¿Y si otra escuela fuera posible?

María José Navarro Vercher
Durante años, el debate educativo se ha visto arrastrado por la tiranía de los informes PISA, que no dejan de ser indicadores cuantitativos orientados a satisfacer las exigencias de un modelo socioeconómico neoliberal y consumista
El pasado 17 de septiembre se estrenó internacionalmente Otra escuela es posible, un documental que recoge las experiencias de las escuelas de Zizurkil y Abaltzisketa (País Vasco), transformadas a partir de las ideas y propuestas de Francesco Tonucci.
Durante años, el debate educativo se ha visto arrastrado por la tiranía de los informes PISA, que no dejan de ser indicadores cuantitativos orientados a satisfacer las exigencias de un modelo socioeconómico neoliberal y consumista, lo que impide hacer una reflexión profunda sobre los cambios que han ido acaeciendo en la sociedad y las verdaderas necesidades del aula, de cada niño y niña, de cada familia, de cada barrio…
El debate centrado en el ‘éxito’ escolar gira en torno al rendimiento individual y la lógica del mercado por encima de la inclusión, dejando de lado con ello la equidad educativa afectiva y efectiva.
Para dar respuesta a las preguntas anteriores desde la perspectiva de la Educación Social, orientada a la transformación comunitaria y situando a la infancia como centro activo de la sociedad, tal como Tonucci promulga, se deberían dar cambios profundos en la estructura escolar tales como:
- Una participación real de la infancia en la toma de decisiones del centro y de la comunidad. La escuela debe ser ese espacio democrático en el que se incentive el juego, las asambleas, los debates, la autonomía… Como defiende Tonucci, esto no significa hacer lo que dicen los niños,sino asumir su punto de vista como un indicador crítico de lo que funciona mal.
- Dar espacio también a las familias para que participen en la vida de la escuela, para que conozcan y reconozcan de nuevo la institución escolar como un espacio de convivencia y crecimiento mutuo.
- Abrir la escuela al entorno comunitario. Incorporar profesionales de la educación social dentro de los equipos escolares para tejer redes con la comunidad, gestionar la diversidad desde la mediación, y garantizar el bienestar socioemocional y los derechos de cada niño y niña.
Todo esto unido a la innovación, a ratios más bajas, a más profesionales, a dejar lo estandarizado y sustituirlo por lo particular, a tener espacios en las aulas y los patios donde el alumnado pueda experimentar y aprender sin angustias, sin miedos, sin competitividad, sin clichés, sin moldes rígidos…



