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Marga Clark – “Amarga luz”

Libro: “Amarga luz”.

Autora: Marga Clark

Editorial: Circe 2002

Marga Clark es el pseudónimo de Marga Gil Navarro. Esta obra es un testimonio novelado de la vida y de la muerte de su tía Marga Gil Roësset. El texto constituye el homenaje a su memoria y el reconocimiento de su figura.

El suicidio de su tía condujo al olvido durante décadas. La figura recogida en el texto es la historia de una hermosa joven y de un amor oculto, no correspondido, en el entorno del poeta Juan Ramón Jiménez.

Según se indica en el texto la muerte de su tía no se comentaba nunca, más bien era un fantasma deambulando en el espacio. Según la propia autora el asunto siempre quedó suspendido en la penumbra durante mucho tiempo. El empeño de su sobrina en que aflorase ha venido marcado por un esfuerzo titánico por reconstruir no solo la figura de su tía, sino el vivo reconocimiento y la proyección de su obra como lo que fue, una escultura reconocida dentro de su época. Figuras como Victorio Macho, llegaron a acreditarlo en cierta ocasión.

A pesar de su juventud, Marga Gil ya comenzaba a reconocerse por su valía. Así en la revista La esfera, en 1929, se daba a conocer la obra y la presencia de una precoz y original escultora que asomaba de manera incipiente en el horizonte artístico de esos años con valores propios y originales.

Su muerte pocos años después, en 1932, se llevó por delante la vida y el talento de una artista que comenzaba a descollar en los primeros años de la República Española.

Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura, de 1956, nunca reparó en su estilizada figura, casi una delicada joven, que frecuentaba su casa en Madrid.

Después de varias aventuras amorosas, el poeta conoció a Zenobia Camprubí, una mujer elegante, inteligente y polifacética, con quien se casó en 1916, en USA y con la que compartió su vida hasta su final.

Zenobia fue escritora, traductora y lingüista. Su presencia fue decisiva en el entorno del poeta, puso orden en sus cosas, gestionó económicamente los recursos de la pareja, y se ocupó, casi como un asistente, del entorno del escritor en lo material y en lo afectivo. Sus múltiples facetas aún le permitieron pertenecer al Lyceum Club, junto con Victoria Kent, y otras destacadas representantes de la cultura de la época, e incluso llegó a desarrollar numerosas actividades sociales con el espíritu de una gran activista.

Sus Diarios recogidos en varios tomos, nos han dejado constancia de sus actividades y de su vida. Son de un gran interés especialmente para conocer detalles de su vida y de la de Juan Ramón Jiménez y, sobre todo, del contexto en que se desarrollaron sus vidas.

Por el contrario, Juan Ramón Jiménez, retraído y con tendencias a la depresión, pasaba por frecuentes y reiterados episodios de soledad y aislamiento. Había sido tratado clínicamente de diversos episodios en el pasado por el doctor Luis Simarro, famoso psiquiatra. Sorolla nos dejó en uno de sus cuadros constancia del sabio valenciano. No obstante, el poeta siempre padeció de esos episodios recurrentes. Solo Zenobia le sabía entender, incluso permanecieron juntos en el exilio de Puerto Rico, a donde ambos fueron a parar después del inicio de la guerra civil española.

Para entonces la obra poética de Juan Ramón Jiménez ya se había consolidado de la mano de Antonio Giménez Fraud, y de la editorial Calleja. El éxito le llegó al poeta con la publicación de su obra Platero y yo, en 1917, y posteriormente, a través de una incontable y prolija obra poética.

En 1930, Juan Ramón Jiménez conoció en Madrid a Marga Gil en un concierto. A partir de 1931 comenzaron a manifestarse en Zenobia los primeros síntomas de una grave enfermedad que le llevaría bastante más tarde a la muerte. No obstante, su resistencia fue considerable, porque murió del cáncer de ovario en 1956, el año en que su marido recibió el Premio Nobel, dos años antes de su propia muerte en Puerto Rico.

Marga Gil amiga de Zenobia Camprubí, visitaba el domicilio familiar en la calle Padilla 38, y durante ese tiempo conoce y profundiza en la personalidad y la obra del poeta, y de quién, poco a poco, se enamora. A partir de Enero de 1932, es cuanto más se intensifican las visitas. A Marga Gil le gusta el poeta y se entusiasma con el escritor, le gustaba su físico, su poesía, y todo lo que inspiraba la vida del poeta.

Juan Ramón Jiménez lejos de sostener una relación amorosa, le manifiesta un cierto desapego. Dobla en edad a la muchacha, pero llega en un momento en que la relación con Zenobia ya se había consolidado, y le aportaba ya todo cuanto podía tener. Se sucede a partir de ese momento una relación desigual que acabará por tener un destino fatal. La escultora vuelca en su obra su ansiedad y el escaso fruto de una relación que no es correspondida. Este hecho incentiva su esfuerzo creativo sin merma alguna en la belleza de su obra. Marga Gil es en esos momentos una mujer de 24 años, perfeccionista y sensible, pero también romántica, rebelde e insegura.

El 30 de julio de 1932 el periódico La Libertad con un gran titular anunciaba que Una señorita se suicida en un hotelito de Las Rozas. El juez en el acto de levantamiento del cadáver encontró una carta escrita por Margarita Gil explicando a su madre los motivos del desenlace. El fallecimiento se produjo por un disparo de pistola. Previamente Marga Gil dejó escritas varias cartas. Antes de morir decidió poner fin también a sus obras. Destruyó cuantas pudo como un mudo homenaje a su fracaso. Como dice su sobrina en el texto, después de profundizar en su vida, Tía Marga decidió buscar al poeta en la eternidad.

Después de su desaparición el poeta quedó tan sobrecogido e impactado que reconoció su presencia e invocó su figura en un libro titulado Españoles en tres mundos. Esta obra es de capital importancia en el panorama de la prosa lírica del poeta. Es tan importante como el Juan de Mairena en la obra de Machado. En ella figuran retratos y semblanzas de escritores y personas que el autor conocía. Está escrita con una gran finura literaria. Aquí aflora Marga Gil.

La autora de este texto pudo profundizar en la vida de su tía Marga cuando en medio del silencio familiar, un día su padre le entregó un diario de la escultora. Con él acababa de entregarle un fragmento de la vida de su hermana, o al menos, lo que acreditaba su existencia, su forma de ser y los rasgos de su personalidad, junto con una buena porción de sus sentimientos. Lo hizo con el gesto mudo y doloroso de una herida abierta que no acababa de sangrar a lo largo del tiempo. Son los indicios que han quedado de su presencia.

Su sobrina Marga Clark, Investigó la documentación familiar disponible, los documentos que la citaban y los antecedentes de su tía. Se aprestó a conocer cuántos testigos y aportes pudiera encontrar para completar su biografía. Consiguió conocer a un viejo profesor con quien departió detalles de sus últimos recuerdos. Lo que averigua es que había sido una precoz ilustradora, dibujante de textos y una notable escultora. Sus huellas quedaron presentes en la casa familiar a través de algunas piezas de considerable belleza.

La experiencia en cine y fotografía de la autora ampliada durante su estancia en Nueva York, le aproximó al conocimiento y los detalles de la creación artística y a la expresión de las personalidades neuróticas, perfeccionistas y ambiciosas, y a la vez, vulnerables y románticas.

El texto aporta las últimas cartas que escribió, unas de despedida, y otras plenas de desesperación y de desilusión, así como el acceso a los fragmentos del breve diario entregado a la autora por su padre. Todo un sentimiento sin esperanzas de ser correspondido. Es la vida interior de un ser roto, que le llevó a extraviar el futuro, incluso hasta llegar a poner punto final a una vida tan joven cuando ésta se adivinaba pletórica de éxito y de fama dentro de lo que sería la generación del 27.

Pedro Liébana Collado

 

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