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Carlota O´Neill – “Una mujer en la guerra”

Libro: “Una mujer en la guerra”

Autora: Carlota O´Neill

Editorial: Oberón (RBA) 2003

Carlota O´Neill fue una escritora y periodista afincada a caballo entre Madrid y Barcelona hasta que tuvo que verse forzada a vivir en el exilio en Venezuela y México a partir de 1949, fruto de su compromiso republicano. Murió en el exilio de Caracas en el año 2000. A partir de 1936 su vida cambió de rumbo al ser detenida en el transcurso del golpe militar que tuvo lugar en Melilla con motivo de la sublevación del general Franco. Como consecuencia de su detención fue condenada a seis años de cárcel, de los que cumplió cinco en esa plaza

Hija y nieta de mexicanos, pero de ascendiente irlandesa. Su padre era un diplomático mexicano, escritor y relevante músico, muy involucrado en las artes y las letras de su tiempo. Su hija Carlota ligó su destino vital a España al casarse con el capitán Virgilio Leret, un oficial del ejército español a quien conoció en Barcelona en los años veinte. Virgilio Leret murió fusilado por ser fiel a la legalidad republicana. como jefe del destacamento de hidroaviones de Melilla. Fue el primer mando republicano ajusticiado en el golpe militar.

Las memorias de Carlota O´Neill las componen tres textos que la autora fue sacando adelante desde el exilio. “Una mujer en la guerra de España” junto con su continuación “Los muertos también hablan” y un tercer testimonio sobre su vida como transterrada componen un trilogía de la guerra. Todas esas narraciones suponen la experiencia vital del destino de una mujer que arrastro siempre un poso de amargura. El comienzo de su periplo se inició en Melilla el verano de 1936, lugar donde perdió la vida su marido. Aquellas vacaciones fueron planeadas por la pareja desde su salida de Madrid. Correspondían a una aspiración del capitán Leret que siempre le pidió a su mujer pasar unas vacaciones juntos con las niñas en la bahía donde se encontraba la base de hidroaviones de Melilla. A allí se fueron para pasar la estancia en una draga en medio de la bahía.

El 17 de Julio de 1936 se produjo la sublevación de las tropas rebeldes contra el gobierno legalmente constituido en el Protectorado y en la ciudad Melilla, dando al traste con la legalidad republicana en dicha ciudad. En esos sucesos fue fusilado su marido como responsable de la base de hidroaviones de esa plaza, después de resistir el empuje de los sublevados y agotar la munición.

Las primeras notas de su obra “Una mujer en la guerra” fueron destruidas por Carlota y sus hijas antes de ser detenidas. Con la desazón en el cuerpo, Carlota O´Neill volvió a retomar el hilo de sus recuerdos y las penalidades de los momentos vividos. Siempre le empujó el compromiso de sus ideales y los de su marido, así como, la defensa de la imagen y el testimonio vital de su marido, junto con los de su propia familia en aquellos trágicos momentos, desafío que siempre le impulsó a volverla a reescribir, Así lo hizo en Venezuela en 1951. Era el primer año de su llegada al lugar de acogida después de un largo periplo y de su paso por las prisiones de Franco. Luego relataría las otras obras como la que se acompañan en esta edición, y que complementan su vida como transterrada. Aún después tuvo que reescribir buena parte de la narración para perfeccionarla, acabándose de publicar finalmente en México, en 1964. La obra tuvo una tirada allí de varios miles de ejemplares, mientras que en España pasó desapercibida completamente por la tupida censura del régimen. Se presentó después una edición en 1977 a cargo de ediciones Turner, hoy Oberón. Era el momento de las primeras elecciones democráticas.

En este libro se recogen dos de las tres obras de sus memorias, la inicial del golpe en Melilla y la correspondiente a los “Muertos también hablan” que recoge el periodo desde su salida de la cárcel hasta la salida al exilio en Venezuela.

Pasando por diversas vicisitudes de distribución de la obra en España, la aventura editorial sufrió diversas penalidades, perdió intensidad, desapareciendo progresivamente sin reeditar, circulando tan solo en círculos muy restringidos, hasta que la obra del escritor Rafael Torres dedicada a recoger los testimonios de los desaparecidos en la guerra de España, y la sublevación militar franquista en el Protectorado español, le obligó a redescubrirla. En su obra “Desaparecidos” Torres cita Melilla y menciona al capitán Leret y a Carlota O´Neill, retomando el hilo conductor de esta escritora, y con ella, sus memorias y su testimonio.

La obra inicial de Carlota recoge los hechos previos al golpe militar durante esas vacaciones de verano en la bahía situada en las afueras de Melilla, y concluye con su salida de prisión en 1940. “Una mujer en la guerra de España” recoge las penalidades de Carlota O´Neill desde su salida de prisión, la visita al lugar donde se supone que se encontraba la tumba de su marido, y su llegada a la Península. “Los muertos también hablan” narra su llegada primero a Madrid y luego a Barcelona con su familia. Esta parte que se publicó en México no se llegó a conocer en España hasta 2003. Durante su estancia en la prisión de Victoria Grande (Melilla) además de recoger los difíciles momentos vividos allí junto con otras presas, Carlota O´Neill dejó por escrito un conjunto de prosas poéticas que apuntan a una escritora de un notable nivel narrativo. En esta edición de 2003 se recogen también estos relatos de prisión fruto de la cesión de una de sus hijas, Carlota Leret O´Neill.

En uno de los prólogos la propia autora confiesa su labor en ese tiempo imitando a Penélope, al coser y recoser el relato hasta darlo a conocer finalmente en su edición mexicana.

Virgilio Leret Ruiz, fue un aventajado aviador del ejército, ingeniero e inventor español, que hablaba árabe y francés. Como ingeniero destacó como un experto en la producción de motores de aviación, diseñando un turbo-reactor de aviación, siendo un precursor en la materia, con lo que con su muerte se perdió un inventor importante y un aventajado experto en la aeronáutica española cuando ya tenía avanzado el prototipo y las autoridades republicanas comenzaban a preciar su trabajo. En el otoño de ese fatídico año de 1936 se iban a realizar las pruebas de su duseño.

Su brillante carrera militar también se acuñó en África, en los combates como capitán contra Abd-l Krim, con gran éxito sobre el terreno, pero su vocación técnica era en la última época la aviación y la ingeniería aeronáutica. La base del Atalayón, en Melilla, a orilla de la Mar Chica, fue su último destino antes de ser asesinado. Tenía 34 años de edad. La República a título póstumo le reconoció el grado de comandante como premio a su lealtad y resistencia al golpe militar.

Carlota que había destacado como feminista, de izquierdas y directora de la revista Nosotras, había despuntado como periodista, y como defensora de los derechos de la mujer. Incluso llegó hacer entrevistas en la prensa española, entre otras, la realizada a D. Santiago Ramón y Cajal. Desde muy joven destacó en el mundo de la las letras, incluso estrenó una obra de teatro “Al rojo” un drama social que recogía las difíciles condiciones de las modistas. Una profesión que junto las telefonistas, las enfermeras, las maestras y las asistentas, era la vida laboral de muchas mujeres de su tiempo.

En esos momentos en que su marido es detenido y asesinado se vio en el trance de ingresar en prisión siendo separada de sus hijas María Gabriela y Carlota, que en un largo periplo. Su suegro, el coronel Leret, afecto al franquismo, fue responsable de su sentencia a seis años de cárcel, y de la decisión ingresar a sus hijas en un orfanato religioso de Aranjuez, perdiendo su tutela. Después se afincó en Barcelona, donde poco a poco, consiguió ganarse la vida y recuperarlas en precario. Durante los trabajos eventuales que desempeñó firmaba los artículos con pseudónimo, en diversas revistas del momento, colaborando también con la radio. En 1949 logró salir hacia el exilio en Venezuela y en México de donde procedía el origen de su familia y donde se afianzó profesionalmente en el periodismo, la radio y la televisión, alcanzando notable fama.

Sus obras que se han citado en este artículo se publicaron en España en 1979, año que vino a un Simposium sobre la guerra civil celebrado en Barcelona. Se sentía aún traumatizada por sus vivencias aquí, declarando en dichas jornadas que ya no se identificaba en el país. Murió en Caracas en el año 2000 y su familia cumplió sus deseos de esparcir sus cenizas en México, en lo alto del volcán Popocatepetl.

Pedro Liébana Collado

 

 

 

 

 

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