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Dolores Medio – “Diario de una maestra”

Libro: “Diario de una maestra”.

Autora: Dolores Medio

Editorial: Orbis/Destino. Año 1968

Dolores Medio era una escritora asturiana ligada a la capital del Principado de Asturias (Oviedo 1911-1994). Su formación de maestra republicana le sirvió para conocer la docencia en un momento histórico clave de la educación en España. Fue un periodo marcado por un analfabetismo feroz de la población. La llegada de la República supuso un nuevo marco político y social para el compromiso con la modernización del país. Era un momento de expansión y desarrollo de los ideales Incubados en los años anteriores. En esos años la autora estuvo destinada ejerciendo la docencia en la localidad de Nava. Este concejo está situado en el Oriente de Asturias. Es un concejo dentro del entorno rural, dedicado incluso hoy a la agricultura, la ganadería y la producción de sidra.

Dolores Medio sufrió como maestra la represión del franquismo cuando acabó la guerra civil y conoció las penurias de los perdedores y la depuración como funcionaria.

El fenómeno literario surge de ese interés por contar sus vivencias. Algunas autoras ya lo manifestaron en los años siguientes al final de la guerra civil a pesar del escenario tan hostil en el que vivieron. Los motivos de esa hostilidad venían derivados en muchos casos por dos parámetros, ser mujer y pertenecer al bando de los perdedores. Ambos motivos fueron determinantes en ese marco en que se desarrolló la historia del país y la ulterior represión.

En ese contexto también se puede citar a Carmen Laforet y su éxito con la novela Nada, y su subsiguiente “desaparición”, o en los aportes de la literatura de Josefina Aldecoa si bien en el caso de Dolores Medio su obra la encontramos más ligada al compromiso de su tiempo bajo la denominación de la novela social, por la que muchos la ubican en la generación literaria de 1936.

Emprendedora empedernida emigró a Madrid y alcanzó a destacar al conquistar el premio Nadal que consiguió en 1952 por la novela Nosotros los Rivero, un relato de una historia de una saga familiar junto con sus vicisitudes en la ciudad de Oviedo, escenario que la autora conoció muy bien. A partir de ahí y con un cierto margen económico y cierta independencia, Dolores Medio pudo dedicarse a escribir.

Algunas de sus obras quedaron sepultadas por el franquismo y la censura, por lo que su vida se llenó mas de sinsabores que de triunfos, viviendo una cierta vida bohemia en la capital de España.

En 1962 con motivo de las huelgas de la minería asturiana y la represión contra las mujeres de los mineros (detenidas, torturadas, rapadas y sometidas a todo tipo de vejaciones) dejó constancia de su participación y compromiso en las manifestaciones que tuvieron lugar ante la DGS, en la Puerta del Sol, experiencia que le llevó a escribir sus vivencias en la obra Celda común, título que le llevó de manera explícita a una confrontación directa con la Dictadura.

En el caso de Diario de una maestra, la narración discurre desde los años 30, cuando una joven maestra inicia su actividad docente hasta los años 50. La escena está situada en la Estrada, una aldea rural próxima a Avilés donde la protagonista, Irene Gal inicia su actividad docente poco más allá de ser una adolescente. Después de adquirir una somera formación para acceder al puesto por cargo de su Pigmalión, Max Saenz, ambos comparten un idilio a través de esos años. Su futura formación debía complementarse con los estudios de Universidad (Escuela Normal Superior), pero esta iniciativa no llegó a producirse porque los acontecimientos del golpe militar y la llegada de la guerra civil no le permitieron cumplir sus sueños. En la vida real, cuando Dolores Medio sale de su dificil situación en Asturias acabará por emigrar a Madrid y logrará matricularse en la escuela de Periodismo.

La narración discurre a través de los personajes centrales de Irene y Max y con otros secundarios que aportan muchos matices a la obra. En ese contexto histórico se desarrolla la acción llegando a alcanzar los años 50.

La novela es un retrato directo y apasionado de su propia vida de juventud como maestra republicana. Esta reflexión sobre sus sentimientos en el marco de los acontecimientos políticos, se pueden encontrar también en la obra de otra docente comprometida con su tiempo, como es el caso de Josefina Aldecoa (Josefina Rodríguez Aldecoa, que adoptó el nombre literario de su marido, Ignacio Aldecoa). Ambas compartieron vivencias y compromiso político con la República, si bien Josefina Aldecoa consiguió apoyarse más en ciertas influencias de su tiempo y en su marido, porque fueron ambos constituyeron una pareja muy comprometida con el mundo literario. También influyó en su propio proyecto vital la constitución de la fundación del colegio Estilo, un centro laico que abrió sus puertas en Madrid en El Viso. Sus salidas al extranjero ayudaron a darles a ambos y a sus obras, un cierto impuso y un impacto publicitario mayor que las narraciones de Dolores Medio.

En el caso de esta autora, los parámetros en que se desarrolló su producción fueron más modestos, con menos apoyos. De hecho, sus compromisos sociales y políticos empujaron a que su estrella literaria quedara en la penumbra, fruto de su enfrentamiento social y político con la Dictadura. Algunas autoras del momento también padecen una cierta opacidad como es el caso de la propia Carmen Laforet. Ambas fueron brillantes premios Nadal, con obras emblemáticas, que luego quedaron oscurecidas en el panorama literario. Solo después de llegar la democracia se han reivindicado sus obras que en otro tiempo fueron orilladas, o directamente prohibidas por la censura.

En el caso de Dolores Medio se pueden encontrar huellas de la censura en las cartas y escritos cruzados con las autoridades franquistas con un persistente forcejeo que ha dejado algunas señales significativas en el archivo de Alcalá de Henares.

En el caso de la obra que se analiza “Historia de una maestra”, esta no solo sirve para revivir las experiencias que aportan los dos personajes, sino cómo todo esto se desarrolló en aquel político. Con ese relato la autora nos deja detalles de sus propias vivencias. Cada una de sus obras son retales de su propia biografía lo que nos permite asomarnos al paisaje de las vidas de sus contemporáneos, en este caso del mundo de los docentes. Se recogen también las vicisitudes apasionantes de sus experiencias en el aula cuando una docente comienza su camino. En este caso, se recogen las expectativas de los nuevos planes docentes y los compromisos que trae la nueva educación implantada por la República para modernizar la escuela y España, y con ella los compromisos por atender a los alumnos y a sus padres. La obra es todo un compendio de los objetivos para acometer la alfabetización de un país cuyos habitantes apenas sabían leer y escribir dentro del entorno rural. España en aquellos tiempos estaba en torno a los 23 millones de habitantes, viviendo en su mayoría el campo. Tan solo unas pocas ciudades, capitales de provincia componían el ámbito urbano.

Son muy significativos los personajes secundarios en la narración. Algunos de ellos son los niños y los padres de la comunidad escolar, con los que la maestra comparte experiencias y cómo el contexto exterior va cambiando poco a poco afectando al entorno escolar hasta convertirse en un ambiente hostil, como vimos en “La lengua de las mariposas” En este caso, la acción discurre desde la mirada de una mujer, de sus aspiraciones, de sus horizontes más íntimos, de sus decepciones y esperanzas, o desde la perversidad que cada contexto histórico y cómo éste le empuja a aplazarlas, o a verse sometida.

Al final de su vida, ya en democracia, la ciudad de Oviedo o el propio Principado, donde discurren sus obras, le reconocieron, recientemente sus obras y su esfuerzo literario, así como su entrega personal como ciudadana antifascista. Y sobre todo su empeño en alcanzar y promover el bien común y los objetivos de un mundo mejor en el difícil contexto que le tocó vivir. Fueron varios los homenajes aún en vida, y las placas de reconocimiento otorgadas. Todo ello se tradujo en la reedición de alguna de sus obras, y en reconocimiento público de una calle donde se recuerda su memoria. Alguna referencia más queda en su magisterio y el recuerdo que le prodigaron sus gentes.

Pedro Liébana Collado

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