Siete argumentos para entender (o no) Francia
Ocho días después de la jornada del 17 de octubre, la sociedad francesa discrepa sobre el malestar que desencadenó una jornada de rabia y vandalismo y sus consecuencias sobre la vida del país.
Han pasado ocho días desde que las calles de Francia fueron escenario de una oleada de protestas dominadas por la violencia y unos actos de vandalismo que sorprendieron a una policía que se vio desbordada, dejando una imagen de caos, imprevisión y pérdida de control por parte del Estado. Hoy, con un gobierno que tiene dificultades para restaurar la normalidad, aún se discuten las causas del malestar que activó los disturbios y las consecuencias que puedan tener sobre las sociedades francesa y europea. Estos son algunos de los argumentos utilizados.
La culpa es de la inmigración
Es el mantra preferido de la derecha americana, para quien la liberal Europa ha vendido su alma cristiana a la inmigración musulmana, que erosiona la cohesión social. Es la distopía que imaginó Michel Houellebecq en sus novelas y es el argumento que utiliza la ultraderecha francesa. Del mismo modo que la entrada masiva de inmigrantes a Ceuta el 30 de julio ha disparado las expectativas de Vox, la violencia del 17 de octubre en París y otras ciudades francesas beneficia a Marine Le Pen a solo seis meses de las elecciones presidenciales. En Europa, los sucesos refuerzan la convicción de aquellos países que buscan aplicar una política de deportaciones, en línea con la que practica Estados Unidos.
Los franceses siempre quieren más
Es el diagnóstico de los mercados financieros. Francia tiene una deuda pública acumulada de 3,6 billones de euros, el equivalente al 119% del PIB. El Estado francés gasta cada año más de lo que ingresa. Los grandes inversores, que temen que Francia recaiga en el impago de sus deudas (probabilidad que hoy por hoy parece lejana), reclaman del gobierno una política de austeridad. Pero los centenares de miles de personas que han salido a la calle reclaman justo lo contrario: que gaste más. Que restaure unos servicios públicos degradados y aporte más recursos a la enseñanza.
La culpa es de la extrema izquierda
Es el argumento del gobierno. La beneficiada del malestar social europeo es hoy la ultraderecha. No hay, como en los años 30 del siglo XX frentes populares… salvo en Francia, país en el que la extrema izquierda juega un papel relevante. El peso de la Francia Insumisa (LFI), la coalición que encabeza Jean-Luc Mélénchon explica en parte el bloqueo de la asamblea francesa y las dificultades para consensuar reformas. La derecha acusa a Mélénchon de haber sido demasiado tolerante con las proclamas incendiarias que se escuchan en sus manifestaciones, de las que han desaparecido en parte las banderas rojas para dar paso a las enseñas palestinas.
Los franceses son muy de la juerga
Francia tiene una larga tradición de contestación social. Los franceses creen en el poder de la calle. Es a través de movilizaciones y revueltas que han conseguido avances sociales, tumbado gobiernos o derrocado regímenes. La lista es extensa: Revolución Francesa (1789-1799), Revolución de Julio (1830), Revolución de 1848, Comuna de París (1871), Frente Popular (1936), Mayo del 68, Crisis de las banlieues (2005), Chalecos Amarillos (2018), contra la reforma de las pensiones (2023)… Daniel Cohn Bendit, uno de los líderes del Mayo del 68, la mayor crisis social que vivió la V República, destaca sin embargo la diferencia. La del 68 fue una explosión de optimismo juvenil que trajo importantes avances sociales. Las protestas de estos días, por el contrario, son una expresión de pesimismo y desconfianza.
El mayor responsable es Macron
Nada más llegar al Eliseo en 2017, Emmanuel Macron redujo los impuestos a las rentas más altas. Eso le ganó el apodo de presidente de los ricos, sobrenombre que nunca le ha abandonado. La presidencia francesa era una institución nunca discutida en la Francia moderna. Macron, sin embargo, ha acelerado su pérdida de lustre, un proceso que comenzó con la agitada vida personal y judicial de Nicolas Sarkozy. El 9 de junio de 2024, Macron cometió el peor error de su carrera política: disolver la asamblea y convocar elecciones legislativas como respuesta a la victoria de la ultraderecha en las elecciones europeas. La consecuencia fue la definitiva atomización del centro político y la ingobernabilidad de su segundo mandato, en el que ha nombrado a cinco primeros ministros.
La elite no entiende a la periferia
Los intelectuales franceses han sido claves para la legitimación de la vida pública francesa. Hoy han sido devorados por las redes sociales. Y del mismo modo que la desindustrialización del Medio Oeste americano llevó a Trump a la Casa Blanca, al captar el resentimiento de los perdedores, la crisis francesa mostraría la incapacidad de las elites metropolitanas, que ya no entienden la Francia de los pobres. Es lo que cuentan autores como Christophe Guilluy, que ha popularizado la idea de una una periferia interior, la campagne , que se siente abandonada por París y la periferia urbana de las banlieues , donde se percibe la inseguridad, la discriminación racial y la violencia policial.
La crisis de la Europa liberal
La crisis de la Europa liberal. ¿Es Francia un anticipo de lo que vendrá en otros países? Lo que inquieta a los franceses lo comparten muchos europeos: falta de vivienda, pérdida de poder adquisitivo, inmigración. Si se suma el temor a los efectos laborales de la IA, es todo el edificio europeo el que está en riesgo. La causa sería un modelo económico que azuza la desigualdad, que no es capaz de recaudar recursos allí donde están (plataformas tecnológicas) y que necesita con urgencia un nuevo contrato social.
Ramón Aymerich
Publicado en La Vanguardia



