Casas que se van
Duermo poco, lo sé, con tropezones de vigilia. Todos me dicen que eso no es bueno, que acorta la vida. Me gusta imaginar que es al revés, que la alarga. Tengo insomnio porque tengo sueños, y me recreo en ellos cuando todos duermen. Ya sé, a veces se cuelan ideas obsesivas buscando una rendija para inquietar, para preocupar y, cuando la encuentran no sueltan la presa.
Todo eso lo sé, y cada noche es una aventura imprevisible. Sigo las instrucciones: nada de tablet, nada de chocolate, luz tenue, pero no sirve. Y no quiero entregarme en los brazos de los fármacos. Leo, escribo, dibujo, debe de ser mi manera de vivir de noche.
Cuando me despierto, temprano, estoy en casa, y eso resulta un privilegio en los emTIpos que corren. Tengo casa, y es una casa digna, como dice la ley. ¿Cómo se despertará tanta gente sin cobijo? Tendrán un insomnio permanente y contaminado. No necesitan pesadillas, las llevan a cuestas, de día y de noche. Hay derechos que se esconden. El derecho al domicilio, el derecho a un despertar digno, el derecho a soñar. De pronto algo obvio se convierte en una quimera. Una persona, un voto. Una persona, un despertar digno, incluso un sueño, incluso una manta y una almohada.
Tener hijos, tener trabajo, tener ilusiones, incluso planes, es razonable, pero no tener casa, ni siquiera prestada, eso es insoportable, y pone patas arriba todo lo demás. Casa alquilada o casa propia. Lo de la propiedad es otro truco. Tardé años en saber que vivíamos en una casa alquilada. Era feliz en mi casa, era mi domicilio, calle Embajador Vich número 3 puerta siete, eso escribía en las instancias con orgullo, aunque no era de mi propiedad. La palabra propiedad ene dos sen dos, uno se refiere a posesión, pero otro quiere decir condición; en el corazón duro, eso es una propiedad. Y la dichosa palabra tiene dentro otra que la matiza, que le da sentido: piedad. Se nos olvida que no hay propiedad sin piedad. Incluso incluye un mandato: ¡dad!
Mi nieto regala los cromos repetidos. Yo ya los tengo y mi amigo los necesita. Argumento impecable. Pero si negocio con la necesidad ajena, todo cambia. Tienen casa repetidas, sin duda, y muchas, pero especulan con las urgencias de otros y la ley, o no se aplica (por intereses ocultos), o mira para otro lado.
Un día habrá huelga de casas porque ellas no quieren estar huecas, necesitan vida dentro. Se manifestarán con pancartas: Más piedad, menos propiedad; Casas unidas, nunca más vacías; Casas sin gentes es de delincuentes. Incluso, hartas de la soledad absurda, se marcharán al país de las viviendas dignas para buscar personas que las habiten. ¿Qué ha pasado? No sé, la puerta 16 ha desaparecido, el piso sexto tampoco está y el edificio se tambalea.
¡Cómo somos! Necesitamos una catástrofe para reaccionar. Todo se agrieta, pero no nos damos cuenta.
Mientras, sigo soñando despierto, que es como hay que soñar.
Rafa Rivera



