Vuelve el verano a las Casitas Rosas: «música, gritos, peleas, insultos y fiesta gitana»

Moisés Dominguez. Levante.emv
Los vecinos de la Malva-rosa han anunciado, alertado y denunciado que, con la llegada del verano, se ha acabado la tranquilidad «y el derecho al descanso» en el entorno de las Casitas Rosas. Un problema de convivencia con los habitantes de estas viviendas o infraviviendas de las que Amics de la Malva denuncia que «el pan nuestro de cada noche» vuelve a ser el de «música, gritos, peleas e insultos» y que se traduce no solo en esa falta de descanso, sino «vivir con miedo».
La asociación considera «tranquila» la situación durante el día. Dentro de lo que supone tranquilidad o, mejor, normalidad, en el día a día de esta controvertida parcela urbana: «solo convivimos con la suciedad y con las personas drogodependientes que compran la dosis y la consumen a la luz del día en calles, plazas, entre dos vehículos, sin ningún miramiento, y que necesitan la dosis con urgencia». Pero las cosas cambian cuando llega la noche: «tanto en las Casitas Rosas como en la Plaza María Carbonell y en las calles adyacentes a los bloques, empieza el jaleo, el ir y venir a por la dosis, las peleas entre toxicómanos, los lamentos de las personas que se quedan sin ella, los insultos…. Y los vecinos en vela».
Música a todo volumen
A eso hay que sumar la fiesta gitana «con la música a todo volumen en San Juan de Dios núm. 27» -a la altura de la entrada a la plaza Francisco Camacho- «que impide dormir al vecindario. Una noche tras otra, llega un momento que ya no se puede aguantar más».
Acusan, además, a las autoridades de que permiten la impunidad. «Llaman a la policía y no acude, a pesar de que son conocedores de lo que pasa en verano en nuestro barrio, pero un año más, los efectivos se desplazan al paseo marítimo y a otros eventos y nos quedamos desprotegidos. Nos sentimos vulnerables y abandonados por las instituciones que deberían de atendernos».
Problema endémico
Las Casitas Rosas y su futuro es un problema endémico de la ciudad. Con el inicio de la legislatura parecía apreciarse luz al final del túnel: la posibilidad, ahora sí, de adoptar medidas definitivas, la materialización de un Plan Urbanístico, incluyendo el derribo, total o parcial, de las viviendas. Pasan los meses y pasan los años, se acaba la legislatura y el tema continúa encallado, mientras que los bloques no tienen ningún atisbo de posibilidad de que se rehabiliten, ni por su propia concepción inicial -una colmena de viviendas baratas- ni por su propia evolución a lo largo de las décadas. El proceso está en fase de redacción de informes, que eterniza la llegada de la solución. El último indicador ha sido el nuevo pico de delincuencia en la zona, reconocido por la Policía Nacional.
«Desde la Asociación vecinal mantenemos reuniones con la policía, tanto local como nacional, para que actúen y que nos tengan en cuenta durante el verano, pero un año más tenemos la misma situación : La Malvarrosa ciudad sin ley y sin solución».
Moisés Dominguez
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