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Javier de Lucas: «No comprender las acampadas es estar ciego, pero los discursos demagógicos y la huelga son un error»

El jurista, fundador del Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de València, exsenador socialista y miembro del Consell Jurídic de la Comunitat Valenciana se muestra crítico con el Gobierno por Ceuta y asegura: «Un país gobernado con Vox me aterra, pero el voto del miedo es un mal argumento porque degrada la posibilidad de hacer propuestas»

Javier de Lucas apela a su responsabilidad pública para hacerse oír, aunque su voz sea incómoda en ocasiones para los ideológicamente más cercanos, como los socialistas, partido en el que sigue militando y del que censura la ausencia de debate interno. Con todo, matiza, es consciente de que en el PP es peor. «Y en Vox, ni digamos». Sobre la mesa, un café negro y un agua con gas. Por delante, una conversación (sin adjetivos).

Votar en tiempos de polarización extrema. ¿Cómo ve este tiempo y estas elecciones?

No es solo la polarización de origen, sino que tiene todas las trazas de que con la campaña va a ir a más. Eso conduce el debate a lo emocional y a eslóganes con una carga básicamente destructiva más que a los argumentos y propuestas. Eso hace que estas elecciones se puedan resolver en falso.

Resolver en falso, ¿qué quiere decir?

Que en estas elecciones vamos a ir a una posición referendaria en la que no se trata de oponer programas, sino del «y tú más» o «tú eres peor». Y si no se discuten programas, ¿a qué legislatura vamos? Pues a una de una lógica de polarización que no cambiará mucho respecto a los últimos meses.

¿Es bueno que la sociedad vote ya sin esperar al final de la legislatura?

Por no contradecirme —aunque no está mal hacerlo, porque a veces hay que cambiar de opinión—, he sido de los que he apoyado desde hace tiempo, incluso estando militando en el PSPV-PSOE, que lo mejor era convocar elecciones. Y desde el punto de vista de quien convoca, cualquier otro hubiera hecho lo mismo: convocar en el contexto menos malo para él.

¿Es viable plantearse el fin de la polarización o hay que poner el foco en aprender a convivir con ella?

Me parece interesante esa posibilidad de aprender a vivir con la polarización, aunque la experiencia dice que convivir con ella es muy difícil porque te come y dificulta el diálogo. Racionalmente hay muchos puntos en los que los dos grandes partidos podrían acercarse, a pesar de la deriva del PSOE para captar el voto de la izquierda y la deriva mucho más evidente y grosera del Partido Popular hacia posiciones de extrema derecha en una batalla que tiene perdida. Pero con el grado de planteamiento referendario actual no se ve un cambio posible, salvo que el PP se dé cuenta de que se está suicidando, pero la lógica indica que no.

¿Le da miedo un país gobernado con Vox?

Por supuesto que me da miedo. Pero no creo que el argumento en estas elecciones deba ser de nuevo el lobo de Vox; ese es un mal argumento que degrada la posibilidad de hacer propuestas. El PSOE debe mostrar propuestas técnicas e ideológicas, que estoy convencido de que son mejores para la ciudadanía frente a la falta de programa del PP y lo que representa Vox, que da mucho miedo en materia de derechos sociales, mujeres, pensionistas o inmigrantes.

¿Se puede equiparar extrema izquierda y extrema derecha en cuanto a ataques a derechos?

Esa analogía es impropia. Lo que aquí llaman extrema izquierda no lo es. Partidos como Sumar, Compromís o Bildu no tienen programas de extrema izquierda, los cuales implicarían colectivización de la banca o intervencionismo estatal masivo. Hay una izquierda a la izquierda del PSOE, pero el PSOE actual es a duras penas socialdemócrata, es un partido de centro.

Manolo Mata dice que este es el gobierno más de izquierdas de la democracia.

No estoy de acuerdo con mi amigo Manolo Mata. Este es un gobierno de centroizquierda que ha restablecido derechos y exigencias de igualdad, en buena medida empujado por sus socios de legislatura. Pero si lo comparas con las dos primeras legislaturas de Felipe González o la primera parte de la etapa de Zapatero (luego sí que se rinde con armas y bagajes a los mercados), no creo que este sea un gobierno más de izquierdas. El error de este, como otros de teórica intención izquierdista, ha sido poner más acento en las políticas de identidad que en las de igualdad. No digo que no sean importantes, pero es un error poner la prioridad en esas políticas y no en las básicas de redistribución.

¿Diría lo mismo del Botànic?

Es complicado. El Botànic también puso demasiado el acento en políticas identitarias (no en la identidad valenciana, sino en lo que se viene en llamar woke), pero también derivó hacia una gestión centrista. Ximo Puig necesitaba la no beligerancia del empresariado, con lo cual demostró capacidad de gobierno centrista en un contexto muy difícil como la pandemia.

Como jurista, ¿diría que existe lawfare o una justicia conservadora que ha hecho suya esa frase de Aznar de que ‘el que pueda hacer, que haga’?

Pido, aunque sea estéril, hilar muy fino. Me destroza el ánimo que juristas que respetaba y ya no como Martín Pallín hablen de lawfare a troche y moche y ejerzan de agitadores. Yo no creo que exista una política judicial generalizada de lawfare, pero sí creo que en la cúpula de la Sala Segunda (Penal) y Sala Tercera/Cuarta (Contencioso-Administrativo) del Supremo hay magistrados empeñados en una lucha político-ideológica contra el Gobierno.

¿Y eso es solucionable?

Es muy difícil de modificar por la política de nombramientos de estas salas, que depende del equilibrio interno en el Poder Judicial (CGPJ) y en este predomina el sector conservador. Pero una cosa es decir que haya jueces conservadores en el Poder Judicial y otra que hay lawfare en él: yo eso no lo creo.

¿El caso del juez Peinado sería distinto?

En el caso de Peinado se aprecia una competencia técnico-jurídica muy limitada y decisiones que traducen ideología encuadrable en el lawfare.

Empezamos la precampaña con la historia de un posible pucherazo en el voto por correo. ¿Le recuerda a Trump?

Recuerda a Trump, sí, pero el sistema electoral español es sumamente garantista, con muchos filtros y mucho más difícil de pervertir que el de EE UU. Me sorprendió la postura desmesurada de Vox y que Feijóo fuera detrás y no lo desmintiera categóricamente, lo cual muestra cómo la polarización pasa por encima de la realidad empírica y cualquier elemento jurídico. Augura lo peor para el día después del 29N.

Es bastante activo en redes sociales. ¿Se siente cómodo? ¿No advierte odio?

Me siento muy incómodo.

Pero decide estar.

Estoy por el deber de presencia de quienes ocupamos posiciones de privilegio en el debate público, pero me descorazona el predominio del odio y, sobre todo, la ausencia de argumentos. Recibo mierda a montones y, aunque he tenido la tentación, como tantos, no me voy por testarudez y por responsabilidad pública.

A pesar de su militancia en el PSPV-PSOE, ha sido muy crítico con la política migratoria del Gobierno.

No es nueva. Mi posición crítica en materia de inmigración y asilo viene de hace 30 o 40 años. Cuando Ximo Puig y Manolo Mata me propusieron ir al Senado y luego militar e incluirme en la ejecutiva del PSPV-PSOE (decisión que no fue la más acertada por mi parte), dejé claro que no iba a cambiar mis convicciones.

¿No entiende su posición como desleal?

Todo lo contrario, porque he ejercido siempre el primer momento de discusión dentro del partido y me ha costado reprimendas y multas. Pero llega un momento en el que creo que en el Partido Socialista el debate interno no existe, se ha anulado por completo por parte de la dirección en unas decisiones que estratégicamente pueden ser útiles pero yo considero erróneas. Dimití de senador tras tramitarse la ley de Universidades y hoy estoy liberado y, como no hay espacio internamente, doy mi opinión donde me parece. Creo que eso es leal con el partido porque necesita ese debate y posiciones diferentes.

¿Continúa militando?

Sí. Sigo pagando mi cuota.

¿Hoy aceptaría esos cargos de senador y miembro de la ejecutiva?

No, porque soy un mal político y carezco de cultura de partido.

¿Cultura es disciplina?

Se ha reducido a eso. Un grupo no puede funcionar sin unas directrices, pero que la vida de partido sea de consigna y argumentario me parece empobrecedor. Y, por supuesto, pienso que en el PP es peor. Y en Vox, ni digamos.

¿La visita de los reyes a Ceuta le parece acertada?

Para los ciudadanos de Ceuta es positiva, porque les han fallado todas las instituciones. Han sufrido la ausencia del Estado, que es el abandono del Gobierno, que lo ha hecho fatal, y también la insolidaridad de las comunidades autónomas, e incluso en las últimas semanas el gobierno de Ceuta se ha dejado arrastrar por esa lógica partidista. Y en las relaciones con Marruecos me parece adecuada: la esclavitud de la geografía obliga a llevarse bien, pero una cosa es prudencia y no echar gasolina y otra mantener la firmeza diplomática de que Ceuta y Melilla son tan territorio español con Torrelodones.

Hassan II dijo que la próxima generación tendría que resolver la situación de Ceuta y Melilla. ¿Nos acercamos a ese momento?

No lo veo. Marruecos nunca va a abdicar de su posición de que son ciudades marroquíes, pero del mismo modo que los gibraltareños no quieren ser españoles, porque sería renunciar a sus privilegios, los ceutíes y melillenses no quieren ser marroquíes. ¡Cómo van a querer si la gente se va de Marruecos porque no ve expectativas!

¿Entiende las acampadas por la vivienda?

Es imposible no entenderlas. La vivienda es un problema gravísimo de dignidad y que lastra el proyecto de autonomía personal de generaciones, así que no comprender las acampadas es estar ciego. ¿Simpatizo con ellas? Es diferente. La lucha es legítima, pero convocar una huelga general a tres días de la campaña de las elecciones me parece que no es legal. Y lamento el lenguaje de las representantes del Sindicato de Inquilinas, demagógico y poco democrático con quien piensa diferente y que se arroga una capacidad de representación popular que no veo. Recurrir a discursos demagógicos contra el propietario que tiene uno o dos pisos en alquiler después de haber trabajado y para asegurarse su vida y quizá la de sus hijos me parece un error. Y esa lógica de que solo el pueblo salva al pueblo, yo estoy radicalmente en contra.

El contexto que tenemos es que la calle y las redes parece que pesan más que el Parlamento.

Ese es el asunto. Fue desafortunado que el presidente dijera que el Parlamento no refleja el sentir de la calle. Oiga, el Parlamento es la institución democrática que representa a la ciudadanía y otra cosa es que los grupos fallen en contra de lo que al presidente le parece más justo.

¿Es optimista sobre el futuro?

Repito lo que leí a Axel Honneth. Los periodistas y los que tenemos una representación pública tenemos que aceptar el imperativo moral del optimismo, de no rendirse. Aunque el contexto apunta a más polarización a corto plazo, asumir que no hay nada que hacer, renunciar a lo público y encerrarse en el individualismo sería renunciar a lo que nos hace seres humanos. No creo en el individualista satisfecho y moralmente superior.

Alfons Garcia
Publicado en Levante.emv

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