BLOG | Artículos de Opinión

Algo huele a podrido en torno al Valencia

 

Paco Lloret

Una incómoda realidad. Resulta todo tan evidente que no deja de sorprender la parálisis que envuelve este escandaloso asunto. Ya no se trata, solamente, de una cuestión interna del Valencia, sino que también afecta, y de qué manera, a la ciudad. Ante semejante atropello, a algunos/as les conviene mirar hacia un lado y poner cara de sorpresa. Ya han elegido una excusa y el discurso para justificarse. El Valencia, es decir las ruinas de lo que en su día fue una entidad emblemática y pujante, renuncia a explotar una importante fuente de ingresos, y cede sus derechos sobre parte de su patrimonio a un tercero a cambio de un precio que, según los expertos en la materia, está muy por debajo de los beneficios que le podría reportar si lo gestionara directamente. Hablamos del terciario de su futuro estadio, que irá a parar a las manos de Atitlán, el fondo de inversión tan voraz como bien relacionado, con quién el club valencianista se comprometió hace tiempo. La Administración, a la velocidad del rayo, le sirve en bandeja una licencia para que pueda construir un hotel, plazas de aparcamiento, y apartamentos turísticos, lo que contraviene lo prometido a los vecinos y las rotundas afirmaciones que la alcaldesa lanzó a los cuatro vientos.

Una jugada cantada. Todo esto se veía venir. Salvo los ingenuos y los desinformados, cualquiera era consciente del final de un episodio que confirma el valor del Valencia como filón a explotar y como moneda de cambio. La entidad de Mestalla, en manos de un especulador sin escrúpulos, se ve exprimida y es utilizada para satisfacer intereses particulares; está al servicio de negocios de terceros, mientras que la mayoría de sus incondicionales, presos de su buena fe y de amor por unos colores, sigue pensando que algún día Lim se irá y la felicidad volverá. El siguiente capítulo de esta truculenta historia llevará por título “Las parcelas de Mestalla”, y confirmará que lo que en su día fue un club de fútbol, se parece en el presente más a una empresa inmobiliaria, sometida a la dictadura de quien la domina, sin que nada repercuta a su favor. A cambio de estos tejemanejes, se “disfruta” de una plantilla vulgar y sin aspiraciones. A buenas horas salen indignados los representantes de la Federación de Asociaciones de Vecinos. Su reacción ante un disparate del que estaban sobradamente avisados, clamando contra la que se les viene encima, es un brindis al sol. Los mismos que en su día pleitearon arduamente por la reforma del actual campo y pusieron el grito en el cielo ante la que consideraban desmedida altura del graderío, ven ahora preocupados los planes que estrangulan sus reivindicaciones.

Un proyecto de mínimos. Hace 20 años se presentó un proyecto de estadio con vocación de convertirse en un hito arquitectónico y un referente para la ciudad. De aquello no queda nada, tan solo el emplazamiento sobre el que se construye un edificio esperpéntico, al que tratan de ponerle un lacito atractivo. Por si faltaba algo, se pretende levantar construcciones pegadas al estadio, con una distancia mínima que, además de afear el conjunto, cuestionan su seguridad. Todo ello no sería posible si no se contara con la imprescindible colaboración administrativa. Un cooperador necesario para una hoja de ruta marcada desde hace tiempo. El pleno municipal de julio de 2024 avaló el despropósito actual, por mucho que algunas voces, como la de Papi Robles, recientemente, lo criticara públicamente. La clase política valenciana en su totalidad, con la excepción del díscolo concejal Badenas, ha sido incapaz de entender la gravedad del asunto, y ha facilitado la ejecución de un plan que perjudica al Club y a la ciudad.

El ascenso de un club intervenido. El Málaga, club intervenido judicialmente, regresa a primera división ocho años después. Un milagro. Mientras tanto, la justicia está a punto de cerrar la instrucción de un complejo sumario contra el que fuera propietario de la entidad, Abdullah Al Thani, en situación de búsqueda y captura, por la presunta comisión de 3 delitos: administración desleal, apropiación indebida, y acuerdos abusivos en los negocios . La Fiscalía solicita 14 años de prisión para el catarí. La entidad de La Rosaleda ha sufrido un calvario desde que confiara su dirección a quién terminó por hundirlo. Tras un impactante y engañoso despegue, que le llevó a quedarse cerca de las semifinales de la Champions, vino la desinversión y la desintegración. El milagro fue flor de un día. Un espejismo. De la posible proeza en el feudo del Borussia Dortmund al descenso a primera categoría RFEF. Los pequeños accionistas dieron un paso al frente, se organizaron en un frente común, y salieron en auxilio de una entidad expoliada. Con paciencia y tenacidad, han sabido esquivar una situación de extrema gravedad. Enhorabuena por todo.

Paco Lloret
Publicado en Levante.emv

¿Quieres dejarnos algún comentario?

Tu email no será publicado, únicamente tu nombre y comentario.