León y los leones
El Congreso de los Diputados se ha convertido en un castillo gótico desde la moción de censura a Mariano Rajoy en 2018, hace ya ocho años. No es que antes fuese un palacio versallesco, pero arcos, ángulos, torres y puntas se afilaron después de la primera moción de censura que en España lograba desbancar a un presidente del Gobierno. Con el advenimiento de la coalición gubernamental PSOE-Podemos a principios del 2020, la violencia verbal subió unos cuantos escalones en la casa que pactó la Constitución de 1978. La posterior pandemia convirtió las sesiones de control al Gobierno y las votaciones para la revalidación del estado de alarma en momentos de gran sordidez. Desde entonces, los miércoles parlamentarios no son aptos para menores. En el palacio de los leones, fundidos en bronce en 1865 utilizando el metal de cañones capturados en la Guerra de África, ha hablado hoy León. Y ha habido paz.
León y los leones. El larguísimo aplauso de los diputados al Papa nos dice algunas cosas. Había necesidad de una cierta catarsis. Demanda de dignidad. Muchos han aplaudido esta mañana ideas en las que no acaban de creer. Este contraste nos sugiere que la furia y la crispación de la política española es en cierta medida una farsa, una teatralización abusiva de las diferencias, por parte de las fuerzas políticas que han hecho suyo el enfoque sociológico norteamericano según el cual hay que huir del lenguaje consensual por sus efectos narcóticos en una sociedad sometida a estímulos emotivos constantes por las redes sociales y los dispositivos de información instantánea. Hay que hablar a los nichos. Hay que cultivar los nichos. Y los nichos convierten al Parlamento en un cementerio. Robert Francis Prevost esta mañana ha levantado la mirada por encima de los nichos.
El Parlamento se siente desacreditado y los diputados se han visto hoy aliviados por un discurso que lo dignifica. Se puede hablar sin pensar obsesivamente en el nicho. Se puede abordar la complejidad sin reñir a nadie; se puede hablar de manera convincente sobre los problemas del mundo sin utilizar frases cortas exclusivamente pensadas para las redes sociales. Para ello hay que tener un buen bagaje cultural y paciencia, mucha paciencia. De alguna manera el Papa también les ha dicho a los diputados españoles: aquí hemos venido a estudiar. Y le han aplaudido mucho, muchísimo, porque se han sentido dignificados.
“El discurso del Papa sobre la defensa de la paz, el derecho internacional, y la dignidad humana, coincide plenamente con el del Gobierno”, ha dicho esta mañana el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. Más bien es al revés. Es el actual Gobierno el que coincide en buena parte con los enfoques del Vaticano sobre la paz y la guerra y el inquietante desarrollo de la Inteligencia Artificial sin controles previamente acordados. No es poco, ciertamente.



