El agosto que volvieron los talibanes a encerrar a las mujeres en el burka: Cinco años de misoginia y terror

Gabriela Moriana
Por desgracia, muy poco nuevo y bueno podemos decir respecto a la situación de las mujeres afganas. Hace apenas cinco años, podían presentarse a las elecciones, ir a la universidad o practicar deportes. El informe de la ONU Mujeres de julio de 2026 señala su exclusión total de la vida pública.
Todas las feministas del mundo estuvimos pendientes cuando se marcharon los soldados de Estados Unidos y los talibanes tomaron el poder. Lo vimos en directo y sabíamos muy bien lo que les iba a pasar a las mujeres y a las niñas afganas. Desde entonces, han perdido la libertad y los derechos. Una prueba de ello es el burka. Aunque, algunas mujeres ya lo utilizaban, volvió a ser obligatorio por ley.
Así, aunque, efectivamente, como bien sabemos, no es el único país donde las mujeres sufren las violaciones continuadas y sistemáticas de sus derechos humanos. Afganistán, se ha convertido en uno de los pocos países del mundo donde las mujeres no participan en las estructuras de poder oficiales.
En el informe de ONU Mujeres de 2026, titulado Mujeres en Política que examina la participación de las mujeres en las estructuras de poder político en 190 países, Afganistán se clasifica entre un grupo de países, junto con Guinea y Myanmar, donde ni siquiera es posible evaluar la participación de las mujeres por la falta de datos disponibles. Según los hallazgos del informe, el promedio mundial de representación de las mujeres en los parlamentos se sitúa en el 27 %; cifra que indica que, aún se está muy lejos de la igualdad de género. Ruanda lidera el mundo en la representación de las mujeres en el 63,8 % en los escaños, seguida de Cuba con 57,2 %.
En Afganistán se ha privado a las mujeres y a las niñas de casi todos sus derechos fundamentales. Les prohíben la educación después de los doce años, por lo que a tasa de finalización de estudios secundarios de las niñas pronto se desplomará a cero y, por supuesto, ninguna podrá ejercer actividad alguna que requiera titulación universitaria; a pesar de que, las mujeres solo pueden ser atendidas por mujeres. Así, les prohíben la mayoría de las profesiones, trabajar en organización no gubernamentales e instituciones estatales. También, les han prohibido los espacios públicos, incluidos, parques, gimnasios y clubs deportivos. Pero, además, también se les ha privado de la libre circulación; tanto es así, que no pueden salir de casa sin un hombre que no sea su marido, hermano o padre.
Siguiendo a ONU Mujeres, sería prácticamente imposible hacer la lista de todas las prohibiciones a las que las afganas tienen que hacer frente cada día. De manera oficial son casi treinta normativas que afectan a todos los ámbitos de la vida. Así, un complejo mosaico de más de 80 edictos, directivas y decretos de los talibanes han atentado directa y sistemáticamente contra los derechos y la autonomía de las mujeres. En este escenario especialmente preocupante es el decreto número 12 sobre las normas penales, que elimina formalmente la igualdad entre mujeres y hombres ante la ley y autoriza los castigos dentro del ámbito doméstico, incluida la violencia física por parte de los maridos.
Las mujeres afganas siguen luchando
Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, ha declarado que: “el mayor recurso de Afganistán son sus mujeres y niñas”. Las mujeres afganas siguen luchando por los derechos bajo el régimen talibán. A pesar de la situación y, aunque, su potencial sigue despreciándose y reprimiéndose, su determinación y resistencia son admirables. Incluso con las restricciones casi totales impuestas sobre sus vidas, siguen encontrando formas de llevar adelante negocios, trabajo humanitario, periodismo, liderar comunidades, gestionar empresas y denunciar las injusticias. Así, su perseverancia, apoyo mutuo y valentía está transformando sus comunidades.
Cabe reseñar que, la Asociación Revolucionaria de las Mujeres Afganas (RAWA), organización independiente fundada en Kabul en 1977, por la activista Meena Keshwar Kamal, asesinada en Pakistán en 1987 por agentes afganos, sigue luchando por los derechos de las mujeres, la democracia y la justicia social, oponiéndose al fundamentalismo y a los regímenes opresores en el país.
De hecho, la historia de los movimientos de mujeres en Afganistán es larga y digna de admiración. Entre otras cosas, obtuvieron el derecho al voto en 1919, un año antes que en los Estados Unidos y décadas antes que en muchos países del mundo.
Como indica ONU Mujeres, a la pregunta de cómo pueden las mujeres afganas mantener la esperanza en estas circunstancias tan brutales. Fariba (nombre ficticio) que acababa de empezar una carrera cuando las universidades prohibieron acceso a las mujeres, dice: “Me tranquilizo pensando que las mujeres y niñas de nuestra sociedad volverán a tener acceso a oportunidades de trabajo, de educación y a sus derechos básicos”.
Sistema de segregación brutal: misoginia y terror
Desde el 15 de agosto de 2021, que los talibanes tomaron el poder sobre el país, el sufrimiento de las y por las mujeres afganas cumple cinco años. Desde ese aborrecible agosto, sus vidas no han dejado de empeorar. Viven en uno de los patriarcados o sistemas estratificadores de sexo más brutales del mundo. Donde la exclusión, desigualdad y pobreza las convierte en mujeres y niñas extremadamente vulnerables.
En agosto de 2021, dijimos que no olvidaríamos a las mujeres afganas y no las hemos olvidado. Cómo olvidar su dolor, que también es nuestro dolor, el dolor de todas las mujeres. Pero, además, no se trata solo de los derechos y el futuro de las mujeres y niñas afganas. Como afirma la representante especial de la ONU Mujeres en Afganistán Susanne Ferguson: “se trata de lo que defendemos como comunidad mundial. Si permitimos que se silencie a las mujeres y niñas afganas, enviamos el mensaje de que los derechos de las mujeres y las niñas de todo el mundo son descartables. Y eso es un precedente inmensamente peligroso”. Peligrosísimo, porque a las mujeres nos va la integridad psíquica, física y la vida en ello.
Gabriela Moriana
Publicado en Levante.emv



