, manejó en ese tiempo los flujos de presos, distribuyendo sus efectivos en diversos destacamentos por toda España. Su crueldad quedó acreditada en ese tiempo. Su labor tenía como fin seguir aplicando las condenas complementarias que la Dictadura imponía mediante la redención de penas por el trabajo, lo que supuso pingües beneficios para las empresas.

El libro de Ana Cañil, situado en el entorno en que ha nacido, es ante todo un merecido esfuerzo por rehacer pasajes de nuestra memoria histórica que nos aproximan a los momentos vitales de muchas personas que lo vivieron. Esos  testimonios afortunadamente se han recuperado. El esfuerzo de unos pocos ha servido para evitar lo peor, el borrado de sus huellas, sino se habrían perdido para siempre.

Pedro Liébana Collado

 

 

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