Salvador Beltrán: «Cada vez los europeos nos parecemos más a los chinos en filosofía económica. No sé si por voluntad o porque no nos queda otro remedio»

Salvador Beltrán posa con el libro que ha escrito sobre China. / Información
Ingeniero industrial, filósofo y una de las voces autorizadas en movilidad. Es autor del libro ‘China: la receta del prodigio’ (Tirant), donde analiza la evolución económico y social experimentada por el gigante asiático desde un punto de vista crítico y deja claro que la receta del éxito es tan compleja como efectiva en un país que juega a la globalidad mejor que quienes la inventaron
-La publicación salió hace un año. ¿Hace falta una actualización?
-¿Será la número uno?
-No creo que pueda alcanzarlo salvo en algunos aspectos, como inteligencia artificial o en robótica, pero ser la primera potencia como tal, no creo que se deje Estados Unidos ni tampoco Europa.
-¿Qué aspectos explican ese éxito?
-Aunque habría para hablar largo y tendido, considero que se debe a tres razones y una cuarta de tipo horizontal como es la educación. En primer término, estaría el sistema económico. Frente a quienes se precipitan por ponerle una etiqueta sobre comunista o capitalista, considero que estamos ante un sistema mixto. El segundo es el control de la población que es mucho más que la represión política y de información. Es un control absoluto; porque, por razones históricas y de educación, ha sido siempre un pueblo muy dócil. Las personas han estado trabajando en unas circunstancias de verdadera explotación y el Estado lo ha hecho para sacar a su propia gente de la pobreza. Otra cosa es si esto es legítimo o no. La tercera es que para conseguir llegar donde han llegado –lo que yo digo para hacerlo rápido– han hecho trampa en la globalización.

Salvador Beltrán, en una reciente conferencia en Casa Mediterráneo. / Información
-¿A qué se refiere?
– Cuando China entró en el año 2001 en la Organización Mundial del Comercio, los países occidentales miraron al país asiático por encima del hombro pensando que jamás sería capaz de hacerles sombra. Pero ellos han funcionado con sus normas, por eso considero que hacen trampa, aunque también lo digo porque lo han hecho por convicción. Ellos siempre juegan a que el control de la economía se hace por el Gobierno, no por los estamentos económicos y, por lo tanto, cuando han salido a comerciar en el mundo, también la dirección política, en este caso, el Partido Comunista –si bien siempre digo que ni es partido ni es comunista, es otra cosa– ha dirigido el negocio con unas reglas diferentes.
-Y en el caso de la educación ¿de qué hablamos?
-La educación para los chinos, como todo, es un elemento de ‘larga data’, es decir, se toma con muchos años por delante y desde el principio sabían que no podían caer en lo que se denomina la trampa de la renta media. Se supone que cuando un país es muy pobre, los salarios son muy bajos, entonces es muy competitivo. Las empresas se van a fabricar allí como pasó, pero luego conforme va subiendo el nivel de vida todo sube y deja de ser interesante, como ahora ocurre. Eso se vio en México o Brasil. China supo darle un giro a la educación y prepararse para ese momento y podemos decir que han pasado de ser la fábrica del mundo (2000-2010), a ser el centro del talento, que es lo que ellos querían.
-Sobre el tema económico se ha acuñado el término «socialismo vigilado». En su opinión, ¿cada vez nos parecemos nosotros más a ellos o ellos a nosotros?
-Pues cada vez más nosotros a ellos. No sé si por voluntad o porque no nos queda otro remedio. La globalización ha decaído y el libre mercado internacional, que era lo que estaba en boga hace 10 años o más, ha empezado a decaer porque han empezado a aparecer los proteccionismos. Solo hay que analizar el actual paradigma de Estados Unidos, que se ha convertido en el país más proteccionista y, justamente, China es quien está procurando que la globalización sea lo más libre posible.
-¿Y qué papel juega Europa?
– Von der Leyen, desde Bruselas, está haciendo que las normas europeas se parezcan más a las chinas en cuanto a protección. El ejemplo lo estamos viendo en las condiciones que se están poniendo para la fabricación de coches en los países de la UE.
-¿Nos equivocamos al poner a aranceles a la expansión china y no a la tecnología de EE UU?
-El oligopolio tecnológico estadounidense es extraordinario y le resalto que China es el único país del mundo que no la utiliza. Ellos sí se han protegido. Creo que Europa debería tener capacidad para hacer sus propios sistemas, infraestructura de comunicaciones y redes sociales. Europa ha tomado el camino correcto al proteger sus productos de una forma inteligente y selectiva. No lo que hace Trump. Europa está poniéndole las mismas trabas a China que ellos nos ponen a nosotros.
-¿Cuál es la reacción?
-Han empezado a fabricar, por ejemplo, en Marruecos, o comprando la Ford de Valencia para que los coches chinos salgan con el sello europeo, aunque ya se le están poniendo condiciones.
-Escribe que los europeos “necesitamos socios y no dueños». ¿Hay reciprocidad en esta idea?
-Los chinos van a funcionar siempre para ganar el máximo dinero en el comercio. Si les dejas, ocuparán todo lo que puedan de espacio económico y de propiedad de las industrias. Si no les dejas, pues se cambia a la circunstancia de tener que buscar socios; pero creo que eso lo tenemos que hacer a nivel europeo y no de España. Vuelvo al ejemplo de los coches.
-Pero, ¿no se deben dejar entrar inversiones?
-Sí, pero con mucha cautela y sabiendo que hay una cara A y una B.
-De la imagen de los “chinos” (bazares) a los grandes inversores ¿hay una China diferente?
-Ellos son los que han cambiado en origen. No están en los mismos negocios, ni tienen la misma capacidad o el mismo poder económico. He podido escribir mucho sobre la presencia de Cosco en el puerto de Valencia. Siempre he defendido que la ampliación era productiva para la Comunitat Valenciana, pero que el lugar adecuado era Sagunt, porque en el de Valencia ya hay demasiadas toneladas de comercio. Considero, y me puedo equivocar, que al final, ha ganado el poder económico chino y se ha impuesto sobre cualquier otra visión.
-Sobre la balanza comercial valenciana, más allá de los datos, ¿cuál es la foto?
– En los últimos cinco años, alrededor de 1.000 empresas de la Comunitat Valenciana se han retirado de China y han vuelto a España y muchas de ellas han sido del calzado. Los sueldos antes eran del orden de 10 veces más baratos que en España y ahora una persona de Shanghái, que es el sitio más caro de China, puede estar cobrando el 50-60 % de un sueldo en España.
-¿No hay mayor presencia de empresas europeas allí?
– No. Hay muchas menos. Incluso las grandes como Telefónica, o bancos, se están retirando cada vez más, porque el poder político ahoga la forma de hacer de las empresas españolas. Se les ponen demasiadas trabas. Un ejemplo conocido fue Tesla, a la que se le puso la condición de vender en el país solo un tanto por ciento. El resto tenía que salir fuera. Ahora la compañía de Elon Musk se quiere retirar.
– Sobre el debate alrededor de la IA, ¿cree que los chinos pararán el ritmo?



