Ceuta: un talón de Aquiles que muestra la fractura interna en España

Pancartas de apoyo a Ceuta en Fariza
Las recientes manifestaciones que pretendían mostrar apoyo a Ceuta no fueron, en realidad, un gesto de solidaridad con la ciudad autónoma ni con sus habitantes. Aunque acudieron muchas personas con buena intención, estas concentraciones fueron utilizadas por las derechas como un ariete contra el Gobierno español. Lo que importaba no era la defensa de nuestros compatriotas, no buscaba soluciones, sino infligir daño político al Ejecutivo
Santiago Ávila, en su manual Tontocracia, define a los idiotas como aquellos que, por perjudicar a otros, pueden dañarse a sí mismos y estos se pueden encontrar en cualquier ámbito de la vida: la empresa, la política (tanto en el Gobierno como en la oposición) y en el día a día. Por ello, perjudicar a España es perjudicar a todos, y, seriamente, no se obtiene beneficio alguno con esta estrategia.
Volviendo a las concentraciones contra el Gobierno, allí se escucharon arengas partidistas, insultos dirigidos a la madre del presidente del Gobierno, banderas preconstitucionales y cánticos como «Cara al sol», que poco tienen que ver con Ceuta, o una concentración pacífica. Ataques a periodistas supuestamente de izquierda —aunque yo conozco a una que, pese a trabajar para RTVE, estaba más a la diestra que a la siniestra—. Estamos normalizando la violencia y subiendo las revoluciones; esto algún día nos va a costar un disgusto y es un caldo de cultivo que algunos vienen preparando y del que no piensan responsabilizarse.
El otro día hubo una cumbre del PP para analizar el problema ceutí, pero no para dar apoyo a Ceuta; como certificaba el periodista de El País Carlos E. Cué, la única comunidad autónoma que dio un apoyo real fue el País Vasco cuando su presidente se ofreció, en la medida de sus posibilidades, a acoger menores. El mayor gesto de patriotismo hasta el momento.
Y su soberanía es indubitada; hablamos de un territorio que lleva siendo de la unión ibérica desde 1580 y español desde 1668, mucho antes de que existiera el reino alauí. Por aquí estuvieron fenicios, cartagineses, romanos, vikingos, portugueses y españoles. Si buscamos una justificación histórica, tendrían más derechos los daneses sobre ese territorio que el actual reino de Marruecos.
Sobre lo ocurrido, seguramente es totalmente necesario fiscalizar la acción del Gobierno para saber si actuó con diligencia ante los avisos del CNI, si activó las medidas preventivas necesarias o si existe una coordinación suficiente. En caso de que hubiera fallos o errores, que dé las explicaciones, subsane lo que haya que mejorar y, en su caso, se diriman las responsabilidades. Pero esta es otra cuestión. Como decía James Reason en sus trabajos sobre investigación de accidentes, si buscamos culpables en vez de soluciones, nunca aprenderemos nada.
Pero, para mejorar el estudio del problema, quiero aplicar la regla de Quintiliano para saber el qué, quiénes, por qué, cómo y para qué en las concentraciones contra Ceuta.
EL QUÉ
El problema no es nuevo. Marruecos, régimen autócrata, ha permitido, o al menos no contenido con contundencia, un ataque híbrido con población civil para presionar a España. La novedad radica en la magnitud: entre el 30 y el 31 de julio de 2026 se produjo la mayor entrada masiva de personas en territorio español de la historia reciente. En cuestión de horas, cruzaron hacia Ceuta —ciudad de unos 84.000 habitantes— entre 70.000 y 80.000 personas, principalmente a nado rodeando el espigón de El Tarajal.
El colapso fue total, calles desbordadas, servicios saturados, comercios cerrados y caos generalizado. Aunque la gran mayoría regresó a Marruecos en los días siguientes (más del 90%), quedaron miles de personas, entre ellas muchos menores, y se registraron entre 88 y 141 muertes según tomemos fuentes oficiales o de las ONGs.
QUIÉN
El periodista de investigación José Bautista García lo analiza con precisión en sus recientes reels. Marruecos quería dar un susto, pero no esperaba que fuera tan grande. La operación fue impulsada o al menos permitida deliberadamente desde la cúpula del poder marroquí, en particular por Fouad Ali El Himma, consejero más poderoso del rey Mohamed VI, y Abdellatif Hammouchi, jefe de inteligencia. Todo ello como herramienta de presión política y chantaje en un momento de tensiones diplomáticas (relaciones con Argelia, el Sáhara Occidental, investigaciones periodísticas sobre el uso de Pegasus por parte de Marruecos, etc.).
Además, existen sospechas mucho más que fundadas de que actores externos, como Estados Unidos e Israel, juegan un papel en la desestabilización. No es casual que resoluciones del Senado estadounidense hayan animado a reconocer Ceuta y Melilla como territorios marroquíes. E Israel, como acción frente a la posición de España ante su genocidio particular en Gaza, ya lo dejó claro a través de Dana Erlich, su máxima representante diplomática en España: “no trabajar con Israel sobre nuestra defensa tiene también un precio sobre los ciudadanos españoles”. Asimismo, el embajador de Israel ante la ONU, Danny Danon, calificó a Ceuta y Melilla de «enclaves coloniales».
Dentro de España, también hay quien contribuye a la deslealtad. Como decía mi abuelo —lector incansable de Marcial Lafuente Estefanía— hay tres tipos de indios: los que están dentro de la tienda y mean hacia fuera, los que están fuera y mean hacia dentro, y los más peligrosos, los que están dentro y mean dentro. Recientemente, Jiménez Losantos y Paco Marhuenda alababan lo bien que les trataban los servicios secretos marroquíes al pagarles las vacaciones en Tánger a ellos y sus familias; sus seguidores deberían tildar eso de alta traición.
La derecha y la ultraderecha, en lugar de hacer causa común a nivel internacional, también mean dentro: no se dan cuenta de que, al erosionar al Gobierno, erosionan nuestras instituciones. Ojalá tuviéramos una oposición responsable, como la de Portugal durante su crisis de deuda allá por el año 2011.
A nivel europeo, también tenemos nuestros propios indios, los cuales no solo mean, también salpican. Las fronteras de Ceuta son las fronteras de Europa. Es un problema común que también afecta a Italia y a todos y cada uno de los socios. Debemos tener una política de defensa común que no nos haga depender de socios abusones ni de tarados.
EL PARA QUÉ
Es para lo de siempre: prebendas, desestabilización y espectáculo. Marruecos busca demostrar la debilidad de las instituciones españolas. En cuanto a las manifestaciones convocadas aquí, su único propósito fue hacer un pequeño homenaje a la madre del presidente (no encuentro otra explicación). Nada tenían que ver con Ceuta o los ceutíes. Cuando se vio a un niño acompañado de su madre con un cartel que decía «Pedro Sánchez hijo de fruta» (tomando licencias ayusianas), quedó claro que la única explicación a esto la dio Einstein: «solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y de lo primero no estoy completamente seguro».
EL POR QUÉ
Marruecos reclama Ceuta y Melilla como parte de su identidad nacional y como pilar de su monarquía. Por eso, el conflicto no tiene una solución sencilla ni inmediata.
EL CÓMO
La historia nos da lecciones, y aquí solo existen soluciones multiescala para un problema híbrido, sobre todo de credibilidad. Ninguno de los partidos que dieron cobertura a la manifestación ha ofrecido una solución real. Salvo Figueiredo, el mandatario de Vox, que con un gesto imitando una escopeta proponía cazar o pescar a los inmigrantes como a perros o sardinas.
La solución debe ser híbrida, como el problema, y actuar en varios niveles:
- A nivel europeo: Actuando con solidaridad mutua y enviando un mensaje claro y unívoco a Marruecos, Israel y Estados Unidos: «Esto no se va a tolerar y tiene consecuencias».
- A nivel nacional: Ejerciendo una oposición responsable y ofreciendo un apoyo institucional firme a las actuaciones del Gobierno (que debe coordinarse con el resto de los grupos políticos). Un Pacto de Estado como el realizado, en su día, frente al terrorismo. Una situación como esta no nos puede dividir, ni política ni socialmente. Si hubiera cualquier manifestación, esta debería mostrar unidad y contundencia para enviar un mensaje claro de unidad.
- A nivel legal: Dado que esta situación constituye una invasión y un ataque a nuestro statu quo, se requieren nuevas excepciones legales. La entrada coordinada y con ánimo de desestabilizar un territorio en tiempo de paz debe ser tratada de otra manera: a actuaciones excepcionales, medidas legales excepcionales.
- No olvidemos que la derecha que ahora saca pecho y pretende acusar de ceder Ceuta y Melilla fue la misma que realizó cesiones a Marruecos en el pasado: la entrega de Ifni en 1969 bajo el régimen de Franco (un territorio de 1.502 km²), y la Marcha Verde de 1975, que condujo a los Acuerdos de Madrid y al abandono del Sáhara Occidental, en contra del derecho internacional y de las resoluciones de la ONU (incluso contra la promesa del rey campechano).
Ceuta no es un problema local ni un arma de confrontación partidista. Es un asunto de Estado, de Europa y de credibilidad democrática. Mientras una parte de la política española siga utilizando la ciudad como escenario de su particular guerra interna, y Marruecos continúe con su estrategia de presión, el verdadero perjudicado será siempre el interés general de España.
Germán Carbajo García
Publicado en Zamora News



