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Por que la izquierda pierde votantes

Por que l izquierda pierde votantes1

Según el editor británico Ernest Benn (1875-1954) «La política es el arte de buscar problemas, descubrir si existen o no, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar el remedio equivocado». Quizás por eso muchas personas han perdido la fe en la clase política.

También porque los políticos no les dan lo que realmente les importa. En efecto, cuando aparece un político que les ofrece lo que necesitan, como el actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, el electorado acude a votar.

Finalmente, porque estamos en una era de mandatarios, no de líderes.

En cualquier caso, el más grave problema que se deriva de estos factores es que siempre golpea a los más empobrecidos y potencia las masacres.

El pesimismo ante la política

Se ha generalizado en todo el planeta. La ciudadanía mundial piensa que las donaciones económicas de los poderosos a los políticos demuestran que tienen más influencia que los electores y lo consideran una causa de corrupción. Las últimas encuestas señalan que más del 80% de la población mundial no cree ya que la clase política gobierne para el bien común.

Los críticos de izquierdas sospechan que esta situación está relacionada con los males provocados por el capitalismo, imperante desde hace siglos.

La clase política de izquierdas argumenta que los intereses económicos y financieros y los valores morales de unos pocos tienen preferencia sobre las necesidades de la mayoría. Hay miles de ejemplos de ello. Uno de los más escandalosos fue el griego en 2015. Entonces, el país se enfrentaba a una crisis de deuda pública y el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea «embalaron» un paquete de rescate que obligaba al Gobierno griego implantar unos inmensos recortes en servicios públicos. El Gobierno sometió a referéndum los términos del rescate y una aplastante mayoría de griegos rechazó los recortes en gasto público. Sin embargo, el Gobierno, liderado por la izquierda política, negoció un paquete mucho más duro y el Estado optó por el beneficio y la rentabilidad en lugar de las necesidades sociales. Unido al impacto del covid-19, sanidad pública, educación pública y servicios sociales aún no se han recuperado y el país está ahora en manos de la extrema derecha.

Otro caso más cercano es la política ferroviaria de los partidos mayoritarios españoles. Han destinado casi cien mil millones de euros al AVE para tan solo 37 millones de viajes y menos de siete mil millones a trenes de cercanías y media distancia para más de 600 millones de trayectos. Además de beneficiar a la clase pudiente, la que coge el AVE, ¿a quién más beneficia? A las empresas que fabrican el AVE y construyen la vía férrea por la que pasa. No a los usuarios de los trenes de cercanías y media distancia, que es la inmensa mayoría del pueblo ¿Por qué los partidos mayoritarios han potenciado el AVE?

Las ciencias sociales como forma de brujería2

Evitan exponer críticas para proteger sus propias posturas, no señalan que hay que ir más allá del capitalismo ni presentan una visión esperanzadora del mundo poscapitalista, aunque todas las estadísticas mundiales digan que el capitalismo conlleva el aumento de la desigualdad, el empeoramiento de las condiciones de salud y que cada vez haya más gente pobre.

Ciertamente, la ciencia social es parte del sistema capitalista; por eso se abstiene de exigir un derrocamiento revolucionario y solo recomienda reformas mínimas que no cambien el sistema. Nunca criticarán el funcionamiento de la política capitalista.

La élite política

En los países «democráticos», la clase política no se preocupa de ayudar y resolver los problemas del electorado con el que ha contraído una responsabilidad y a quien ha hecho unas promesas. Solo lo consideran una base cuya obligación es elegir a los políticos cuando se presentan. Mucho peor ocurre en aquellos países con regímenes políticos que prescinden de elecciones, porque su único objetivo es permanecer en el poder.

Hay, pues, un gran abismo entre las necesidades de los electores y lo que esperan de la política y los objetivos de las élites políticas, las cuales, a veces, fingen preocuparse de los principales problemas de la ciudadanía: el calentamiento global, la colonización, la opresión, la violencia y la guerra civil, la justicia social, la pobreza, la educación y la salud. Para terminar no haciendo nada.

Es la actitud, por ejemplo, de los Gobiernos ante el conflicto palestino. Sus intereses corren vecinos a Israel, mientras sus pueblos están junto a los palestinos.

La izquierda hoy

¿Cómo es tras el triunfo de Thatcher en Gran Bretaña y Reagan en EEUU? La izquierda tradicional fue perdiendo relevancia política y capacidad para forzar el cambio. Así que, analizar solo posturas concretas sobre temas fundamentales ya no es suficiente, porque pueden cambiar; además, las izquierdas actuales se postulan de forma distinta en temas económicos, nacionalistas y patrióticos.

La izquierda de los grandes partidos políticos organizados o las coaliciones electorales que históricamente se identifican como de izquierdas no consiguen ofrecer una alternativa real al centro y a la derecha. Por desgracia, a menudo, su objetivo es remedar a la derecha o ser una «derecha light»: versión más suave de las políticas derechistas para mejorar su atractivo electoral.

Con todo, su principal fracaso es que no abandona su carácter eurocéntrico y occidental; ofrece lemas, no soluciones; e intenta satisfacer al electorado que se encuentra en el centro, no a la izquierda. Por tanto, la izquierda occidental acepta políticas aborrecibles para cualquiera que crea en la justicia económica y social o en una política exterior que represente esos valores.

Hay quien cree que la solución sería reconectar esa izquierda con los valores de la Ilustración europea, adecuándolos al siglo XXI. Sin embargo, no tienen en cuenta que esa Ilustración desemboca en un capitalismo «con rostro humano». Es lo que hacen partidos como el Partido Socialdemócrata alemán, el Partido Socialista francés o el Partido Laborista británico, que han abandonado sus compromisos con el pueblo para captar el «centro político».

Si el legado liberal de la Ilustración no vale, tal vez podrían recuperar los valores más clásicos del socialismo y adaptarlos a nuestra época y también algunos ideales humanistas anteriores a la Ilustración. El pensamiento socialista ofrece herramientas muy útiles y relevantes para entender qué es lo que no funciona en el capitalismo y su relación con el auge del colonialismo.

Ciertamente, la izquierda es hija de la Ilustración, pero esta era hija del Imperio y continúa teniendo una actitud colonialista demasiado condescendiente con el Sur global, ya que dan por sentado que el Sur debe «ponerse al día» siguiendo el ideario de la izquierda occidental. Es una actitud racista que conviene atajar con valentía, especialmente en relación con África y Oriente Próximo.

Construir una nueva coalición

Todos los años, medio millón de personas de izquierdas se concentran en septiembre en Francia para celebrar un festival por la Fiesta de la Humanidad, convocado por el periódico comunista L’Humanité. En la segunda mitad del año, varios miles de personas asisten al Congreso Socialista de Chicago, una de las reuniones más importantes de la izquierda estadounidense.

Aunque son viejas convenciones y organizaciones, la composición de sus asistentes ha cambiado. Ahora acuden personas de comunidades árabes y musulmanas, migrantes africanos, del Sudeste Asiático y de Sudamérica. Son los pocos espacios en que Occidente es solidario con países como Palestina sin que tenga repercusiones represivas por parte del poder. Buen ejemplo de lo que hay que hacer: crear un nuevo mosaico humano de izquierdas en que la clase obrera tradicional y la clase obrera migrante puedan marchar juntas como una sola clase.

También hay grupos no adscritos a la izquierda política que coinciden en su apoyo a Palestina. Son los congresos anuales musulmanes: American Muslims for Palestine en EEUU y Islamic Human Rights Commission en Londres. Por tanto, la coalición por Palestina, que funciona eficazmente en todas partes, debería ser la base para coaliciones locales y, después, globales.

El racismo de la izquierda institucional

Es uno de los principales obstáculos para construir una coalición sólida, aunque sea más inconsciente que voluntario, y los partidos comunistas europeos aún tienen que sacudirse su racismo. De hecho, una de las razones del éxito de la izquierda en las elecciones francesas de 2024 fue que lo superó y una nueva generación de migrantes decidió participar en las elecciones votando a la izquierda.

Otro tipo de racismo es el del Partido Demócrata estadounidense, pues tienen miedo de elegir candidaturas progresistas no blancas que apoyan a Palestina, a pesar de que no es un partido racista; pero, cuando se trata de Israel y Palestina, aún se aterroriza el establishment demócrata. Teme plantear una conversación clara acerca de temas que deben cambiar drásticamente, como desfinanciar a la policía o reformar seriamente la política carcelaria.

1El texto procede del intelectual Ilan Pappé.

2Título de un libro de Stanislav Andreski publicado por Taurus.

Pepa Úbeda Iranzo

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