La de Trump es Cristo
Después de Venezuela, de Irán y de Groenlandia, Trump ha añadido el Vaticano a la lista de sus enemigos convictos y confesos. Lo suyo hubiese sido que León XIV le ofreciera el papado igual que María Corina Machado le regaló el Nobel de la Paz, motu proprio, pero se ve que hay gente que sólo aprende por las malas. Primero el ayatolá de Irán, luego el Papa de Roma y que se vaya preparando el Dalai Lama. De habérselo propuesto, Trump podría haber salido nombrado Papa gracias a los votos de Pensilvania; lo que pasa es que no quería abusar: resulta bastante molesto que te relacionen dos veces con una red de pederastia. Hizo bien León XIV en nacionalizarse peruano, porque cualquier día de estos va a buscarlo una patrulla del ICE a Castel Gandolfo y lo envían en un avión de vuelta a Lima.
Qué le vamos a hacer: Donaldo I hubiese sido sido un gran nombre para el representante de Dios en la tierra, aunque Trumperio I tampoco le va a la zaga. Una lástima que no hayamos podido ver al nuevo Pontífice en acción, trasladando la Basílica de San Pedro piedra a piedra hasta Mar-a-Lago y después ordenando bombardeos desde la Casa Blanca, como Julio II en los tiempos de Miguel Ángel. Sin embargo, el cargo de Papa se le queda corto a Trump, quien, en un alarde de modestia, prefiere presentarse como Jesucristo sanando enfermos por imposición de manos. Si antes sus seguidores le ofrecían el puesto de rey de los Estados Unidos, ahora lo postulan directamente como Rey de Reyes. En las diversas representaciones iconográficas que han circulado estos días unos dicen que Donalcristo está resucitando a Jeffrey Epstein a base de champú y otros que el chef José Andrés está a su derecha, tocado con gorra, justo debajo de la bandera de las barras y estrellas.
Las representaciones iconográficas, por cierto, dejan bastante que desear. Por desgracia, ya no hay pintores capaces de hacer justicia a tanta grandeza ni de darle a la boina que lleva por pelambre la aureola de santidad que merece. Enrique VIII tenía a Holbein, Felipe IV a Velázquez, pero Trump debe conformarse con un pintamonas que lo ha dejado listo para un cartel de cine en la Gran Vía. Puesto que casi no quedan cines en la Gran Vía, lo de la imposición de manos parece un anuncio de champú acondicionador más que una película. Seguramente, ése el motivo por el que el presidente ha decidido retirar la imagen de su canonización y no tanto el cisma provocado en el seno de la iglesia católica. Por un lado está Donalcristo sanador, y por el otro, León XIV, la conferencia episcopal y hasta el obispo Munilla que, aparte de homófobo y machista, está acostumbrado a pasear en borrico.
A los teólogos les toca dilucidar si este fabuloso anuncio de champú cae en la herejía, en la apostasía o si se trata de una simple blasfemia como la de Lalachús con la estampa del Sagrado Corazón combinada con una vaquilla. Abogados Cristianos y Hazte Oír deben estar preparando una demanda urbi et orbi que va a dejar a Abascal una vez más con el corazón partido. La arremetida religiosa se veía venir desde aquellas fotos del Despacho Oval en las que un grupo de pastores y líderes evangélicos apoyaban sus manos en la espalda de Trump en plena lucha contra el estreñimiento. Para proclamarse Anticristo y pantocrátor del monoteísmo falta sólo que Trump le quite el puesto a Jehová, pero con Netanyahu en medio se queda de telonero.
David Torres
Publicado en Público



