¿De quién son los niños?

Marta Nebot
No me puedo sacar de la cabeza a esos dos niños nadando de vuelta a Marruecos después de una semana malviviendo solos en las calles de Ceuta. Busquen las imágenes. Vean cómo nadaron solos, cómo nadie lo impidió, cómo se agotaban en su travesía, sientan –tal vez– la misma vergüenza nacional que he sentido yo.
Sin comer en condiciones, sin dormir quizá, sin aletas ni flotadores, con tanto miedo encima como para preferir jugarse la vida a cruzar la frontera –abierta de par en par para regresar–.
Las ONG y fundaciones especializadas informan de que las autoridades marroquíes agreden a los que vuelven. Es evidente que Marruecos no cuida ni a los niños. También empieza a serlo que aquí va por barrios, que aquí va comunidad por comunidad, que aquí –incluso los que sí los cuidan– tienen un histórico que soslayar.
Así que es mejor hablar de los hechos; hablan mejor que las palabras. Ya tenemos muchos tras varias crisis migratorias seguidas. La vía judicial ha sido trillada. Sus resoluciones han dejado cosas claras:
2. — No se puede recurrir más en tribunales la redistribución de los menores no acompañados. En 2024 la crisis de Canarias precipitó la reforma del artículo 35 de la ley de extranjería, para que la distribución de los menores no acompañados entre las comunidades autónomas dejara de ser voluntaria y se convirtiera en justa, teniendo en cuenta el histórico, los recursos y las capacidades por renta y población de cada comunidad. La voluntariedad no estaba funcionando. Además redujo los plazos, ratificó la vía de la reagrupación familiar de vuelta –cuando sea posible con garantías– y la ayuda necesaria de las organizaciones de la sociedad civil especializadas en el cuidado de esta infancia. Las diez comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular, más Castilla-La Mancha, recurrieron la reforma ante el Tribunal Constitucional. Madrid y Baleares además recurrieron ante el Tribunal Supremo el reparto que se había establecido. Los dos tribunales decidieron que la redistribución de los menores no se parara por la apertura de estos procedimientos que siguen su curso.
3. — El Estado se está haciendo cargo de los menores que piden asilo. El 25 de marzo de 2025 el Supremo obligó al Gobierno a tutelar a los menores no acompañados con derecho a asilo, aunque no tuviera las instalaciones ni los recursos para ello porque nunca lo había hecho. Actualmente se está haciendo cargo de casi mil.
En total 1.750 menores no acompañados han sido reubicados desde la aprobación de la reforma: 720 desde Canarias, 650 desde Ceuta, 70 desde Melilla.
Esta vez el reto es mayor. Las cifras oficiales hablan de 1.342 menores no acompañados registrados en Ceuta. Las otras de 4.000, 6.000, 8.000.
Conviene tener presente que en esta ciudad pequeña convive casi todo: muchas religiones, muchos orígenes, varios colores de piel. Su presidente popular, Juan Jesús Vivas, gobierna en minoría porque no quiso pactar con Vox, pero Vox fue la fuerza más votada en las últimas elecciones generales. Ceuta es su meca electoral junto a Murcia, en resultados porcentuales. Y, a pesar de eso, hemos visto cómo los ceutíes echaron de sus calles a gritos a los influencers de ultraderecha que acudieron al olor a sangre. Además, no hay que perder de vista que entraron y salieron pacíficamente alrededor de 70.000 marroquíes, en una localidad de 86.000 habitantes. Es decir, el civismo ha brillado más que el sol que abrasa la zona.
Pero no dejemos a la gente practicar el civismo sola. No deben ser solo los ciudadanos los que repartan agua, bocadillos y cobijo mientras los trámites administrativos avanzan. Es evidente que el equilibrio es complejo: cuidarles sin invitar a que vengan más. El Defensor del Pueblo ha dicho muy fino qué hay que hacer. Con menos sutileza señalo que en este momento los niños son nuestros y que si muere alguno en Ceuta –o nadando de vuelta–, si acaba habiendo altercados en una ciudad con una delincuencia por debajo de la media española, la responsabilidad será nuestra: de las instituciones, de los que llaman a la caza, de la perversión del clima social. Como dicen allí: cada palo que aguante su vela. Cuidado.
Marta Nebot
Publicado en Público



